Por: Luis Fernández
La escalada de los conflictos y las guerras
en el mundo, como fruto de la incapacidad
y falta de voluntad política, de una
comunidad internacional cada vez más
alejada del compromiso con el respeto al
derecho internacional y una real
convivencia pacifica de las naciones, está
llevando a la humanidad a una grave
situación de inseguridad alimentaria, que
está profundizando la pobreza en el mundo.
Esta alarmante situación está afectando a
millones de personas que ven como aumenta el hambre en el
planeta, mientras se vive en un mundo con avances tecnológicos sin
precedentes, con capacidad para producir alimentos para toda la
población del globo, lo que es una manifestación de profundas
desigualdades estructurales en el sistema internacional, lo que golpea
con mayor fuerza a los países mas vulnerables.
Esta situación de conflictos, guerras y agresiones permanentes, de
naciones que solo persiguen apoderarse de los recursos naturales de
otros países, han llevado a los máximos responsables del Fondo
Monetario Internacional (FMI), el grupo del Banco Mundial (BM) y el
Programa Mundial de Alimentos (PMA), a alertar de que la guerra
contra Irán va a conducir,” inevitablemente a un encarecimiento de
los comestibles y a una mayor inseguridad alimentaria global”.
En un comunicado conjunto hecho público el pasado 8 de abril, la
directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva; el presidente del BM,
Ajay Banga, y la directora ejecutiva del PMA, Cindy McCain,
subrayaron que el conflicto ya provocó una de las mayores
perturbaciones en los mercados energéticos mundiales de la historia
moderna, según divulgó el portal financiero Investing.com.
Los fuertes aumentos en los precios del petróleo, el gas y los
fertilizantes, sumados a los cuellos de botella en el transporte,
conducirán inevitablemente a un alza en los precios de los alimentos
y a la inseguridad alimentaria, aseguró el texto, en referencia al
cierre parcial del estrecho de Ormuz, por donde transita parte
importante de los hidrocarburos del mundo.
Existe desde tiempos inmemoriales una estrecha relación entre
guerras, conflictos y crisis alimentarias, lo que ha pasado en esta
época a tener conexiones globales, donde un problema generado en
una región puede generar inseguridad alimentaria a miles de
kilómetros de distancia y es que la guerra no solo destruye vidas y
territorios, sino sistemas productivos, lo que la convierte en motor de
hambre en el mundo.
Los riesgos de una gran crisis alimentaria para la humanidad vienen
directamente de la codicia y el afán desmedido de hacer riqueza sin
control alguno de un capitalismo salvaje, que ha generado profundas
distorsiones y ha desplazado valores fundamentales, como la
equidad, la dignidad humana y el bienestar colectivo, de una
humanidad digna de mejor suerte.
La creciente concentración de riqueza en una pequeña élite, lo que
está generando es que millones de personas carezcan de acceso a
necesidades básicas, aumento de pobreza y desigualdad para la
mayoría de la población mundial y una gran brecha económica, social
y política, en la que el mercado debilita y finalmente sustituye al
estado reduciendo su capacidad, como garante de los derechos
básicos.
De ese insaciable capitalismo salvaje se desprenden todas las guerras
y conflictos actuales del mundo y es lo que está llevando a la
humanidad a una creciente y critica inseguridad alimentaria,
desplazamientos masivos, crisis humanitarias prolongadas y
desaceleración económica, lo que está profundizando la
vulnerabilidad de millones de seres humanos.
Es esta grave situacion la que nos tiene que poner a pensar que
mundo estamos construyendo, si el de que la abundancia sea para
unos pocos y una herida abierta para la humanidad y que los
alimentos dependan de la geopolítica y las guerras, sino por el
contrario la necesidad urgente de otro mas equilibrado, con justicia,
paz, equidad, inclusión y dignidad humana.
En esta grave amenaza contra la seguridad alimentaria global, el
papel del estado es fundamental, orientado al bien común actuando
como garante de derechos y regulador del mercado, un estado fuerte
y transparente puede corregir desigualdades y promover políticas
públicas que aseguren condiciones de vida dignas, transformación
institucional y conciencia social.
Basta ya a las naciones que pretenden mediante la aplicación de un
capitalismo salvaje, criminal e inhumano, que profundiza la
vulnerabilidad de millones de personas, someter a la humanidad a
graves situaciones de inseguridad alimentaria, lo que es un atentado
fruto de decisiones, omisiones y estructuras que vulneran de manera
grosera el derecho fundamental a la alimentación, que como siempre
recae sobre las poblaciones mas vulnerables del mundo.
Luis Fernández, Analista Político y escritor
10/4/26
Santo Domingo R.D.
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