TEMPERAR EL MUNDO;
DEBER DE CUIDADO
“Nuestro mejor vivir es aquel que nos implica conjuntamente, corazón a corazón, en el respeto y en el tacto por salvaguardar los derechos humanos. Por ello, algo que tenemos que tener siempre en cuenta, es que no se accede a lo auténtico sino a través de la entrega generosa, sabiendo que donde no hay apego por el análogo tampoco puede haber justicia”.
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Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor
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En este momento, en el que proliferan multitud de angustias e incertidumbres, nos toca poner calma y acoger el don de la esperanza en nuestro vivir existencial. Estos síntomas de desorden revelan una enfermedad social en un mundo globalizado que demanda el deber de consideración, sobre todo en aquellos seres más indefensos, entre los que están los niños a los que hay que proteger contra el maltrato, la explotación y la trata de persona, al igual que a nuestros mayores, que teniendo en cuenta que superarán en número a los menores de dieciocho años muy pronto, las políticas deben garantizar un acceso equitativo a las prestaciones de jubilación, abordando las necesidades sanitarias específicas de cada sexo, reforzando los sistemas de apoyo social para aliviar la carga de las atenciones.
Debemos entrar en sanación con todo, también con la naturaleza y la economía. En este sentido, la diversidad biológica es crucial para la salud humana, el suministro de alimentos, el transporte y las actividades económicas que generan empleo, como la pesca y el turismo. Evidentemente, los humedales son vitales para la supervivencia y para nuestro clima, proporcionando servicios ecosistémicos esenciales como la regulación del agua, incluyendo el control de las inundaciones y la purificación del agua. No olvidemos que una octava parte de la población terrestre, que viven en zonas rurales y urbanas de todo el orbe, dependen de los lodazales como medio de sostenimiento y desarrollo.
El fruto de un crecimiento económico ilícito, en parte se debe a que se prescinde de los valores humanos fundamentales, ocasionando afluencia de daños infringidos a la casa común. ¡Es una inmoralidad que clama al cielo! Ante esta grave situación dominadora, tampoco podemos quedar indiferentes. El degrado ambiental de querer poseer y subyugar la naturaleza, es cruel. Cada pueblo puede tomar de la bondad de la tierra lo que necesita para su estabilidad vivencial, pero también tiene la obligación de protegerla y ampararla. No podemos deshumanizarnos, somos seres sociales, creativos y solidarios, con una inmensa capacidad de amar. El amor todo lo alcanza y percibe. Ahí radica la sanación, en activar la valía y no el dinero como valor, pues todo lo mercantiliza.
Desde luego, no somos seres adoquinados, entonces realmente podremos inspirar ilusión para regenerar una atmósfera más sana y justa. Algunos dirán que, como individuos, no podemos hacer mucho. Es cierto, pero cada uno puede ser una gota que, unida a muchas gotas, puede convertirse en un mar. No hay que tener miedo a nada, jamás miremos hacia otro lado, cuando veamos la multitud de esclavos que transitan por nuestros ojos cada día. Nuestro mejor vivir es aquel que nos implica conjuntamente, corazón a corazón, en el respeto y en el tacto por salvaguardar los derechos humanos. Por ello, algo que tenemos que tener siempre en cuenta, es que no se accede a lo auténtico sino a través de la entrega generosa, sabiendo que donde no hay apego por el análogo tampoco puede haber justicia.
Sin duda, no hay mejor cuidado que cuidarse de la ambición, ya que únicamente quien sabe custodiarse a sí mismo, sabe quererse y sabe velar lo ajeno como si fuese propio. En efecto, nuestro tránsito por aquí abajo es dar vida, como un derecho natural que es; no la muerte, que debe ser acogida, nunca suministrada. Preservar la fragilidad de los entornos y de las gentes, significa batallar y hacerse cargo, defendiendo la identidad de toda pulsación viviente, ante tantas violaciones y violencias que nos sobrecogen en cualquier esquina. Así las cosas, y deseando avivar una sanación celeste, tenemos que comenzar por aprender a reprendernos, cada cual consigo mismo, haciendo todo lo posible por mantener una actitud valiente, promoviendo espacios de diálogo para atendernos y entendernos.
Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor
28 de enero de 2026.-
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