Dr. Isaías Ramos.
La ceguera moral y espiritual es uno de los enemigos más grandes del progreso de los pueblos. Nuestra nación desdichadamente por más de dos décadas y medias ha estado dirigida por unos politiqueros carentes de esa conciencia moral y espiritual que requieren los pueblos para no terminar en el abismo de la oscuridad que nos presagia el destino de continuar dando tumbes a ciegas con los mismos actores que nos han metido en este enorme hoyo.
Han logrado envilecer a toda la población a través de la perversión de los vicios, promoviendo los antivalores, llevando la miseria económica, y la falta de oportunidades a todos los rincones del país, acarreando un desastre social sin precedentes en nuestra historia.
Han implementado una dictadura de corte clientelista que se alimenta de su propia miseria y que resulta imperceptible para el pueblo al cual oprimen, que lo dirigen de manera inexorable a un modo de esclavitud moderna resultando mucho peor que aquella que vivieron nuestros ancestros.
Resulta hasta interesante observar el comportamiento de los actores políticos que nos han llevado a este caos social. Hablan con altivez, gesticulan como grandes señores como si su público fuera gente sin cerebro, carente de racionalidad.
Pareciera que es un acto inconsciente para acallar su propia conciencia: mintiendo más, engañando más, manipulando más. O que están muy seguros que los poderes fácticos que los sustentan serán eternos, o muy seguros de que la justicia nunca los alcanzará por lo que no tendrán que rendir cuentas jamás, y por último que sus fortunas mal habidas son escudo para su futuro.
Actores políticos que despilfarraron un estado relativamente rico con enormes empresas públicas, un patrimonio de miles y miles millones de dólares y una deuda pública por debajo de los 4 mil millones de dólares.
Hoy nuestro patrimonio público se reduce a nada, pues, la deuda per capital es prácticamente similar al stock de capital físico público, en otras palabras el valor total de los activos públicos es del mismo orden que las deudas públicas, de modo que el patrimonio público neto es casi nulo. Es grave la situación para el pueblo convivir con una élite político económica que halla sido capaz de destruir en dos décadas y medias todo el capital acumulado durante 178 años.
Han vendido y sacrificado las presentes y futuras generaciones sin intención de rendirles cuenta en ninguna circunstancia. Como resultado hoy la población sufre una inseguridad ciudadana que los mantiene presos en sus propias casas. La falta de creación de oportunidades es muy obvia donde cerca de un millón de jóvenes ni estudia, ni trabaja. La corrupción se convirtió en la reina de todos los estamentos burocráticos del estado con una justicia secuestrada que les garantiza la impunidad.
La educación la ignoraron porque era mejor “pagar para no matar». La salud, la seguridad social y el sector energético lo convirtieron en un caos. Excusa necesaria para privatizarlas y entregarlas en manos de sus amigotes de la oligarquía para que sigan acumulando y concentrando más capital a costa de hundir al pueblo en la miseria. Del campo y la producción agropecuaria se olvidaron, al fin y al cabo son unos “humildes campesinos” que no ameritan ninguna importancia. La juventud se la entregaron por completo a la delincuencia perversa de los vicios, hoy tenemos casi 1.2 millones de consumidores de drogas. Se encargaron de que los vicios los tuvieran asequibles y le inundaron los barrios de banca de apuestas, bebidas alcohólicas, drogas y promoción de antivalores.
Todo está situación me recuerda la pregunta del filósofo vasco Fernando Savater: ¿Sabes cuál es la única obligación que tenemos en esta vida? No ser imbéciles. Y cuanta imbecilidad se ha cometido, principalmente en estas últimas dos décadas y medias, como consecuencia del carácter de estos politiqueros. No ser moralmente imbéciles, es tener conciencia.
Siguiendo al filósofo vasco, podemos deducir que sólo en el quehacer humano se desarrolla la conciencia; así, la conciencia es un hecho, una experiencia, no un acto teórico.
La clave para el pueblo en superar el miedo. El miedo es el elemento que nos impide evolucionar, progresar, salir de la inercia, superar el desasosiego. Es el miedo el que nos conduce a la sumisión y a la degradación moral espiritual.
Otra de las claves es tomar conciencia de que para poder superar la ignorancia, la pobreza, particularmente en las actuales circunstancias que nos toca vivir como pueblo, es necesario interiorizar los principios y valores morales que le dieron origen a nuestra nación y que heredamos de nuestros fundadores basados en honrar a Dios, amar a la patria y defender nuestra libertad.
Es preciso sembrar por los que no siembran, levantar la voz por los que callan, acercarnos a nuestro prójimo, a nuestros vecinos más necesitados, aceptándolos en su condición y mejorarlos para que juntos progresamos. Es así como iremos disolviendo la ira que se acumula por las tantas injusticias y la enorme desigualdad.
Por último, es importante comprender que esos cambios serán imposibles si continuamos actuando de la misma manera como lo hemos hecho hasta ahora. Que es fundamental entender que sólo el pueblo salva al pueblo y que será indispensable vencer a estos actores políticos que han demostrado ser enemigo del pueblo y traidores de la patria y así arrebatarles el poder con el que nos oprimen.
Enviado por Roger Jose Figueroarogerjoseandujar@gmail.com