POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES
Dentro de unos meses se cumplirán 800 años del fallecimiento de San Francisco de Asís, quien vivió en la tierra tan solo 44 años y se convirtió en uno de los hombres que han dejado un ejemplo de bien para la humanidad.
No sólo fundó la orden de los franciscanos y la orden de las Hermanas Clarisas, sino que en sus acciones bienhechoras logró vincular la realidad terrenal con el mensaje que subyace en el relato más antiguo de la Biblia, es decir el Jardín del Edén descrito en el Génesis.
Al aproximarse ocho centurias de la muerte de ese personaje que trasciende las paredes eclesiásticas, el sacerdote capuchino dominicano fray Santiago Bautista Guerrero ha escrito un libro que dentro de poco tendrá un lugar importante en la amplia bibliografía sobre El Pobrecillo de Asís, como también se conoce a ese emblemático personaje del santoral católico.
Bautista Guerrero señala con la fuerza de un axioma que “la figura de San Francisco es quizás el referente histórico más potente cuando hablamos de la fraternidad universal”. Es un juicio firme y valedero. Es cónsono con las reflexiones contenidas en el “Cántico de las Criaturas”, compuesto por San Francisco de Asís meses antes de su muerte, en el cual describe un torrente de verdades sin arrogancia ni ostentación.
En el año 2000 el entonces papa Juan Pablo II lo declaró patrono del milenio y de los ecologistas. Fue una decisión bien pensada y mejor tomada si se analizan los hechos concernidos al homenajeado que llamaba hermanos a los seres humanos, los animales y las plantas. A través de los siglos algunos situados en la superficie de los conceptos, gestos y acciones no han comprendido esa triple vinculación que hacía el santo de Asís.
Los hechos y mensajes de ese esplendente hombre nacido en el 1182 en el seno de una familia rica del centro de Italia, que decidió alejar de sí las comodidades materiales que el dinero proporciona para llevar una vida más que frugal, son correctamente definidos por fray Santiago Bautista Guerrero, en la obra a publicarse. El consagrado sanjuanero dice de él que es “un manifiesto radical de humanidad”, al tiempo que lo sitúa ante “la mirada cambiante del siglo XXI”.
En la nueva creación ensayística de ese eminente sacerdote dominicano se demuestra de manera clara que los propósitos que animaron a San Francisco de Asís se mantienen intactos, al conjugar el remoto pasado de sus prédicas en conventos, caminos y plazas públicas con la proyección informativa de hoy, mediante la alta tecnología.
Lo precedente sólo es posible porque esa personalidad que vino al mundo en una colina de la pequeña ciudad de Asís, en Perugia, zona de Umbría, Italia, fue un revolucionario que asombró a sus contemporáneos por su extraordinaria generosidad, desde la cual logró romper moldes sociales, económicos e ideológicos que estaban petrificados.
El eminente teólogo, filósofo, ecologista y exsacerdote franciscano brasileño Leonardo Boff publicó en el 1982 una de las obras más completa, por la profundidad de su contenido, sobre San Francisco de Asís. La subtituló “ternura y vigor”.
Pero a lo que voy ahora es a decir que ese conocido escritor sudamericano se refirió el 4 de octubre del 2015 a el Poverello así: “Aunque haya vivido hace más de 800 años, él es nuevo; nosotros somos viejos; pues él consiguió lo que nosotros difícilmente alcanzamos: relacionarnos con todas las cosas…”
Al consultar muchas de las biografías de San Francisco de Asís hay que ponerse de acuerdo con fray Santiago Bautista Guerrero cuando se niega a limitar su existencia a la de “…un personaje tierno que sólo hablaba con animales, aves, lobos…” Se puede decir sin temor a equivocación que era como un imán que buscaba a los seres humanos más vulnerables para animarlos a no dejarse abatir por su condición.
Fray Santiago Bautista Guerrero, que es un biblista de gran calado, expone en su obra aludida las falsedades de algunos autores que se han aventurado a vincular las carencias materiales con la voluntad divina, lo cual es un absurdo, especialmente desde la perspectiva cristiana. Remata el tema, como enseñanza de San Francisco de Asís, que los franciscanos deben “vivir gozosos entre los pobres, débiles y enfermos, al tiempo que compartimos su vida”.
Esa no es una decisión surgida al desgaire, sino la aplicación del legado de su fundador, que les dejó a sus discípulos la instrucción siguiente: “…y deben estar alegres cuando les toca vivir entre personas de bajo rango y despreciadas, entre pobres y débiles, entre enfermos y leprosos y entre los mendigos de los caminos”.
San Francisco de Asís, con su mansedumbre y serenidad interior, contribuyó grandemente a modificar el pensamiento de su época, que estaba dominado por una tendencia cerrada a no permitir cambios de ningún tipo en la sociedad.
El libro de fray Santiago también contiene una rica y amplia descripción del papel desempeñado por los franciscanos capuchinos en la República Dominicana, desde que por peticiones reiteradas del arzobispo metropolitano de Santo Domingo monseñor Adolfo A. Nouel llegaron como orden religiosa aquí el 6 de agosto de 1909 hasta el presente. A partir del 2006 los capuchinos que operan en el país tienen la condición jerárquica de una viceprovincia.
Aunque es pertinente agregar que desde el segundo viaje de Cristóbal Colón a América hay presencia de franciscanos en la isla de Santo Domingo, pues se hizo acompañar (1493) por los frailes Juan Borgoñón, Rodrigo Pérez y Juan Tisón.
El libro de fray Santiago Bautista Guerrero, aunque todavía no se ha publicado, permite recordar que San Francisco de Asís es uno de los personajes más citados y analizados por las mentes más lúcidas, especializadas o no en hagiografías, porque su vida trasciende el catolicismo y se interna en los horizontes del ecumenismo.
Así tenía que ser porque el también llamado “santo de la paz” fue una persona sobresaliente en los lugares donde estuvo y lo sigue siendo en muchas partes del mundo desde su muerte, ocurrida la tarde del 3 de octubre del 1226, hasta hoy.
El papa Francisco lo definió como “hombre de paz y pobreza, que ama y celebra la creación”. El papa Paulo VI, a su vez, se refirió a él como portador de la “vestidura de la humanidad…maestro de la sabiduría.”
El arzobispo franciscano de Oviedo, la capital de Asturias, Jesús Sanz Montes, que acompaña su báculo con la condición de teólogo, dijo que San Francisco de Asís “no se puede quedar en una referencia lejana y obsoleta…trasciende los tiempos de nuestras épocas y los domicilios de nuestras encrucijadas…”
Es evidente que el también políglota Sanz Montes recorrió el pensamiento del filósofo alemán experto en antropología filosófica Max Scheler, fallecido en 1928, quien escribió con contundencia esta desbordante verdad: “San Francisco es el prototipo occidental de la razón cordial y emocional, cosa que posteriormente fue relegada al margen.”
La obra del dominicano fray Santiago Bautista Guerrero (que cuando sea de lugar tendrán a su disposición los lectores), basada en la vida de San Francisco de Asís, con capítulos dedicados a la orden formada por él y con detalles importantes sobre la misión en la República Dominicana; es una prueba de que él no se ha limitado a custodiar el secreto del confesionario, sino que se ha proyectado en la búsqueda del “desarrollo de la acción humana”, tal y como explicó en 1967, en uno de sus impactantes ensayos, con mezcla de teología, antropología y peso literario, el sabio Pierre Teilhard de Chardin.
teofilo lappot