13,03,12
«¿Somos o nos estamos convirtiendo en una sociedad enferma? ¿En una horda intolerante, salvaje, irracional,despojada de toda capacidad de convivir
civilizadamente, de todo sentido de humanidad?
El tema no lo reflejan las encuestas, pero nos lo plantea la
realidad de cada día. Vale la pena ponerle asunto»
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Tanto la encuesta Greenberg como la Gallup que arrancaron de manera coincidente y que también de manera coincidente arrojan resultados muy similares, muestran que el auge de la criminalidad completa junto con el costo de la vida y el desempleo, el trío de situaciones que originan mayor preocupación en la mayoría de los ciudadanos. Hay razones de sobra para ello.
Parte realidad, parte percepción, lo cierto es que hay una sensación cada vez más arraigada de inseguridad en la sociedad. Mucha gente sale a la calle con temor a ser víctima de una fechoría. Otros limitan sus salidas a lo más indispensable. Los desplazamientos nocturnos son ejercicio vedado para una gran cantidad de ciudadanos. De nada vale frente a esta situación, esgrimir cifras comparativas, por más que reales, de la situación mucho peor que prevalece en otros países de la región, verbigracia México, Honduras o Guatemala, ni que decir Haití y la misma Puerto Rico. Mal ajeno, aún mucho mayor, no consuela el propio.
No pasa un solo día sin que la llamada «crónica roja» comparta sin disputa los titulares de portada en la prensa nacional. Las informaciones, en muchos casos, ofrecen detalles espeluznantes, modalidades de crimen que eran impensables diez, quince años atrás. Niveles de crueldad y de enseñamiento que nos llevan a pensar que nos estamos volviendo un país de seres irracionales, insensibles y sádicos, capaces de los mayores salvajismos.
Cierto que hoy tenemos como elementos agravantes el flagelo del narcotráfico y el crimen organizado, donde las disputas por el control de los negocios se saldan de la forma más violenta; los ajustes de cuentas, los secuestros y las ejecuciones son frecuentes en ese escenario.
Y para remate, el refuerzo que periódicamente nos remesan los Estados Unidos de dominicanos que han cumplido largas penas de prisión por todo género de crímenes graves, desde violaciones hasta asesinatos, sobre los cuales es más que difícil, ilusorio poder mantener un control de seguimiento para establecer su conducta posterior.
Es altamente preocupante. Pero mucho más resulta, tal como hemos señalado en otras ocasiones, la violencia social, la que producimos los ciudadanos sin antecedentes ni expediente criminal, que ha ido tan en alza que ya supera la del crimen organizado y el delito corriente. Estos llaman más la atención, pero aquella es más numerosa. Las cifras no mienten. Están ahí, aunque no reparemos en ellas.
Un buen ejemplo son los feminicidios. Este año vamos a mayor ritmo que el anterior. De seguir a este paso, es seguro que superemos la cifra más alta anterior. Y no es solo el hecho de que un amante despechado o un machista de violencia innata agravada por el exceso de alcohol o la ingestión de drogas cometan un crimen, sino también el especial ensañamiento con que lo llevan a cabo. Ya no basta en muchos casos con asesinar la pareja que se niega a reanudar una relación basada en el servilismo, la humillación y el constante abuso físico, mental y moral. Es preciso hacerlo en la forma más cruel. Sádica. Con detalles que producen asco, ira irrefrenable e impotencia. Y volvemos a preguntarnos una y otra vez, con dolorosa insistencia, en qué nos estamos convirtiendo, hasta qué punto de degradación iremos descendiendo en la escala animal.
¿Somos o nos estamos convirtiendo en una sociedad enferma? ¿En una horda intolerante, salvaje, irracional, despojada de toda capacidad de convivencia civilizada, de todo sentimiento de humanidad? El problema no lo reflejan las encuestas, pero nos lo está planteando la realidad que vivimos día por día. Vale la pena ponerle asunto.
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TELEDEBATE. Telefuturo. Canal 23. teledebate@hotmail.com
2012-03-14 16:10:52