EL TIRO FAPIDO
Mario Rivadulla
Todo parece indicar que las oraciones a la Altagracia una vez más surtieron efecto. Cuando nos preparábamos para recibir el fuerte impacto de Chantal, este quedó prácticamente reducido a intensos aguaceros. Algo así como un ciclón buchipluma, que ocasionó solo un muerto, lo que es siempre lamentable pero que no le concede al evento categoría de catastrófico. Aunque el exceso de agua celestial también conlleva sus riesgos, sobre todo para quienes residen en las márgenes de ríos, arroyos y cañadas así como en las laderas de lomas y montañas, en muchos casos desafiando la ley de gravedad, siempre las víctimas y pérdidas materiales resultarían mucho mayores si hubiéramos tenido que soportar la embestida de los vientos huracanados con toda su fuerza.
Para el presidente Danilo Medina, Chantal ha sido no solo la primera tormenta de la temporada sino también su prueba de estreno como cabeza del gobierno frente a fenómenos de esta naturaleza. Es estimulante comprobar cómo el mandatario entendió la importancia de su liderazgo y orientación ante esta situación, asumiendo de inmediato la dirección personal de las labores de prevención y socorro.
Los distintos ministerios y organismos relacionados fueron puestos en alerta y movilizados con rapidez para atender sus respectivas tareas frente a la emergencia creada por el fenómeno atmosférico.
El departamento de Meteorología, que dirige la ingeniera Olga Ceballos, trabajó con la diligencia y precisión necesarias y ya habituales, ofreciendo con la frecuencia requerida los boletines sobre el comportamiento de Chantal y dando seguimiento riguroso a su curso.
En cuanto al Centro de Operaciones de Emergencia, el COI, bajo la experimentada conducción del general Juan Manuel Méndez, una vez más volvió a evidenciar el alto nivel de eficiencia que ha ido desarrollando en sus importantes tareas de prevención y auxilio cada vez con mayor éxito.
Falta eso sí y quedó demostrado una vez más también, un mayor grado de asimilación de riesgos y cooperación por parte de núcleos de población más vulnerables, que desoyen las advertencias y hacer resistencia a ser evacuados de sitios de alto riesgo para preservar su seguridad y sus vidas.
Como ejemplo a la vista, copia al carbón de muchos otros en todo el país, pudiera tomarse el caso de La Barquita, donde en situaciones como ésta se torna mucho más frágil la frontera que separa la vida de la muerte. Pese a las alertas, a la crecida del Isabela y el Ozama y a la débil estructura de sus viviendas prefieren permanecer aferrados a sus ajuares para evitar su pérdida, aún a costa de poner en grave riesgo su existencia.
De oportuna ocasión resulta llamar la atención sobre quejas de los moradores alegando que no recibieron la debida asistencia de las autoridades y sobre la necesidad de agilizar el anunciado plan gubernamental de hacer desaparecer esa vergonzosa estampa de miseria y marginalidad, reubicando a sus moradores en una nueva comunidad habitable, de vida decente y segura.
Chantal quedará atrás en el recuerdo de una tragedia que pudo haber sido y por suerte no llegó a ser al menos en la medida esperada. Pero no hay que descuidarse Apenas hemos recorrido un escaso trecho de la temporada ciclónica, donde se prevén varios huracanes más de intensidad aunque sin destino cierto.
Bajo la sabia premisa de que es mejor prever que lamentar, resulta recomendable no bajar la guardia y estar mental y materialmente preparados para hacer frente a cualquier nueva contingencia que nos pueda reservar la Naturaleza.
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2013-07-12 12:58:32