Entre sus obras figuran las novelas históricas: «La Independencia Efímera», 1938, «La Conspiración de los Alcarrizos», 1941, «El Arzobispo Valera», 1944 y «El Ideal de Los Trinitarios».
Por Héctor Tineo N
Diariodominicano.com
SANTO DOMINGO, el 23 de enero de 1968, murió en la ciudad de Santo Domingo, el historiador y diplomático Max Henríquez Ureña, quien había nacido en la ciudad de Santo Domingo, Distrito Nacional, en el año 1885.
Entre sus obras figuran las novelas históricas: «La Independencia Efímera», 1938, «La Conspiración de los Alcarrizos», 1941, «El Arzobispo Valera», 1944 y «El Ideal de Los Trinitarios».
Max Henríquez Ureña también escribió la obra «Panorama Histórico de la Literatura Dominicana» y otros trabajos literarios.
Max Henríquez Ureña, era hermano del humanista Pedro Henríquez Ureña y la profesora Camila Henríquez Ureña. Fueron sus padres la educadora Salomé Ureña y el médico Francisco Henríquez y Carvajal.
De vida y obra
La periodista e historiadora Ángela Peña, en un trabajo que publicó el 1 de Agosto de 2004, en el diario Hoy, titulado: Max Henríquez Ureña, recordado por notables ensayos y su obra literaria y educativa, inicia con la opinión del historiador Bernardo Vega, quien sostiene la idea de que Haber colaborado con el régimen de Trujillo no invalida el que Max Henríquez Ureña haya merecido el reconocimiento póstumo con la designación de una calle en su honor porque, ni en su función diplomática, que fue breve, ni en su obra literaria y educativa, el notable ensayista, crítico literario y narrador se vio involucrado en hechos de sangre. Tampoco aprovechó los cargos en el exterior para delatar las actividades del exilio antitrujillista, como era práctica de esos enviados.
A continuación el resto del contenido de la historia de Ángela Peña:
Si la razón para negarle esta distinción es haber sido diplomático al servicio de Trujillo, entonces también habría que estar en contra de que haya vías con los nombres de Héctor Incháustegui Cabral, Osvaldo Bazil, Tomás Hernández Franco, ente otros, porque lo fueron, aduce el distinguido historiador quien conoció al brillante académico a los diecisiete años de edad cuando cargaba sus libros y escuchaba sus cátedras en una universidad católica de La Habana, en 1955. Posteriormente estuvo vinculado al escritor cuando ya en la ancianidad y tras la caída de la dictadura, le visitó en el país, en la casa de su hermano Sócrates Nolasco, donde Henríquez Ureña se hospedaba, para convencerlo de que asistiera a la UASD a escuchar una conferencia del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Felipe Herrera.
“Me dijo que tenía muchas dudas de ir ahí porque era un ambiente de cientos de estudiantes que lo iban a abuchear por su participación en el gobierno de Trujillo. Le dije que tan solo los muy viejos sabían que él había sido canciller de Trujillo y que había desempeñado algunos cargos en el exterior, que no le iba a afectar frente a esa juventud que entonces sólo discutía asuntos contemporáneos. Lo llevé a la primera fila, se lo presenté al rector, Julio César Castaños Espaillat, le dio un gran abrazo y después de la disertación de Felipe Herrera anunció que Max estaba entre el público y todos lo aplaudieron. Se le salieron las lágrimas pues no esperaba esta reacción”.
Para esa época, Vega lo recuerda mulato, de un pelo blanco brilloso, con dificultades para ver, por lo que usaba gruesos espejuelos. “Hablaba lento, pausado. En las cátedras que daba en La Habana se jactaba de su dominicanidad, de haber nacido en Santo Domingo. No era una persona que levantaba la voz en discusiones, era tranquilo.
LOS HENRÍQUEZ Y TRUJILLO
La adhesión de Max Henríquez Ureña al régimen de Trujillo, refiere Bernardo Vega, se inició en 1930, luego de la familia haber jugado un papel trascendente de la defensa nacionalista durante la ocupación militar norteamericana de 1916 a 1924, con Francisco Henríquez y Carvajal, el padre de Max, a la cabeza. Los Henríquez fueron también enemigos políticos de Horacio Vásquez, refiere, sobre todo por sus afanes reelecionistas. “Estuvieron fuera de la administración pública durante los seis años de Horacio y obviamente en la intervención, eso tal vez puede explicar las razones por las cuales, al acceder Trujillo al poder en 1930, aceptaran cargos, como otros destacados nacionalistas. Francisco Henríquez y Carvajal fue ministro en Puerto Príncipe, Federico Henríquez y Carvajal fue rector de la UASD, Max fue canciller al caer en desgracia Estrella Ureña, y logra que varios de sus familiares tengan cargos en el exterior”, relata el historiador.
Fue primero Superintendente General de Enseñanza y más tarde enviado a París, Londres, Ginebra, Lisboa, La Habana, Buenos Aires. Según Bernardo Vega, ya en los años 40 dejó de aceptar posiciones a Trujillo y no hace ninguna declaración pública de alabanza, aunque tampoco participa en actividades del exilio opositor a Trujillo. Antes de su retiro, sin embargo, estuvo cabildeando ante personalidades cubanas, defendiendo a Trujillo de las acusaciones frente a la matanza de los haitianos de 1937, dice.
En los informes recogidos por Vega hay un reporte que ubica a Max en México, donde le ordenó Trujillo que acudiera a fin de influir en el gobierno mexicano, que era parte de los países de la Unión Panamericana que negociaba el caso con los Estados Unidos. “De paso hacia México fue a Washington donde se reunió con Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, Andrés Pastoriza y Julio Ortega Frier, que estaban en esas negociaciones. Para mí, fue la última misión importante de Max.
En 1955 Bernardo Vega lo encontró dedicado a la educación superior y los chismes de alabarderos del régimen lo involucraban en actividades contra Trujillo, lo cual no era cierto. Don Julio Vega Batlle, que era embajador de Trujillo en Cuba, lo salvó de este falso rumor cuando le invitó a acudir a la legación, dos días a la semana, para procurar a su hijo Bernardo y dejar la impresión de que acudía a ofrecer informes. “Era una forma de mi papá defenderlo de cualquier ataque político que se le hiciera. De ahí nació nuestra amistad. Él revisó algunos textos y poemas que yo había escrito en La Salle.
Para el reputado historiador y economista “Max Henríquez Ureña vivió un gran dilema que tiene que haberle costado mucha amargura porque él residió, a partir de 1931, prácticamente en el extranjero, sobre todo en Cuba donde había familia de él exiliada antitrujillista y se pronunciaba contra Trujillo, eran parientes y me imagino que se juntaban socialmente y exponían esa gran diferencia política”.
Pero el prolífico investigador del pasado no es un crítico del trujillismo de Max. Al respecto comenta: “Yo cuestiono el trujillismo de Max como cuestiono el de todos los intelectuales del trujillismo, incluyendo a mi padre”.
MAX HENRÍQUEZ UREÑA
Nació en Santo Domingo el quince de noviembre de 1885, hijo de Salomé Ureña y de Francisco Henríquez y Carvajal. Recibió una formación básicamente familiar, como su hermano Pedro, que completó fuera del país, específicamente en Nueva York y Cuba donde completó su educación profesional. Las actividades diplomáticas le permitieron realizar un extenso trabajo literario que abarcó narrativa, historia, poesía, crítica.
Publicó, entre otros libros, Episodios Dominicanos,. Cuentos insulares, cuadros de la vida cubana, Whistler y Rodín, Tres poetas de la música: Schumann, Chopin, Grieg, Rodó y Rubén Darío, La combinación diplomática, El ocaso del dogmatismo literario, Los Estados Unidos y la República Dominicana, Discursos y conferencias, primera serie: prédicas de idealismo y esperanzas, El intercambio de influencias literarias entre España y América y Programa de gramática castellana, primer curso.
También Tablas cronológicas de la literatura cubana, Tratado elemental de música. El retorno de los galeones, bocetos hispánicos, Reseña histórica sobre Santiago de Cub,. La Liga de las Naciones Americanas y la Conferencia de Buenos Aires, Veinte cuentos de autores dominicanos, Pedro Henríquez Ureña (antología), Páginas escogidas de José Martí, Ánforas, Fosforescencias, Panorama histórico de la literatura dominicana y alrededor de veinte títulos más.
En diciembre de 1914 casó en Santiago de Cuba con Guarina Lora Yero, de quien recuerda Bernardo Vega que era sorda, con quien procreó dos hijos: Hernando y Leonardo, nacidos el veinticuatro de octubre de 1915 y el tres de mayo de 1919, respectivamente.
Max falleció el veintitrés de enero de 1968 tras haber sufrido un golpe luego de una caída al bajar las escaleras de la casa de su hermano Sócrates Nolasco.
La Calle Max Henríquez Ureña, que inicialmente estaba comprendida entre las avenidas Tiradentes, donde nace, y Winston Churchill, en el ensanche Piantini, se ha extendido a la par con el crecimiento de la ciudad de Santo Domingo.
2016-01-23 06:59:40