El auto que conducía chocó con un camión, en un suceso ocurrido en la madrugada en la avenida Georges Washington, frente al Banco Agrícola.
Por Héctor Tineo N
Diariodominicano.com
SANTO DOMINGO, el 20 de diciembre de 1972, murió en un accidente de tránsito en la avenida George Washington, en la ciudad de Santo Domingo, el poeta, cuentista y publicista, René del Risco Bermúdez.
El auto que conducía chocó con un camión, en un suceso ocurrido en la madrugada en la avenida Georges Washington, frente al Banco Agrícola.
En la nota que le dedica a René del Risco Bermúdez, nacido en el año 1937, en San Pedro de Macorís, Margarita Vallejo de Paredes, en «Antología Literaria Dominicana» anota:
«René del Risco Bermúdez nació en San Pedro de Macorís. Comenzó muy joven sus actividades literarias. Nacido en el seno de una familia de intelectuales escribió las primeras poesías en su ciudad natal donde era muy querido por sus compañeros de estudios».
En la ciudad de Santo Domingo, con otros jóvenes de la «Generación del 60» fundó en el año 1966 el grupo literario «El Puño».
Entre las obras de René del Risco Bermúdez sobresalen «El Viento Frío» y el cuento «Ahora que vuelvo Ton».
EL VIENTO FRÍO
Debo saludar la tarde desde lo alto,
poner mis palabras del lado de la vida
y confundirme con los hombres
por calles en donde empieza a caer la noche.
Debo buscar la sonrisa de mis camaradas
y tocar en el hombro a una mujer
que lee revistas mordiendo un cigarrillo;
ya no es hora de contar sordas historias
episodios de irremediable llanto,
todo perdido, terminado.
Ahora estamos frente a otro tiempo
del que no podemos salir hacia atrás,
estamos frente a las voces y las risas,
alguien alza en sus brazos a un niño,
otros hay que destapan botellas
o buscan entretenidamente alguna dirección,
una calle, una casa pintada de verde
con balcones hacia el mar…
Debo buscar a los demás,
a la muchacha que cruza la ciudad
con extraños perfumes en los labios,
al hombre que hace vasijas de metal,
a los que van amargamente alegre a las fiestas.
Debo saludar a los camaradas indiferentes
y a los que viajan hacia otra parte del mundo,
porque todo ha cambiado de repente
y se ha extinguido la pequeña llama
que un instante nos azotó,
quemó las manos de alguien, el cabello,
la cabeza de alguien.
Ahora se acaban aquellas palabras,
se harán ceniza del corazón,
se quedarán para uno mismo…
Es hermoso ahora besar la espalda de la esposa,
la muchacha vistiéndose en un edificio cercano,
el viento frío que acerca su hocico suave
a las paredes,
que toca la nariz, que entra en nosotros
y sigue lentamente por la calle,
por toda la ciudad…
René del Risco Bermúdez
2014-12-20 04:38:46