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EL CUATRO POR CIENTO

Han debido transcurrir quince años y tres gestiones y media de gobierno para que al fin, la ley aprobada en 1997 estableciendo el cuatro por ciento del Producto Interno Bruto para la Educación se convierta en realidad. Con independencia de otras posibles consideraciones respecto a su monto, distribución y viabilidad, el proyecto de presupuesto para el año 2013 elaborado por los técnicos del gobierno lo han incluido.

Una partida de más de 90 mil millones de pesos, muy superior a todos los recursos que hasta ahora se han dedicado a elevar la calidad de la docencia en el país. Además de la enseñanza básica, también la UASD recibirá una mayor dotación de recursos. Falta ahora solo la aprobación del Congreso, pero es muy de dudar que al menos esa vital, reclamada y esperada partida sea modificada, tan solo en todo caso para tratar de mejorarla.

Sin dudas un triunfo para el movimiento que vestido de amarillo hizo causa común por el cuatro por ciento, más exitoso aún que el que anteriormente impidió el establecimiento de una industria cementera en la comunidad de Gonzalo, próxima a Los Haitises que, según advirtieron ecologistas nuestros y confirmaron luego los técnicos contratados a la ONU, hubiera impactado negativamente esa invaluable reserva forestal y ecológica.

También lo es para el Presidente Danilo Medina en la medida en que hace realidad el compromiso que asumió durante la campaña y que rubricó en acto solemne con los restantes aspirantes a la Primera Magistratura, en la Universidad Católica Madre y Maestra.

El reto pasa ahora a las autoridades educativas que tendrán a su cargo la administración y dedicación de este volumen incrementado de recursos para propiciar en el país una docencia de calidad. Este es el punto fundamental. Lo hemos señalado muchas veces. Se insistió en que para mejorar la educación hacía falta destinarle un mucho mayor presupuesto, simplemente el establecido en la incumplida ley. Pero de nada vale ese incremento si la cosecha que recogeremos no apunta hacia unos estándares adecuados de eficiencia, que nos libere del bochorno de ser reiteradamente los últimos en las diferentes mediciones regionales que se han llevado a cabo.

Bien por la construcción de esas 29 mil aulas que se propone el gobierno para que no quede un solo niño y adolescente sin posibilidad de recibir el pan de la enseñanza. Bien igualmente, porque esas aulas sean debidamente dotadas de los medios de apoyo para lograrlo. Pero hay que insistir en la formación de los profesores. La única forma de lograr alumnos preparados es disponer de maestros que lo estén.

Necesitamos modernizar y dinamizar los métodos de enseñanza. Hacerlos más prácticos. Más acordes con el mundo en que vivimos y la realidad que deberán enfrentar los educandos cuando llegue el momento de aplicar los conocimientos adquiridos. Enseñar sobre todo a pensar, a racionalizar, a enfrentar situaciones no previstas que no aparecen en los libros ni han surgido en el proceso de formación docente y que requieren el uso del pensamiento lógico más que de la memoria. Y tomar en cuenta en los programas de enseñanza la realidad del país, las posibilidades del mercado laboral, las necesidades del desarrollo en términos de recursos humanos calificados.

La lucha por el cuatro por ciento no ha terminado. Recién comienza. Hay que darle seguimiento, apoyo y auditoría a la aplicación más inteligente y adecuada del gran flujo de recursos que recibirá el Ministerio de Educación. Es una tarea que no solo compete a las autoridades docentes y a los maestros. También a los padres y al pleno de la sociedad. Porque son recursos públicos y porque de una educación de calidad depende el futuro del país, el combate a la pobreza y una más justa distribución de la riqueza y el bienestar, base indispensable para lograr una estable armonía social.

L TIRO RAPIDO

Mario Rivadulla

4, 12, 2012

E

Teledebate@hotmail.com

2012-12-05 21:51:20