Mario Rivadulla
La doctora Licelott Marte de Barrios ha originado un verdadero avispero con su terminante declaración de que la corrupción presente en casi todos los organismos públicos representa recursos suficientes para sostener dos Repúblicas Dominicanas. La afirmación es concluyente y gravita sobre el país como una pesada roca, que hasta ahora se ha mostrado casi inamovible. Pero tiene el valor agregado de estar sólidamente fundamentada en las auditorías que ha venido llevando a cabo la Cámara de Cuentas que preside.
¿Ha hecho bien la doctora Marte de Barrios al lanzar esta acusación que no tiene nada de temeraria? Aunque la misma no menciona los santos, algunos o muchos de los cuales pudieran ahora estar a punto de sentir tambalearse sus falsos altares, creemos que está rindiendo un buen servicio a la ciudadanía en la medida en que pone el dedo en la llaga de uno de los problemas más serios y de mayores consecuencias negativas que confronta la sociedad nacional.
La corrupción, tanto pública como privada, ha estado presente en mayor o menor grado, en todos los países y en cada época de la historia. Al igual que la prostitución, es tan antigua como la humanidad misma. Ahora bien…¿qué hace que unas sociedades sean más o menos corruptas que otras? Parece ser que el factor incidentees la impunidad. Donde no hay sanción, la corrupción florece, se incrementa y termina por contaminar todo el tejido social. En cambio, en aquellos países donde se castiga ejemplarmente, la misma se reduce al mínimo.
Lamentablemente no es nuestro caso. Aquí, por el contrario, ha imperado la impunidad, la ausencia de sanción que en casi todos los casos ha quedado reducida al plano moral. Una situación difícil de aceptars cuando al parecer hay suficiente evidencia documentada de las acciones dolosas. Tal al menos, es lo que se desprende de las categóricas expresiones de la presidenta del organismo que tiene a su cargo auditar la forma en que se han manejado los recursos públicos en todas las instancias oficiales y organismos autónomos.
¿Hasta qué punto se refleja la corrupción en la vida ciudadana? El finado Miguel Cocco, ido a destiempo y considerado un meritorio referente de honestidad pública, en más de una ocasión atribuyó a la corrupción ser la principal causa de la pobreza. Lo es ciertamente, tanto en el orden material como todavía mucho más en el plano moral, en tanto termina por envilecer no solo el ejercicio de las funciones públicas sino también pasa a formar parte de la cultura social y a determinar el comportamiento ciudadano.
¿Hasta dónde ha llegado de grave el nivel de corrupción en nuestro país? Según Licelott Marte hasta el extremo repetimos que de no existir pudiéramos financiar la existencia de dos Repúblicas Dominicanas. Y seguramente ella, con más razones que cualquiera, por tener los números a mano, resulta la más calificada para afirmarlo.
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2013-08-31 05:27:10