Por Manuel Hernández Villeta
El gran empresariado dominicano falla en la creación masiva de nuevos empleos. Se le deja al gobierno la tarea de ser el mayor impulsador del empleo en la República Dominicana, cuando esta tarea debería estar en manos del sector privado.
La globalización y la fortaleza del área privada, por lo que abogan las instituciones de inversionistas, luce que es un cuello de botella, un camino de una sóla vía, donde lo que interesa es la acumulacion de riquezas, no el bienestar colectivo.
El capital debe estar asociado a producir mayor cantidad de riqueza, pero tambien debe tener un ente social. Por desgracia en el país, lo que se podría llamar gran capital es parasitario de las facilidades que ofrece el o los gobiernos, y en muy pocas ocasiones tiene una mínima arista de contenido social.
Ni siquiera es capaz de ponerse de acuerdo para que haya un seguro médico y cobertura sanitara global que beneficie a todos los trabajadores dominicanos. Es más, critica cuando desde el Gobierno se lleva a cabo un programa de asistencia médica masiva.
El salario mínimo es inexistente en muchas empresas, lo cual es una violación a las leyes. Los primeros que guardan silencio son los mismos trabajadores, conocedores de que una indiscreción les puede costar el puesto. Ahora hay que establecer un salario minimo que vaya de acuerdo con las necesidades de la población, y el estimado real del alto costo de la vida.
Los empresarios son los que establecen el precio de la canasta familiar alimenticia, pero son mezquinos cuando no quieren pagar a sus empleados un salario decente. También tienen sobre sus espaldas el lastre de viejas tecnologías y métodos arcaicos de trabajo, a lo cual no dan importancia, porque obtienen favores especiales que los hacen ser competitivos.
Estamos de acuerdo en que se debe dar un acuerdo nacional entre empresarios y gobierno para aumentar la capacidad de crear nuevas plazas de empleo. Pero esto es un espejismo, porque en decenas de ocasiones los capitalistas han ido a reuniones, donde al final dejan todo como está, sin importarle la suerte de la comunidad.
Desde las iglesias, comenzando con la católica, hoy hay una prédica de que el capital debe tener un rostro humano, debe ayudar a aliviar la miseria extrema, que en muchas ocasiones es originada por sus efectos colaterales.
Que se dé un pacto gobierno y empresario para afincar el desarrollo, con la creación masiva de empleos y suavizar la cara más feroz del capitalismo sin amor al prójimo.
2013-06-28 05:14:28