Por Manuel Hernández Villeta
En la República Dominicana se juega con fuego, cuando se pone a las instituciones al borde del precipicio. Las debilidades institucionales, son levantadas como trapo viejo, por los que gustan del figureo.
Desde hace unos tres meses comenzó el descontrol en el sistema educativo, con los aumentos en la matrícula de los estudiantes en los colegios privados, y el automático aumento de los precios de los libros de texto.
En las escuelas públicas el uniforme es kaki, de bajo costo, y los libros en su mayor parte son entregados por el Estado. Los padres tienen que hacer pocos gastos, porque esa educación tiene que llegar gratis a la población.
Si en una escuela cobran por la docencia, solo hay que denunciar la situación, porque se está cometiendo una irreglaridad que debe ser corregida en el acto.
Pero llama la atención, que ahora, cuando no se puede hacer nada, los legisladores gritan por los altos precios de los libros de textos, una protesta fuera de tiempo, porque ya ese material se encuentra en poder de los padres.
Los diputados tenían que hablar y actuar tres meses atrás, cuando se estaba preparando el nuevo pensum, o se comenzaban a entregar los listados de los uniformes y los libros de textos a los muchachos que pasaron de curso.
Lo único que se está demostrando es que no hay respeto ni cumplimiento a la ley, comenzando con los legisladores. La intención no debe ser aprobar una resolución o una ley a la carrera, sino hacer cumplir las disposiciones que tiene bajo su responsabilidad el ministerio de Educación.
Para fijar los precios de un libro de texto hay que acudir primero al ministerio de educación, que lo debe autorizar. Si los libros están caros es porque el organismo oficial competente lo permitió. Lo demás es hablar para justificar la tribuna y el sueldo.
Los diputados y senadores en este proceso constitucional quieren dar fe de que trabajan aprobando leyes a granel, sin tomar en cuenta de que en la República Dominicana todo está regulado, desde el nacimiento hasta la muerte.
Lo que se tiene que dar en el país es un respeto irrestricto a las leyes, sancionar a los que las violan. No se gana nada con votar nuevas leyes, si el espíritu de respeto ciudadano es inexistente.
Los diputados deben ser más observadores de las leyes y reglamentos que hay en la atualidad, y pedir que se cumplan, y solicitar sanciones para los violadores. Antes de levantar las manos para que surjan nuevas leyes, hagamos respetar las que ahora mismo no pasan de ser papel sanitario, porque nadie las cumple.
2013-08-21 21:37:46