Por Manuel Hernández Villeta.
Haití es hoy un país inexistente. No tiene instituciones y sus moradores perdieron la fe en el futuro.
Un un país-pueblo moribundo, es difícil que se pueda parar de nuevo sin el bastón de la ayuda internacional. Solola valoración desus fuerzas, fe en el destino y patriotismo, lo pueden sacar del hoyo.
Una fuerza interventora, con el ropaje de las Naciones Unidas, es la que mantiene el control de Haití, aunque su presidente está tratando de revivir el ejército.
El principal problema de Haití es que sus moradores han perdido la esperanza. Nadie parece que tiene el deseo de que haya una nacion próspera y moderna.
Los representantes de la capa baja de la población ven en la emigración su única forma de subsistencia. De fuga de cerebros mejor es ni hablar. Los profesionales no tienen futuro allí.
En unos casos se van para Canadá, o para Miami, pero su destino forzado es la República Dominicana.
Las grandes potencias buscan los titulares de periódicos prometiendo ayuda, pero luego del terremoto es muy poco lo que verdaderamente ha llegado a las grandes mayorías haitianas.
Haití, con sus hambrunas, sus enfermedades incontroladas, resulta un banquete para los grandes políticos interncionales, que se ponen el ropaje de bienhechores de la humanidad.
Lo mismo para actores de cine que demuestran sensibilidad social, pero aparte de sus buenas intenciones, tienen que trabajar su promoción y lado mediático.
Las Naciones Unidas, que se involucra en guerras costosisimas sirviendo de punta de lanza a las super potencias, con el caso haitiano debe volcarse en una acción para la paz.
Para los dominicanos la crisis permanente de Haití es un dolor de cabeza. Las grandes potencias siguen con la agenda de la unificación política y económica de la isla.
Además, el grueso de emigrantes es hacia la República Dominicana que llega, haciendo más precaria la vida de los nacionales.
Se da el caso de que en las universidades privadas hay una alta matrícula de jóvenes haitianos. En la industria del turismo, en los hoteles de veraneo se prefiere a los haitianos para dar los servicios.
No solo es que los haitianos tienen casi el monopolio de la mano de obra en la industria de la construcción, sino que son el eje de la producción agropecuaria, en lo que se refiere a mozos de labranza.
La migración no está regularizada en la República Dominicana, y por eso en ocasiones se torna odioso cuando en cualquier calle se procede a detener a trabajadores haitianos ilegales, y montarlos en la cola de una camioneta.
Haití por ser nuestro vecino, debe ser una prioridad para la República Dominicana. Rechazamos que se nos tiren el fardo de esa crisis, pero si tenemos que tener ojo avizor..
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2011-12-01 22:55:23