Por Manuel Hernández Villeta
Por ley de la naturaleza, todo lo que nace se reproduce y muere. La muerte es el trago amargo del que no se escapa ningùn mortal. A todos nos llegá el momento del descanso eterno. Lo importante no es la hora, sino lo que se hizo entre el nacer y la reproducción, antes del Adios.
Hay hombres que encarnan procesos sociales, que se echan sobre sus hombros el devenir histórico de su etpa generacional. Son pro-hombres, que la muerte física, solo sirve para impulsarlos a la categoría de proceres y guías.
Sin lugar a dudas que Hugo Chávez es uno de los hombres más grandes que ha parido este continente. Su visión del mundo, su ayuda a los pobres, su evolución desde guardia a un mandatario sensible a los reclamos de su pueblo, lo convierte en una gran figura histórica.
A Chávez hay que enjuiciarlo historicamente por su obra, que está ahí. La mayoría de los gobiernos de países pequeños latinoamericanos subsisten porque Chávez los ayudó con la factura petrolera y otra asistencia.
Ahí está Cuba, que entró en crisis económica luego de que se disolviera el bloque socialista, y la nueva Rusia no aceptó los compromisos de la vieja Union Soviética.
En el caso dominicano, el acuerdo de Petro-Caribe permite que el país tenga una columna económica, desde la cual caminar por la senda del desarrollo.
Los grandes hombres no son santos. Son portadores de ideas, de luchas, de enfrentamientos. Cuando se defiende, se lesiona a otros. El camino siempre es tortuoso, cuando las conquistas tienen que ser con luchas.
Al defender a los pobres, a la mayoría poblacional, se tiene necesariamente que golpear a los ricos, al gran empresariado, a los que detentan las riquezas.
Todo hombre en el ejercicio del poder comete errores, puede llegar a cometer injusticias, eso es real, ahora, lo importante es el don de la rectificación, del diálogo, de la concertacion, de no usar el sable para exterminar, sino para la defensa impuesta por las condiciones.
Millones de latinoamericanos han sentido en su corazón la muerte de Chávez, le han dado seguimiento a su funeral a través de los medios de comunciación. En Veneuela, practicamente todo el país se inclinó ante su presidente y comandante.
Chávez cumplió con su compromiso social. Hizo su trabajo, hizo su lucha. Dejó el camino para la integración de una nueva América Latina, de un nuevo socialismo, de mantener vivo el sueño de los libertadores.
El compromiso de los latinoamericanos debe ser ahora mantener en pie el sueño y la lucha de Chávez. El sable del guerrero caído no puede caer al suelo, y la fuerza solidaria y de trabajo de cada uno de los latinoamericanos tiene esa responsabilidad de mantener viva la llama de la lucha por una Latinoamerica mejor.
Los grandes hombres no mueren, solo se transforman en el mejor guía para la acción.
2013-03-07 21:59:11