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Testigo del tiempo; ¿Qué espera América Latina?

J.C. Malone

diariodominicano.com

Por J.C. Malone

 New York, 9 de septiembre, 2026.- El alcalde neoyorquino, Zohran Mamdani, prohibió el uso de inteligencia artificial durante un año en las escuelas públicas, desde kindergarten hasta octavo grado. Con esto, Mamdani coloca a Nueva York muy cerca de Suecia, Suiza, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Francia e Italia, que ahora retornan de computadoras, al papel y lápiz.

            Antes, se entendía que la revolución tecnológica apoyaría la educación; ahora vemos que la dificulta y, en el caso de la inteligencia artificial, la hace absolutamente innecesaria. Nadie tiene que aprender nada, la máquina sabe todo.

            De acuerdo con estudios de antropología, el humano moderno surgió junto con el idioma, la capacidad de pensar en abstracto y verbalizar esos pensamientos, nos hace humanos.  Si le entregamos a una máquina la capacidad de pensar y tomar decisiones por nosotros, ¿seguiremos siendo humanos?

            Si dependemos de una máquina para escribir, sumar y restar, entonces los chivos, las vacas y los burros son nuestros iguales, aunque nosotros “sabemos usar la máquina”. Si por conveniencia “renunciamos” a lo que nos hace humanos, por “conveniencia”  estaremos renunciando a nuestra humanidad.

            No es sólo Mamdani, Suecia, Suiza, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Francia e Italia, también los ejecutivos de Silicon Valley, limitan el tiempo de hijos en los medios sociales. El mensaje es muy claro, si las naciones avanzadas y los líderes de la tecnología limitan el tiempo de sus hijos participando en medios sociales, debemos imitarlos.

            Los ejecutivos de Silicon Valley, la gente que se ha hecho asquerosamente multimillonaria con estos medios sociales, limitan a 90 minutos semanales la participación de sus hijos. Si ellos limitan s sus hijos, sería sensato imitarlos.

Las evidencias científicas y el amor patrio, deben hacer que nuestros políticos limiten las computadoras en las escuelas. Nuestros niños necesitan aprender a pensar, no necesitan máquinas que piensen por ellos.

Latinoamérica debe tomar ese camino, porque resulta absolutamente necesario.

            Olvidamos sumar sin calculadoras, los números telefónicos de las personas mas importantes de nuestras vidas, muchos choferes  no llegan a casa sin el navegador.

Debemos romper esa dependencia.

¿Qué espera América Latina?