Opiniones

El entreguismo y la demagogia definen a los servidores de un sistema podrido

Lilliam Oviedo

Lilliam Oviedo

Al presentar como `presidenciable` a un difusor de antivalores y colocar en los espacios de análisis la discusión en torno a la pertinencia de esa candidatura, se evidencia la asociación entre la basura mediática y la basura política en República Dominicana y, más importante aún, se hace inocultable la podredumbre de un sistema político que, lejos de superar el balaguerismo, intenta preservar el autoritarismo y dar continuidad al atraso que define la herencia de Joaquín Balaguer.

Poco importa el nombre del creador de contenido basura (¿de qué otra manera se puede llamar la suma de palabras soeces y calificación de los principios como cosa inútil?). Una propuesta similar a la presentada desde el desvencijado Partido Reformista Social Cristiano puede surgir en otro partido (por no decir en otra asociación de saqueadores y oportunistas), y podría contener el mismo nombre o cualquier otro.

El sistema podrido reconoce a una parte de sus engendros que en otros momentos negaba. ¿Acaso no está conectado este reconocimiento con la colocación en la Casa Blanca de un elemento ligado a escándalos de todo tipo y con groseros expedientes en su contra dentro de las propias instituciones judiciales de Estados Unidos? No se puede apañar lo inocultable.

Actualmente, en República Dominicana hay tres expresidentes vivos (Danilo Medina, Hipólito Mejía y Leonel Fernández) cuyos nombres están vinculados a expedientes de corrupción y a groseras prácticas de abuso y coerción de clase. El presidente actual es un acaudalado empresario cuya fortuna no resiste análisis como no lo resiste tampoco el financiamiento de su práctica politiquera.

Un difusor de antivalores, hombre o mujer, con un nombre o con otro, al ser presentado como aspirante a una candidatura, simplemente adquirió otra función en el sistema que lo formó. Ha sido colocado, entonces, en otra posición dentro de sus iguales.

En esta coyuntura, no le han puesto el saco y la corbata, como se hizo antes con los cientos de congresistas riferos (muchos iniciaron sus labores con casas de apuestas ilegales) y con funcionarios ligados a prácticas que, para no usar términos soeces, cabe calificar simplemente como nada santas. Lo colocan (o la colocan, para hablar del futuro próximo) entre sus iguales, y ya no cabe desconocerlo.

MANIPULACIÓN Y MENTIRA DIRIGIDAS

En el contexto del ejercicio burdo, cabe recordar la declaración de Donald Trump tras el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro: «El dominio de Estados Unidos en América Latina no será cuestionado nunca más». Hay que sumar el recrudecimiento del criminal bloqueo y las crecientes amenazas contra Cuba y saber que en el paquete está también el reconocimiento de que la mano yanqui impulsó el triunfo electoral de figuras de ultraderecha como José Antonio Kast en Chile, de Abelardo de la Espriella en Colombia, y Javier Milei en Argentina.

La imposición al deslucido liderazgo europeo en materias como el gasto militar o el nivel de acción en ciertos escenarios de guerra y la orden a los gobiernos serviles de los países subdesarrollados de hacer quórum en los eventos de declaración y confirmación del servilismo (el anuncio de la iniciativa Escudo de las Américas, por ejemplo), son componentes del esquema de dominación.

En República Dominicana se destaca el uso de instalaciones militares nacionales por el personal yanqui encargado de preparar acciones de agresión y espionaje. Hay que mencionar también el control de los recursos naturales por el Comando Sur y las concesiones mineras que son contratos de despojo.

Pero la dirección de la manipulación y la mentira no es un elemento accesorio en el paquete del sometimiento.

La actual embajadora de Estados Unidos en República Dominicana da continuidad a la labor de sus antecesores y le imprime el sello de la Administración Trump.

Leah Francis Campos es servidora (no hay que creer la versión de que está en retiro) de la Agencia Central de Inteligencia, CIA.

Al reunirse con representantes de los mal llamados partidos de oposición y reconocer su apoyo a la decisión judicial que separó de un expediente de corrupción a Gonzalo Castillo, exministro de Obras Públicas y dirigente del Partido de la Liberación Dominicana, admite que coordina el acuerdo de impunidad y que ese acuerdo sigue siendo importante para la vigencia del pacto de clase.

A pesar de la imagen de católica y recatada que presentó a su llegada (visitando templos y proclamando santidad), se reunió con creadores de contenido basura, diciendo que entiende conveniente dar impulso a la prensa alternativa.

La calificación de prensa alternativa para este conjunto de medios es una manipulación burda que es preciso desmontar.

Se trata de medios financiados a través de carteras abundantes de recursos de oscuro origen.

Si son medios alternativos los que realizan una labor de difusión no autorizada por los sectores dominantes, no lo son aquellos en los cuales se dice que da vergüenza ser trabajador o trabajadora, se insulta la memoria de quienes cayeron defendiendo la igualdad y la justicia, es material de comedia la identificación con los sectores populares, se santifica la venta de servicios sexuales y se proclama que tienen precio las opiniones y la toma de posición.

Lo que queda claro es que esos llamados y esas proclamas contra la asunción de principios básicos se realizan por encargo de sectores de la clase dominante que se benefician con el engaño y la manipulación.

Analfabetos políticos con lenguaje soez y manifiesta ignorancia de los temas fundamentales son presentados como analistas solo porque están dispuestos a definirse como derechistas.

El espectáculo se traslada ahora al plano electoral y se desnuda la identificación entre telebasura, basura política y capital.

Es deber de conciencia enfrentar este paquete antipopular y criminal. Como dijo el fascinante poeta uruguayo: «Aquellos que vienen de la derrota/ guardan en el fondo cierta ufanía/ tal vez porque serenamente/ escogen ser derrotados/ antes que corruptos».