Cultura

Mesié Bola

Por Anubis Galardy

LA HABANA, 10 sep (PL) A 100 años de su nacimiento, Bola de Nieve sigue viviendo en el imaginario colectivo, al amparo de su «corazón sonoro», de esa corriente intangible y terrenal al mismo tiempo que lo perpetúa en sus canciones.

Una sobrevida esparcida por el mundo, prolongada más allá de la isla a la que pertenece.

Nacido en 1911 en la ciudad habanera de Guanabacoa, Ignacio Villa empezó a tocar el piano a los 12 años en los cines de barrio, en el intermedio entre dos películas, a cambio de un salario irrisorio, miserable.

Tuvo poco tiempo para aprender música. La llevaba en sí mismo. Privado de una formación académica, para él inaccesible, le bastó con dejarla fluir, atenta solo a los mandatos de su talento, al caudal infinito de las emociones humanas.

Comenzó como acompañante de su coterránea Rita Montaner, quien lo bautizó en México con el nombre que lo escoltaría hasta la eternidad. Ese Bola de Nieve ligado a la existencia del hombre común, glorificado por músicos y poetas. Una noche ella enfermó y el salió, solo en alma, al escenario del Politeama. El triunfo fue rotundo.

Desde entonces decidió cantar solo, con el piano como alter ego, como una extensión de sí mismo.

Había surgido en medio de una sociedad adversa, la Cuba de los años 30, con todo en su contra. Feo, pobre, obeso, negro, un verdadero valladar infranqueable en la sociedad discriminatoria imperante. La prensa lo crucificó con los peores calificativos, el de excéntrico musical el menor de ellos.

Desconocido en su país, recorrió el mundo vestido de frac, diciendo, más que cantando sus canciones, susurrándolas, lanzándolas al auditorio como una lluvia benéfica, con su voz rajada. Bola tocando las cuerdas más sensibles del espíritu humano, sus dolores y alegrías más profundos, sus sueños quiméricos, sus esperanzas, sus ilusiones y desconsuelos.

En París, cuando lo oyó cantar La vida en rosa, la Mome Edith Piaff, aseguró que jamás volvería a cantar esa pieza, un desdoblamiento de sí misma, sin sentir cierto pudor.

Cuando lo escuchamos, aseguraba el compositor español Andrés Segovia, parece como si asistiéramos al nacimiento conjunto de la palabra y la música. El dramaturgo Jacinto Benavente acuñaría una frase de sintética elocuencia: «No se puede hacer más con una canción».

El triunfo de la Revolución de 1959 trajo consigo el reconocimiento de su arte, la plenitud, una vida a salvo de inseguridades y contingencias. Soy cubano, expresaba, soy fidelista. Mi madre fue comunista pero yo nunca había leído un libro sobre marxismo. Cuando volví a Cuba me di cuenta de que la Revolución era lo que yo siempre había soñado.

Más allá de los tributos oficiales, los cubanos le rendirán homenaje en su centenario con la misma devoción que atesoran sus canciones.

Ahí están, tersas, cálidas, memorables, un puñado de ellas: No puedo ser feliz, Ay, amor, Vete de mi, Mesié Julian, Tu no sospechas, Drume negrita y esa interpretación inolvidable de La flor de la canela, de la peruana Chabuca Granda.

Murió en 1971 en México, en tránsito hacia Perú. En su santuario habanero del restorán Monseñor, en El Vedado, donde convertía la noche en una aventura interminable, permanece su piano, ese instrumento al que insufló una cualidad humana, mágica.

Bola de Nieve, sentenciaría el poeta Nicolás Guillén «quedará en la historia y lo que es más poético, en la leyenda, allí donde la historia sería imposible para explicarlo».

Conmemorarán centenario

El pianista y compositor cubano Ignacio Villa (Bola de Nieve) será recordado aquí, en el centenario de su natalicio, por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac).

El espectáculo musical Monseñor Bola, auspiciado por la compañía teatral Héctor Quintero, iniciará el agasajo hoy en el teatro capitalino América, donde se rememorará al artista considerado uno de los grandes intérpretes de América Latina.

Coincidiendo con la fecha de su cumpleaños (Guanabacoa, 1911), el pianista Nelson Camacho (continuador del legado de Bola) ofrecerá junto a sus invitados un concierto en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Según el programa, el 12 de septiembre en la sala Villena de la Uneac se inaugurará la exposición Bola in memoriam, del artista de la plástica Santos Toledo, y sesionará un coloquio teórico sobre la vida y obra del cantante.

En ese mismo lugar, el día 15, prestigiosos intérpretes de la canción como Omara Portuondo, el declamador Luis Carbonell, Camacho y la Academia de Canto Mariana de Gonitch ofrecerán el concierto Canciones de Bola.

Los materiales audiovisuales se sumarán al homenaje cuando se proyecten el día 20, en el habanero Multicine Infanta, los documentales Yo soy la canción que canta, de la realizadora Mayra Vilasís; Viva papi, de Juan Padrón y el videoclip Chivo que rompe tambó, de Toni Nodarse.

El homenaje incluye la presentación del libro Bola, de Ramón Fajardo, la obra Tú no sospechas, del grupo Danza Teatro Retazos y una peregrinación al cementerio donde descansan sus restos, en Guanabacoa.

Basado en una canción popularizada por Bola de Nieve, Por el monte Carulé, el grupo Teatro de las Estaciones cerrará el tributo.

2011-09-11 01:27:05