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ANTIGUA Y BARBUDA, EN EL ARCHIPIÉLAGO ANTILLANO

Teófilo Lappot Robles

(y 2)

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

El idioma oficial de Antigua y Barbuda es el inglés, pero muchos de los antiguanos se sienten más cómodos hablando un dialecto que crearon sus ancestros de las etnias bantú, wolof, carabalí, yoruba, etc. Para ellos los motivos de esa inclinación dialectal son más que claros.

Ese hilo de comunicación cotidiana con su remoto pasado de algún modo amaina el vacío espiritual causado por la nefasta esclavitud que sufrieron millones de africanos cuya desgracia, documentalmente comprobada, ha sido de las mayores erosiones al concepto de la dignidad humana.

A muchos de esos seres humanos esclavizados (ya amarrados en mugrientas sentinas de buques mercantes desvencijados, que en cada viaje navegaban hasta por dos meses encima de todos los peligros) les decían ciertos religiosos asalariados de los negreros que ellos eran hijos de Dios y por lo tanto que fueran felices, pero que no pensaran más en su tierra de origen, como en esencia describe la historiadora greco-brasileña Kátia M. de Queirós Mattoso en su libro titulado Ser un esclavo (Étre esclave).

En el drama descrito en el párrafo anterior los verdugos aludidos eran portugueses, pero todos los demás de esa misma calaña tenían comportamientos similares de falsa compasión hacia sus víctimas.

Es una verdad con fuerza de axioma que el pequeño país  de nombre Antigua y Barbuda (del cual forman parte también el islote Redonda y varios cayos) tiene en el presente dificultades estructurales y un visible constreñimiento económico, entre otros motivos por la baja productiva de su tierra, que fue afectada durante siglos con el monocultivo de la caña de azúcar, disminuyendo su fertilidad.

En sintonía con el dicho popular “una de cal y una de arena” debo señalar que esa nación caribeña tiene un fascinante litoral marino. La propaganda oficial señala que allí hay 365 playas, un arco de roca formado durante miles de años por los embates de las aguas embravecidas que en el pasado fue el escenario escogido por muchos esclavos para poner fin a su azarosa existencia.

También forman un paisaje hermoso sus muchas cuevas, que probablemente atesoran un importante fondo de pictogramas sin explorar aún por los arqueólogos; así como sus mogotes y el monte más alto, extrañamente llamado Pico Pantanoso (Boggy Peak), aunque su masa pétrea es de rocas volcánicas. Durante 17 años llevó el nombre de Obama, y así sigue apareciendo en sus mapas cartográficos.

Barbuda está situada al norte de Antigua. Ambas islas son el resultado de una emersión volcánica, como así le llaman los expertos en esa materia, que son los vulcanólogos, a “una reactivación magmática”.

En la segunda mitad del siglo XIX, y ya entrada la centuria siguiente, ese país sufrió una severa crisis alimentaria que motivó que miles de ex esclavos emigraran. Muchos de ellos se establecieron en distintos puntos de la República Dominicana.

Ese proceso migratorio dio origen a una distinguida población dominicana conocida como  “los cocolos”, decenas de los cuales han sobresalido como intelectuales, educadores, pintores, poetas, escritores, músicos, médicos, abogados, deportistas, comerciantes, etc.

Es válido señalar, por ser parte de nuestro pasado, que de Antigua y Barbuda se reclutaron improvisados combatientes que formaron parte de la fracasada invasión inglesa de abril del año 1655, encabezada por el almirante William Penn y el general Robert Venables, cumpliendo órdenes del terrible jefe inglés Oliverio Cromwell.

En esa época Inglaterra tenía la pretensión de tomar para sí la entonces colonia española de Santo Domingo, como parte de la lucha que libraban en esta parte del mundo los entonces imperios colonialistas de Europa.

Al desembarcar los referidos invasores sin ninguno de los 34 buques de esa expedición naval sufrir el sotafuego de los invadidos ni existir constancia de que algún bajel embarrancó en las costas caribeñas de esta tierra, queda como previsible realidad histórica que el suelo de los pueblos de Nizao, Haina, Nigua y la ciudad de Santo Domingo se convirtió en tumba colectiva para muchos antiguanos.

Islote Redonda

Redonda es un islote situado entre Antigua y Barbuda, con una extensión superficial de menos de 2 kilómetros cuadrados. Allí arribó Cristóbal Colón en su segundo viaje por esta parte de la tierra que entonces ya se conocía por voluntad de los españoles como el Nuevo Mundo.

En sus anotaciones de navegación (con la gramática del español de entonces) el indicado almirante genovés se refirió a ese peñasco (que los indígenas llamaban Ocamaniro) y a la isla Antigua de esta manera: “…Luego esa tarde vimos otra; a esa noche, cerca desta isla, fallamos unos bajos, por cuyo temor sorgimos, que no osamos andar fasta que fuese de día. Luego a la mañana paresció otra isla harto grande: a ninguna déstas nos llegamos por consolar los que habían dejado en la Española…” (Cristóbal Colón. Diario de Navegación.Pp261 y 262. Editora Corripio. Edición 14 de mayo de 1988).

Cuando las convulsiones en el Caribe estaban más activas Redonda se convirtió en un refugio de piratas y corsarios que lo usaban como puente antes y después de cometer sus fechorías en el archipiélago antillano. 

En el 1872 llegaron a Redonda los británicos para extraer miles de toneladas de guano o excremento de alcatraces y otras aves marinas, que era de gran utilidad especialmente para la industria de fertilizantes.

Según los archivos relacionados con la historia de ese peñón, cuando los referidos ocupantes arribaron provenientes del reino que de manera despectiva el poeta francés Augustin Louis Marie de Ximénés llamó la “Pérfida Albión”, allí había una gran vegetación y una rica fauna que fueron devastadas por cabras y ratas que ellos llevaron.

Esos conquistadores se retiraron de allí después de 1917, con motivo de los acontecimientos bélicos de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Para entonces ya  Redonda era un erial, sin señales de capa vegetal.

En la actualidad tiene una gran importancia ecológica porque se ha convertido en hábitat de miles de aves migratorias, incluyendo decenas de especies en peligro de extinción. Sirve de base para estudios de entidades privadas como el Grupo de Concientización Ambiental y Fauna y Flora Internacional.

El 6 de septiembre del 2023 el gobierno de Antigua y Barbuda creó un mecanismo de protección legal denominado Reserva del Ecosistema de Redonda, que incluye “praderas marinas y un extenso arrecife de coral…” A partir de entonces dicho peñón está considerado como “la mayor área protegida del Caribe oriental.” 

Ese islote deshabitado tiene una extensa playa, además de otros atractivos como sus cavernas con arte rupestre, montañas, altozanos y collados que atraen el turismo de aventura.

(Extracto de un libro que publiqué en el 2014).

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