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A Pleno Sol; Estudio y disciplina

diariodominicano.com

Por Manuel Hernández  Villeta

Santo Domingo, R. D., 17 de abril, 2024.- Los niveles de inseguridad ciudadana son atormentadores, pero su  control no es una atribución única de la Policía. Los ciudadanos se tienen que inscribir en una política de cero violencia, y  ninguna tolerancia con el crimen.

La mayor parte de los ciudadanos son indiferentes a esa violencia callejera. Solo se escuchan sus voces en el momento en que un desgraciado actúa con el arma en las manos. El deleito hay que enfrentarlo con prevención y aplicación de la ley.

Puede haber una policía que investigue, detenga y sea auxiliar de la justica, pero nada va a  cambiar si en los barrios se carece de mecanismos de ayuda social, de facilidad de empleo, de evitar la deserción escolar,  y de elevar las condiciones de vida de los tugurios.

La delincuencia callejera forma parte del tejido social putrefacto de una sociedad que necesita cambios profundos. El modelo social dominicano está estancado, y no hay para donde coger. Un puñado de emprendedores va para adelante, contra viento y marea, y logra su objetivo.

Caen en brazos de las drogas, y su primer nivel, el micro-tráfico, son asimilados  en el sicariato, en los atracos callejeros, en los enfrentamientos con los agentes del orden público. Salvar a la juventud de esos vicios, es salvar el futuro.

Pero en el corazón del barrio ni se estudia,  ni se trabaja, ni se busca un mejor nivel  de vida. Hay un cierre de los caminos y una esperanza agónica.

Antes de que se piense que se está controlando la delincuencia, hay que pasar revista a los programas de desarrollo comunitario que se llevan a cabo en las barriadas populares. Sin esa atención a los que sufren, todo seguirá igual.

Los eternos indiferentes a los problemas sociales que causa el sub-desarrollo, ahora se sienten atormentados y golpeados por el crimen, que no tiene detente, y que actúa en todos los estamentos de la sociedad.

Por de pronto se podría hacer un estudio de cuantos adolescentes  abandonaron las escuelas, y con una bajísima preparación solo les espera el arrinconamiento social por siempre. De ahí es que surgen los  que se enganchan como peones del crimen organizado.

Pasos importantes  para detener la inseguridad ciudadana es  ampliar los programas de asistencia social, modernizar a la policía, tornar seria y objetiva a la justicia, e instruir a los jóvenes de los barrios que sin estudio y disciplina no tienen futuro. ¡Ay!” se me acabó la tinta.