Cultura

SAN CRISTOBAL: PARTE DE SU HISTORIA



POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES

San Cristóbal es polivalente: El nombre pertenece a una provincia, un municipio y una ciudad. De esa triple condición geográfica haré breves comentarios informativos.

Como ciudad es una de las más antiguas del país. Es la puerta suroeste de la capital de la República.

Sus orígenes se remontan a los primeros años del desembarco de los españoles en las islas del Mar Caribe.

Su historia se abre en el 1496, fecha en la cual se fue formando un caserío de ranchos de palos parados, ramas y yaguas en la cercanía de lo que ahora es el poblado de Villa Altagracia.

La orden fundacional la impartió el hacendado con alma de caporal Bartolomé Colón, para tener concentrados en ese lugar a los indígenas que eran usados como esclavos en la recolección de oro aluvional y otras riquezas mineralógicas que entonces abundaban en la zona, así como en el corte de maderas preciosas, especialmente caoba, roble y cedro.

Pasados los primeros años de la llegada de los colonizadores españoles se decidió trasladar el caserío inicial hacia el lugar donde está hoy San Cristóbal.

El nombre original era Partido de los Ingenios de Nigua. Desde 1822 se identifica con su toponímico actual.

Esa ciudad y sus alrededores fueron de los lugares donde más yacimientos minerales a cielo abierto, o a poca profundidad de la superficie, encontraron los españoles. Las operaciones de recolección de ese patrimonio natural perduraron por centenares de años.

Una prueba de lo anterior es que en las memorias presentadas al Congreso Nacional el 27 de febrero de 1861, al resaltar el vigor de la economía del país, el presidente Pedro Santana habló de «…criaderos de cobre que se exportan en el partido de San Cristóbal».

Otros datos históricos confirman más la existencia de muchas minas de cobre y otros materiales naturales valiosos en esa zona del país. El presidente Buenaventura Báez otorgó alegremente varias de ellas a reconocidos truhanes extranjeros.

A varios politiqueros estadounidenses escudados en la empresa Industrial y Progressive Company se le donó el 5 de noviembre de 1866 «la mina de cobre de San Cristóbal». A un tal Félix Montecatini se le otorgó el 19 de marzo de 1867 el «distrito minero Cuayo, San Cristóbal». A Willian L. Cazneau, sujeto de muchas cuentas pendientes en varios puntos de Centroamérica y el Caribe, Báez le entregó en San Cristóbal grandes porciones de la riqueza nacional: El 18 de enero de 1867 una mina de cobre en Monte Mateo, Cambita, en alianza beneficiosa con el también aventurero Joseph Fabens. El 12 de julio de 1867 otra en Mano Matuey, colindante con la anterior y una en el lugar conocido como Loma de la Boca de Diamante. El 24 de octubre de dicho 1867 la premiada, con el trato de favor fue la entidad Cambiaso y Compañía, con «una mina de cobre en el lugar llamado Cuayo Medina, San Cristóbal».1

El historiador Frank Moya Pons, apoyándose en la Colección de leyes del 1867, refiriéndose a los mencionados Cazneau y Fabens, dice: «Estos concesionarios recibieron el derecho a explotar un terreno de treinta kilómetros cuadrados pagando solamente «un cinco por ciento del producto neto del mineral que se exportase». Moya Pons informa más: Solamente hubo dos sitios de fundición en la isla La Española y uno era «la villa de Buenaventura, estaba ubicada en el lugar llamado Árbol Gordo, cercano al actual poblado de Villa Altagracia». Debo agregar que es en la jurisdicción de San Cristóbal. El mismo autor, citando textualmente al geólogo alemán Willy Lengweiler, en un estudio que hizo sobre el oro en San Cristóbal, de 1936 y 1949, dice que: «… todos los ríos, arroyos y cañadas se registran continuamente en busca del precioso metal que da vida y sustento a un considerable número de moradores de esos lugares…todos esos sitios, además de cientos de cañadas sin nombre, todos producen oro nativo por valores considerables.»2

Según está recogido en varios textos sobre la historia de San Cristóbal, esa comunidad sureña recibió un gran impulso con la llegada allí del padre Ayala y García, quien en el 1821 motorizó varias iniciativas en beneficio del pro común que trascendieron su ministerio de cura párroco.

Aunque también está documentado que ese sacerdote católico no fue el fundador de esa ciudad, como han divulgado algunos.

«…se ha dicho erróneamente que fue el ilustre Padre Juan de Jesús Fabián Ayala y García, el fundador del pueblo de San Cristóbal…dependió del caserío o batey, de la antigua hacienda de San Cristóbal»3

Dentro del territorio de lo que hoy es la provincia de San Cristóbal fue que se hizo el primer trapiche movido por animales de carga del continente americano. Diego Caballero se llamó lo que con el tiempo se transformó en un ingenio azucarero. Los resultados de sus operaciones contribuyeron al crecimiento de la economía colonial.

En el lado norte del municipio de San Cristóbal están las 55 Cuevas El Pomier o Borbón, consideradas un tesoro espeleológico de toda la cuenca del Caribe y declaradas como reserva antropológica con categoría de monumento natural. Atesoran parte de las expresiones artísticas de los indios tainos.

En esa misma vertiente municipal está el balneario o piscina natural conocida como La Toma. Fue la primera represa de América. La construyeron los españoles en el año 1520. Recibe su material hídrico de una corriente de aguas limpias que surge de entre las grietas montañosas y se precipita desde un promontorio coronado por árboles frondosos.

Hacia el noroeste municipal están los restos del denominado Fuerte Resolí, que fue construído por los ocupantes haitianos en el año 1826. Los combatientes independentistas dominicanos utilizaron la ubicación estratégica de esta fortaleza, edificada en un cerro escarpado, para causar estrago en las tropas enemigas.

SAN CRISTÓBAL Y LA CONSTITUCIÓN DOMINICANA

La ciudad de San Cristóbal (entonces un pequeño poblado) fue la cuna de Constitución de la República, votada el 6 de noviembre de 1844.

El Congreso Constituyente se reunió allí. Estaba integrado por 33 congresistas, bajo la presidencia del gran jurista Manuel María Valencia López, quien con el paso de los años se consagró al sacerdocio católico y llegó a ser párroco de la iglesia San Dionisio, de Higüey.

Esa Carta Magna sustituyó el Manifiesto Trinitario, que era el marco legal general que desde el 27 de febrero de 1844 se venía aplicando en las decisiones del naciente Estado Dominicano.

Detalles bastantes reveladores de lo que ocurrió en aquel Congreso Constituyente se pueden consultar en el libro titulado La Constitución.4

Con propiedad se puede decir que fue en esa ciudad (edificada entre los picos finales de la Cordillera Central y unos mogotes que desde Sainaguá y otros campos miran hacia el mar Caribe) donde se fundieron los pilares de la estructura legal sustantiva de la nación dominicana.

Por desgracia allí también comenzó a gestarse lo que muchos años después los sociólogos brasileños definieron como el mandonismo, que es un tipo de ejercicio de gobierno arbitrario que ha cubierto gran parte de la vida pública de América Latina. No otra cosa fue el artículo 210 que se le anexó como un cáncer a dicha Ley de Leyes, con el cual se exoneraba de responsabilidad por sus decisiones de gobierno al general Pedro Santana. En nuestro país se quiso revestir de legalidad lo que era irracionalidad e ilegitimidad.

Desde entonces hasta el presente la figura del presidente de la República ha tenido preponderancia casi absoluta en la República Dominicana, rompiendo la lógica de un justo equilibrio de poderes. Así se comprueba en las 38 modificaciones que se le han hecho a nuestra Carta Magna. Es decir, aquel tristemente célebre artículo 210 se ha repetido muchas veces, con otros números y otra literatura, pero con el mismo propósito.

El encargado de imponer ese dañino injerto constitucional fue Tomás Bobadilla y Briones, también conocido como Don Tomás Chapapote, quien viajó a San Cristóbal con un pelotón de soldados apertrechados de fusiles y bayonetas para intimidar a los constituyentes.

Bobadilla fue ayudado en la implantación de ese tumor maligno en la primera Carta Sustantiva del país por el entonces cónsul de Francia en Santo Domingo Eustache Juchereau de Saint Denys, un mequetrefe dotado de gran habilidad y poco escrúpulo.5

Prueba de lo anterior es que mientras metía baza en asuntos impropios de sus funciones, dicho cónsul escribió, para esparcir humo de paja, que se había escogido a San Cristóbal para discutir y elaborar la Constitución Dominicana «a fin de dejar a sus miembros toda libertad de opinión y de acción y sustraerlos a la influencia perniciosa del espíritu de partido…»6

Haciendo una digresión del tema constitucional es oportuno indicar que en la primera década del siglo XX se creó en el municipio de San Cristóbal la primera escuela agrícola dominicana (también llamada escuela-granja). El propósito de esa iniciativa era «la enseñanza teórica y práctica de la agricultura e industrias rurales adaptables al país».7

TRUJILLO Y SAN CRISTÓBAL

En San Cristóbal nació otro general Zacarías, con «su grandeza podrida», como si por allí hubiera alumbrado Bendición Alvarado, la del Otoño del Patriarca.8

Con la llegada a la presidencia de la República, en el 1930, del aludido Rafael Trujillo Molina se producirían muchos acontecimientos fatales en toda la geografía nacional.

Su pueblo natal sería impactado por ese huracán humano que se arrogó el derecho de capar y señalar sin ningún control.

Por su sola voluntad, bajo el biombo de un congreso cautivo, surgió el 11 de noviembre de 1932 la Ley 397, con la cual se creó la provincia Trujillo, teniendo como capital de la misma la ciudad de San Cristóbal.

Tres días antes de ese bodrio legislativo dicho cuerpo congresal emitió una resolución mediante la cual Trujillo fue declarado portador del pomposo y hueco título de «Benefactor de la Patria».

El 26 de mayo del 1933 fue elevado al rango supremo de generalísimo. En mayo de 1955 fue declarado «Padre de la Patria Nueva» y el 18 de junio del mismo año se le otorgó la condición de académico de número de la Academia Dominicana de la Lengua.

Ese personaje de horca y cuchillo encajaba perfectamente en la definición que de los gobernantes bárbaros hizo el libertador Simón Bolívar.9

San Cristóbal fue declarada como Ciudad Benemérita, mediante la Ley 93, del año 1939.

La extinta provincia Trujillo abarcaba los cuatro puntos cardinales del país, llegando por el Norte hasta Cotuí y por el Este cubría Monte Plata y Bayaguana, colindando con la provincia de El Seybo, cuando a esta le pertenecían los municipios de Hato Mayor, El Valle y Sabana de la Mar.

Ese nombre provincial fue eliminado a los cinco meses del ajusticiamiento del tirano que oprimió al pueblo dominicano por treinta largos años.10

San Cristóbal tuvo en el pasado un gran dinamismo económico. En su territorio funcionaban a plena capacidad varias industrias, incluyendo una de vidrio, que suplía el mercado nacional y una armería de cuyos talleres salían miles de armas de fuego, pero que además «era un importante centro tecnológico, donde se fabricaba una diversidad de artículos para el comercio y el hogar…» 11

Trujillo fue una mancha para esa ciudad y el país, pero justo es decir una verdad de Perogrullo: de San Cristóbal (ora provincia, ora municipio, ora ciudad) han surgido grandes personalidades que han enriquecido la dominicanidad en todas las manifestaciones de la vida. Al ser tantos los valiosos sancristobalenses que han dejado huellas bienhechoras en su paso por la vida, se hace difícil seleccionar unos cuantos para hacer sus semblanzas en un trabajo limitado como este.

POLITÉCNICO LOYOLA

El 28 de octubre de 1952 se fundó el Instituto Politécnico Loyola, bajo la dirección de los sacerdotes jesuitas. En la actualidad se mantiene activo y ha adquirido una categoría superior en su cartilla curricular. Miles de jóvenes han logrado una profesión técnica en ese centro educativo. Desde el 13 de agosto del 2008 ascendió a Instituto Especializado de Educación Superior, con facultad para emitir títulos de doctorado e ingeniería.

A la entonces aldea de San Cristóbal llegó en septiembre del 1882 el ilustre educador antillano Eugenio María de Hostos y la describió así:»El caserío compacto en la calle principal, bastante compacto en otras dos calles paralelas a la primera, deliciosamente diseminado en las calles que van de oriente a occidente, rústico y primitivo en todas ellas, de ceniciento color, como el de la corteza y las hojas secas de la palma con que se construyen los bohíos…»12

Es una ciudad dotada de varias plazas públicas, incluyendo el parque de los vagos. Es un mote merecido porque son vagos los que allí habitualmente pasan mañanas, tardes y noches. En ese lugar se mezclan la marginalidad y la vagancia. Si viviera, Juan Antonio Alix, el decimero dominicano por antonomasia, podría escribir de nuevo su Décima a los Vagos pensando en esas nulidades sociales: «Pero como ya es alhaja/ha dormido bien su siesta/Vuelve otra vez a la fiesta/Quien el lomo nunca baja.» 13

Llega a la memoria la novela Capitanes de la Arena, del gran escritor brasileño Jorge Amado, cuya temática es la pobreza más allá de la carencia material. Muchos de los que moran día y noche en el parque de los vagos, así como los jóvenes delincuentes de un caserón destartalado de Salvador de Bahía, Brasil, están «vestidos de harapos, sucios, agresivos, hambrientos».14

La iglesia Nuestra Señora de la Consolación de San Cristóbal ha sido calificada por algunos, no sin exageración, como la Capilla Sixtina del Caribe. Está emplazada frente al llamado parque de Piedras Vivas», inaugurado el 28 de febrero de 1944.

Ese templo católico tiene tres naves y dos campanarios, además está adornado por decenas de murales creados por José Vela Zanetti, el gran muralista del exilio español que dejó una extensa obra artística en el país. Varias teselas vidriadas completan el patrimonio ornamental de la misma.

El municipio de San Cristóbal tiene, en las costas llanas del mar Caribe, las playas de Palenque, Nigua y Najayo, que atraen a miles de visitantes, especialmente los fines de semana.

Los ríos interiores Nigua y Yubazo (que se unen a su paso por esa ciudad) son ahora simples recuerdos de lo que fueron en el pasado. El deterioro de los mismos es otra prueba de que no se cumple el artículo 15 de la Carta Magna, cuya parte final ordena que: «El Estado promoverá la elaboración e implementación de políticas efectivas para la protección de los recursos hídricos de la Nación».15

La provincia de San Cristóbal (cuyo amplio territorio está ubicado en el arco que forman los ríos Isabela, Haina, Nizao y Mahomita y las bravías aguas del Mar Caribe) tiene un total de 20,048 unidades productivas agropecuarias, ocupando en el país el primer lugar en ese renglón. Esos ejes productivos incluyen productos agrícolas diversos, una amplia gama de rumiantes, aves de corral, abejas productoras de cera y miel, equinos, cerdos y crianzas de camarones y peces.16

En una crónica de viaje del naturalista estadounidense Dr. W. Newcomb, elaborada en el 1871, este dejó plasmadas sus impresiones sobre la gran riqueza de los campos de San Cristóbal: «Abundan allí las cabras y aves de corral…..Nos encontramos con grandes cuadros de terreno sembrados de guineo, plátano, tabaco, arroz y de caña de buen tamaño y de buen color. Abundan también los árboles frutales, entre los cuales distinguiremos naranjos, guayaba, tamarindo, mamón, cocoteros, cacao, aguacate, pera, cañafístula y el hermoso mango y el pan de fruta». Dice dicho relator que también vio en la campiña de allí «palmeras reales, caoba, palo de campeche, calabazas y algunos cactos curiosos».17

Bibliografía:

1-Volumen IX, Academia Dominicana de la Historia. pp 101 y 367.Editora Montalvo, 1960

2-El Oro en la Historia Dominicana. Impresora Amigo del Hogar 2016.pp 56,146 y 194.

Frank Moya Pons.

3-San Cristóbal y su historia, publicado en 1994. p92.Félix Reyes.

4-Ensayo La Constitución. pp127 y siguientes. Emilio Rodríguez Demorizi.

5-Colección de correspondencias del Consulado Francés en República Dominicana. 1844-

1847.

6-Comunicación de Juchereau Saint Denys al Ministro de Negocios Extranjeros de Francia

Francois Pierre Guillaume Guizot.4 de agosto de 1844.

7-Decreto 4943, 20 de julio del año 1910. Presidente Ramón Cáceres.

8-El Otoño del Patriarca. Editora Plaza y Janés año 1975.Gabriel García Márquez.

9-Carta de Jamaica, del libertador Simón Bolívar al señor Henry Cullen.6 de septiembre de

1815.

10-Ley 5685, del 29 de noviembre del 1961.

11-Crónicas de San Cristóbal.p281.Editora Corripio, 2001. Ramón Puello Báez.

12-Comentario sobre San Cristóbal. Septiembre 1882. Eugenio María de Hostos.

13-Eso E´paja pa´La Gaisa.p113.Editorial Galaxia 2004. Juan Antonio Alix.

14-Capitanes de la Arena. Editorial Alianza 2009. Jorge Amado

15-Constitución de la República Dominicana.

16-Censo Nacional Agropecuario 2015.Oficina Nacional de Estadísticas.

17- Volumen IX, Academia Dominicana de la Historia. p 220.Editora Montalvo, 1960

2018-04-28 05:47:51