POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES
El mallorquín Valeriano Weyler Nicolau fue de los oficiales españoles que vinieron al producirse la Anexión de la República Dominicana al reino de España (1861-1865). No hay registro histórico de ningún triunfo suyo contra los victoriosos restauradores. Aquí fue un perdedor.
Luego de guerrear en nuestra tierra ocupada alcanzó en otros lugares del mundo los más altos niveles militares y de gobierno; sus ascensos fueron el resultado de sus acciones malvadas, especialmente en Cuba y Filipinas. En su país se ha publicado un montón de informaciones edulcoradas sobre Weyler. La realidad es que fue un personaje funesto.
Me centraré en lo concerniente a su participación como jefe de tropas de ocupación en la República Dominicana, en momentos en que nuestra nación fue de nuevo una colonia española.
En los apuntes autobiográficos de Weyler, en el apartado sobre su presencia aquí durante la Anexión, se lee que fue por su propia solicitud de destino militar, y que participó en combates terrestres y navales en Paso de Fundación, Doña Ana, Bondillo, Manoguayabo, Cambita, etc. También señala que: “…En Santo Domingo, al poner una guardia, me dieron un balazo en el sombrero. Si la bala viene un centímetro más abajo, o yo soy un centímetro más alto, se me aloja en los sexos”.
De todos los encuentros armados en que participó en el país (desde su llegada en 1863 hasta su salida en 1865) el más comentado, con verdades y mentiras, tuvo como escenario la zona donde el río Haina comienza a desembocar en el mar Caribe.

En sus memorias, cargadas de fantasía, Valeriano Weyler escribió que fue aquí donde tuvo uno de los momentos más peligros de su larga carrera militar. Quiso hacer creer de cara a la posteridad que en Haina se replegó usando técnicas de combate. No mencionó que sufrió una derrota admitida por altos oficiales anexionistas, como el general José de la Gándara.
Así acomodó los hechos: “…Salí con una columna de 130 hombres que había de dejar a orilla del Jaina, por no haber balsas para pasarlos…apenas vadeado el río, nos emprendieron a tiros los insurrectos, y salimos a golpe tendido, oyendo silbar centenares de balas…matándonos todos los caballos, incluso el mío, y hasta me rozó una bala en una pierna y otra atravesó el arzón, y tuve bastantes muertos y heridos…me replegué…salvé el peligro…estuvimos tres días sin comer, hasta que vinieron tropas nuestras a socorrernos”.
Ocultó que los restauradores, con un batallón de vanguardia que operaba en esa región, dirigido por el valiente oficial Juan Rondón, nativo de Las Matas de Farfán, realizó varias operaciones de finta en un circuito que se extendía desde Yaguate hasta la ciudad de Santo Domingo. Eso debió dolerle particularmente a él, graduado con honores a los 20 años en la Academia de Infantería de Toledo y diplomado de Estado Mayor con sólo 24 años.
La falsedad informativa de Weyler fue desnudada por el referido general José de la Gándara, que era su superior inmediato cuando el 9 de noviembre de 1863 ocurrieron los hechos relatados, y quien terminó siendo el último gobernador neocolonial (desde el 31-3-1864 hasta el 11-7-1865).
Al confirmar que había combatientes dominicanos ubicados en distintos puntos de esa zona sureña el susodicho jefe anexionista puntualiza que: “Por el otro lado del Jaina, de unos 400 hombres, había batido con gran pérdida un destacamento español (el de Weyler)”. (Anexión y Guerra de Santo Domingo, tomo II. Pp 93 y siguientes José de la Gándara).
Pero más aún, como una prueba adelantada de lo que muchas décadas después escribió el periodista y ensayista polaco Ryszard Kapuscinski, al abordar con la profundidad que lo caracterizaba sobre las mentiras de las guerras, hay dos oficios de contenido falso hechos por los jefes anexionistas sobre la participación de Weyler en el río Haina y sus contornos.
El primero, del 7 de noviembre de 1863, dice así: “El comandante de E.M. don Valeriano Weyler, con un capitán, cuatro subalternos, ciento veintiún individuos de infantería y seis de caballería se batió con el enemigo que en número de 30 hombres se hallaba en las alturas del camino de Hatillo. El resultado que tuvo fue dispersar al enemigo de sus posiciones ignorándose las bajas que tuvo. Por nuestra parte hubo un herido”.
El Otro oficio sobre los mismos hechos bélicos, redactado el 9 de noviembre de 1863, expresa que: “La columna del comandante Weyler volvió a batirse en el camino que va desde Haina a San Cristóbal. El resultado de esta operación fue replegarse la columna a sus primeras posiciones. El enemigo se presentó en número de 500 a 600 hombres y las pérdidas que tuvo fueron muchas, mas no se sabe el número. Las nuestras consistieron en seis muertos, un oficial y veintiún individuos de tropa heridos, y seis contusos”.
Esos partes militares, deformadores de la verdad de los hechos, fueron divulgados, como contribución al conocimiento de las futuras generaciones, por el consagrado historiador dominicano Emilio Rodríguez Demorizi.
De la falsa proeza de Weyler en los enfrentamientos citados del río Haina se hizo mención cuando se le otorgó la llamada Cruz Laureada de San Fernando. Valga decir, además, que por muchos hechos tenebrosos de su carrera como militar colonialista fue declarado marqués de Tenerife y duque de Rubí.
Salió de la restaurada República Dominicana en julio de 1865, cargando la amargura de la derrota. Sin embargo, el historiador Manuel Ubaldo Gómez señala, en su formidable obra titulada Resumen de Historia de Santo Domingo, que décadas después, cuando el 27 de febrero coincidía con su presencia en Madrid, el mencionado gerifalte anexionista visitaba el consulado dominicano como gesto de respeto a la soberanía nacional.
teofilo lappot
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