

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES
Provincia San José de Ocoa
La provincia San José de Ocoa fue creada en virtud de la Ley 66-00, aprobada por el Congreso Nacional el 6 de septiembre del 2000 y promulgada 9 días después, en la Gaceta Oficial No. 10058, del 15 de septiembre del 2000.
En las recopilaciones sobre indigenismo del italiano al servicio de la Corona española Pedro Mártir de Anglería y del dominicano Emiliano Tejera Penson hay consonancia en que la palabra Ocoa está etimológicamente vinculada con agua entre montañas.1
Esa provincia de montaña, que formaba parte del Cacicazgo de Maguana, y cuyo territorio se conocía como Maniel, está integrada por tres municipios: San José de Ocoa, cuyo poblado principal es la capital provincial; Rancho Arriba y Sabana Larga.
Tiene también cuatro distritos municipales: El Pinar, La Ciénaga, El Naranjal y Nizao-Las Auyamas. Esas comunidades, al igual que los municipios de los cuales dependen, están integradas por hombres y mujeres laboriosos que logran con el esfuerzo colectivo sacar de su tierra grandes cantidades de productos agrícolas y fomentan, además, una ganadería ovina de primera calidad. Abastecen en gran medida los mercados del país y generan divisas al exportar parte de sus cosechas.
Tres parques nacionales en San José de Ocoa
En la geografía de la provincia San José de Ocoa existen tres parques nacionales, gestionados al amparo de lo que disponen la Ley 64-00, sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales y la Ley 202-04,sobre el Sistema Nacional de Áreas protegidas. 2
Uno de ellos es el bautizado como Padre Luis Quinn, dentro del cual están las presas de Jigüey y Aguacate y los ríos Baní y Maniel. Está dotado de diferentes bosques, sobresaliendo los clasificados como seco y nublado. La loma La Tachuela es su mayor protuberancia. Su coordenada geográfica gira hacia la punta oriental de la Cordillera Central.
El Parque Nacional Valle Nuevo, cuyo nombre oficial es Juan B. Pérez Rancier, en honor a ese ilustre abogado santiaguero educado en su ciudad natal, Estados Unidos, Canadá y Francia. Fue alpinista y un enamorado de la naturaleza que dedicó gran parte de su vida a la defensa de los bosques y el medio ambiente en sentido general. Ese parque es compartido por San José de Ocoa, Constanza y el municipio de La Vega. Desde el año 1983 la vasta área que ocupa fue declarada reserva científica y fue elevado a la categoría de Parque Nacional en el 1996.
El Parque Nacional Montaña La Humeadora abarca porciones de las provincias San José de Ocoa, San Cristóbal y Monseñor Nouel. En su territorio nacen los ríos, Mahoma, Mahomita, Avispa, Yuboa, Maimón, Yuna, Haina, Guananito, Isa, Duey, Banilejo y Mana, así como decenas de arroyos y varios humedales.
La provincia San José de Ocoa tiene también numerosos saltos y algunos balnearios que hacen más placentera la vida entre sus valles, gargantas, collados y mogotes.
Sobre la producción agrícola, las sorprendentes bellezas naturales y la laboriosidad de los habitantes de la provincia de San José de Ocoa escribió con precisión y mucha ponderación, hace ahora casi 40 años, un gran dominicano ya fallecido, el ingeniero agrónomo Ramón Arturo Guerrero Valera:
«Encajonado en las estribaciones orientales de la cordillera central se encuentra el valle de Ocoa, y en medio de éste la población de San José de Ocoa. El valle de Ocoa es el principal centro de producción de papa en nuestro país. Además, allí se cultiva uno de los mejores cafés de exportación. La agricultura es la principal actividad en el valle….Para tener escuelas, la mayoría de los campesinos de Ocoa ha tenido que construirlas con su propio esfuerzo…En el caso de los caminos vecinales los campesinos han tenido que construirlos con sus propias manos en muchos lugares.»3
En el lejano 1858 el presidente Pedro Santana le dio categoría de común a San José de Ocoa, por las razones que se exponen en la ley emitida para esos fines.4
En las luchas por la consolidación de la Independencia Nacional, como en la gesta de la Restauración, así como en otros hechos bélicos de luchas intestinas, el territorio de San José de Ocoa ha sido escenario de enfrentamientos sangrientos.
Antes de ser declarada provincia, ese territorio formó parte de las provincias Azua, Trujillo y Peravia.
Una provincia ecoturística
San José de Ocoa fue declarada provincia ecoturística mediante la Ley 151-04, promulgada el 5 de abril del 2004.
Aunque el río Nizao nace en la Loma de Alto Bandera, al sur de Constanza, se tomó en consideración para la confección del texto legal mencionado en virtud de que esa importante corriente de agua dulce recorre la provincia San José de Ocoa de un extremo a otro. De dicho río se surten las represas de Jigüey, Aguacate y Valdesia, las cuales al abastecer en un 40% a la mitad de la población dominicana y sus visitantes. Eso equivale a suministrar el vital líquido al 20% de todos los que habitan en el país.
Para declarar esa provincia con la categoría especial de ecoturística se invocó, además, de conformidad con el tercer considerando de la citada ley, que ella «cuenta con una amalgama de lugares de sumo interés para el ecoturismo, como es el caso de El Maniel Lorenzo…, la loma de la Vigía o loma de la Cruz, El Alambique, Salto de Parra, Cueva de los Indios, El Roble, Las Yessicas, Rancho Francisco, entre otros lugares de atractivo turístico….»5
El río Ocoa
El río Ocoa nace en la parte norte de la sección La Nuez y se extiende hasta el mar Caribe, cuando desemboca en punta Ocoa, entre Sabana Buey y Palmar de Ocoa.
De esa rica fuente de agua escribió en el 1871 un investigador estadounidense de apellido Jacobs lo siguiente: «El lecho del río es ancho; lo cubren cantos rodados, árboles, piezas de caoba y pilas inmensas de cascajo que por su rapidez durante las crecidas arrastra la corriente desde la montaña. Si fuera de un solo brazo el río resultara demasiado ancho para ser vadeado, pero se divide en varios….sus corrientes son rápidas hasta su desembocadura en la Bahía de Ocoa.»6
Sin olvidar el mensaje multifacético de la frase del sabio de la antigüedad Heráclito de que «nadie se baña dos veces en el mismo río», es pertinente señalar que otro investigador estadounidense, de nombre Arch R. Marvine, también se refirió en el último tercio del siglo XIX al otrora caudaloso río Ocoa, diciendo que «el aluvión del valle del Maniel es muy denso en razón de haberlo mellado el río Ocoa y sus tributarios 100 pies en ciertos puntos. El drenaje completo efectuado de esta manera, combinado con la naturaleza más bien pedregosa del suelo, hace las sabanas menos fértiles que los valles montañosos más pequeños…» 7
En el año 1888 fue un explorador alemán llamado Richard Ludwig quien, caminando por la franja comprendida entre el lado sur del extremo oriental de la Cordillera Central y el litoral del mar Caribe, dejó para la posteridad esta pincelada con sabor ocoeño: El camino de Baní a Azua es pedregoso y seco, y en su segunda mitad conduce hasta el mismo mar; el río más caudaloso que puede desbordarse es el Ocoa, en cuya orilla izquierda se encuentra la mísera localidad de Sabana del Rey…»8
Breve mención del oro de Ocoa
El 12 de mayo de 1695 el Consejo de Indias autorizó a un minero andaluz, llamado Juan Nieto Valcárcel, con evidentes conexiones en los puentes de mando de la corona española, a fin de que realizara operaciones de minería en la isla La Española. Para esa época, por una miríada de motivos, la extracción y/o recolección de oro y otros metales habían prácticamente desaparecido en esta parte del Caribe insular.
Al referido Nieto no le fue como pensaba, más bien le fue mal, y así aparece en varios memoriales elaborados en esa época.
En un informe sobre las minas en Santo Domingo, del cual se han publicado extractos a través de los siglos, el frustrado minero de referencia hizo mención de la zona que ahora forma la provincia San José de Ocoa.
Así lo dejó escrito, sin lo del paréntesis: «En las sierras del Maniel (hoy San José de Ocoa), distancia de esta ciudad doce leguas, se dice por muy cierto que se halla mucho oro y muy granado. Es tierra, según se dice horrorosa; y por esto, algunas personas que han intentado entrar se han vuelto, de pavor que les da.» 9
Un ocoeño gritó guerra al invasor, en Puerto Plata
Apolinar Rey Hernández nació en San José de Ocoa. Algunos biógrafos dicen que su madre lo alumbró en el 1879, mientras otros indican que fue en el 1888, pero lo cierto es que fue un personaje con una historia que contar en las páginas de la historia dominicana.
Su importancia como hombre público no radica en su gubernatura de Santiago ni en su senaduría por San Pedro de Macorís ni en su diputación por La Vega.
Lo que realmente colocó a este personaje ocoeño en la historia nacional fue su papel protagónico cuando siendo gobernador de Puerto Plata (1915-1916) decidió enfrentar a los invasores norteamericanos que llegaron por esa zona del país para mancillar la soberanía nacional.
Cuando fue conminado por los mandos militares de ocupación a que se rindiera y entregara de manera pura y simple la zona del territorio dominicano bajo su mando se negó de manera abierta y se enfrentó en combates muy desiguales contra los cuerpos militares del país más poderoso del mundo. Tuvo de apoyo en esa valerosa decisión a otros patriotas como Silverio Pepén, Zuzú González y Rafael Pichardo.
El prolífico historiador Gustavo Adolfo Mejía relata que el último día del primero de mayo de 1916 el comandante de los navíos estadounidenses fondeados frente a Puerto Plata insistía en que si el ocoeño Apolinar Rey Hernández no se rendía iba a bombandear la ciudad hasta convertirla en un montículo de «polvo y cenizas».
Ante nuevas amenazas, el gobernador Apolinar Rey devolvió gallardamente el atrevimiento del invasor con una jaculatoria cargada de dignidad, pues envolvía un desafío de guerra: «Dígale al comandante que espero impaciente.»
El bando patriótico, tenido al General Apolinar Rey Hernández al mando, pudo milagrosamente resistir durante «tres días de encarnizado combate, en plena ciudad de Puerto Plata, la ciudad dormida al pie de Isabel de Torre, como una loba que despierta de su azoramiento, se erizó fieramente contra las tropas invasoras muy superiores en número y elementos de guerra.»10
Las lomas de Ocoa fueron refugio de esclavos rebeldes
En la clásica obra sobre la Isla Española su autor, Antonio Sánchez Valverde, hace referencia en varias ocasiones a Ocoa, ya sea el territorio, el río o la bahía.
En una edición revisada de la aludida obra hay abundantes anotaciones complementarias de los historiadores Rodríguez Demorizi y Fray Cipriano de Utrera sobre los acontecimientos desarrollados en la geografía de la que hoy es la provincia San José de Ocoa. Esas notas permiten tener una noción de su importancia desde los tiempos coloniales; cuando, como dijo Sánchez Valverde, había «excelentes pastos para toda especie de ganados, cuyas carnes son del gusto más delicado y muy abundantes en leche y grosura.» Se estaba refiriendo a una zona que se extiende «desde el río Nisao hasta el Ocoa.»11
Lo cierto es que San José de Ocoa siempre ha sido refugio para aquellos que huyen de la opresión. Durante cientos de años así lo ha consignado la historia.
El cimarronaje tuvo un papel protagónico en las protuberancias, valles y gargantas del territorio que hoy forma la provincia San José de Ocoa.
Las fugas de esclavos hacia los escondites que permite la orografía de esa zona del país eran constantes, colocando en grandes aprietos a las autoridades coloniales y provocando dificultades económicas a los amos que tenían en la esclavitud una fuente de riqueza inconmensurable, pues los esclavos eran parte sustantiva de su patrimonio.
Lo que ocurrió con el movimiento que se desarrolló en las lomas de Ocoa es comparable, poniendo sí gruesos matices, con lo que se produjo en la isla de Sicilia, 138 años antes de nuestra era, cuando los esclavos Cleón y Euno, con su lema de «guerra a los palacios, paz en las cabañas», pusieron en jaque a los esclavistas de los mares Mediterráneo, Jónico y Tirreno.12
Sobre lo anterior le correspondió al publicista de entonces Diodoro hacer su análisis sesgado de las derivaciones de la sublevación de los esclavos referidos y el historiador griego Alpiano haría lo propio para descifrar los propósitos que tuvo el amo Tiberio Graco para plantear la urgencia de crear condiciones que impidieran nuevas sublevaciones, como una especie anticipada del gatopardismo de mediado del siglo XIX de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, quien puso en boca de su personaje Tancredi, al abrazar a su tío que estaba lleno de pánico: «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.»13
Una revisión de los memoriales que se fueron acumulando desde que los esclavos, indígenas o negros, comenzaron a sublevarse arroja como resultado que la zona de San José de Ocoa fue uno de los puntos calientes de enfrentamientos entre éstos y las soldados al servicio de los colonialistas.
En el gobierno de Juan Melgarejo Ponce de León se produjo, en el 1649, una arremetida que pretendía arrasar con los cimarrones «en un maniel al norte de Baní», lo cual se frustró en esa ocasión por las filtraciones que llegaron a los oídos de los «más de 200 negros» que allí se refugiaban.
Ese mismo Melgarejo «denunciaba al rey que los negros del Maniel bajaban hasta Santo Domingo….por lo que había determinado enviar 100 hombre a la sierra capitaneados por Damián del Castillo y Juan Sánchez Aragonés…El oidor no dice dónde se hallaba el maniel, pero es de suponer que se refiere al llamado maniel viejo de Ocoa.»14
El que fue considerado por Américo Lugo como padre de la historiografía nacional, José Gabriel García, al analizar las decisiones que en el año 1667 tomó el gobernador colonial Juan de Balboa y Mogroviejo con relación a los lugares rebeldes creados por los esclavos fugados en las montañas ocoeñas, a donde envió al capitán Villalobos, puntualizó lo siguiente:
«Quedaron destruidos algunos, entre ellos el tenido por inexpugnable que había en Ocoa y llamaban El Maniel, del cual bautizó el día 13 de abril de 1667, veinte y cuatro niños…»15
Ocoa: donde se propagó la rebelión de esclavos negros
Ocoa, Maniel o lo que ahora es la provincia San José de Ocoa fue uno de los centros desde los cuales los cimarrones o esclavos negros en rebeldía propagaron su lucha ante el conculcamiento no sólo de su libertad, sino de su propia condición de seres humanos.
Así lo revelan cronistas de la era colonial, como Bartolomé de las Casas y el célebre y ladino Oviedo, entre otros.
En una obra cuya primera parte fue publicada en Sevilla, España, en 1535, el referido comentarista colonial Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés menciona el conflicto entre los colonizadores y los esclavos negros alzados en las montañas de Ocoa.
Dicho relator, con el lenguaje farragoso que se usaba entonces, hace esa mención al referirse a un viaje el almirante Diego Colón a la zona de conflicto: «…fueron a asentar real a una legua de Ocoa, que es donde está el ingenio poderoso del licenciado Zuazo…con determinación que el día siguiente, en esclareciendo, pensaban los rebeldes negros de dar en aquel ingenio e matar otros ocho o diez cristianos que allí había, e rehacerse de más gente negra…tenían pensado de ir sobre la villa de Azua y meterla a cuchillo y apoderarse de la tierra, juntándose con otros muchos más negros que en aquella villa hallaran de otros ingenios…»16
El maniel como fuente de prebendas
La verdad sea dicha. La convulsa historia desarrollada en la isla de Santo Domingo, desde la llegada de los españoles, ha sido una inagotable fuente de verdades amargas, hechos sorprendentes, acontecimientos absurdos, paradojas, contradicciones y expresiones de los más bajos instintos de seres humanos que movían los hilos de sus vidas al margen de la más leve brizna de dignidad.
Es por ello que al estudiar la etapa del cimarronaje criollo se verifica que el maniel fue utilizado por algunos para obtener prebendas gracias a los abusos que cometían contra los alzados.
Un ejemplo del pasado ejemplifica lo anterior: Mediante oficio del 29 de octubre de 1789 la autoridad colonial le hace saber al Dr. Juan Bobadilla que el rey lo premiará por ser él «pacificador de negros del Maniel.»17
Los rebeldes negros en Ocoa y sus costumbres
De la hojarasca dejada en interminables memoriales por los escribanos al servicio de las autoridades coloniales españolas se ha podido extraer, separando la paja del heno, que entre las razones que tuvieron los esclavos negros que un día emprendieron la fuga hacia las estribaciones de San José de Ocoa estaba su negativa a dejar el conjunto de tradiciones culturales, religiosas y artísticas que formaban parte de su existencia como seres humanos surgidos en contextos diferentes al de sus verdugos. Es decir, que su ethos espiritual aunque mellado no fue aniquilado. Los resultados de eso aún están a la vista.
Analizando lo ocurrido tanto en San José de Ocoa, como en otros lugares del país, se verifica que los alzados en los manieles mantuvieron, en lo que les fue posible, sus costumbres ancestrales y en eso no se dejaron vencer del todo.
Los colonialistas españoles idearon múltiples planes de sumisión y crearon valladares para enfrentar las fugas. El objetivo central era mantener bajo su férula a los esclavos negros.
El incansable escudriñador de la era colonial en el país, historiador Carlos Esteban Deivi, ha analizado lo anterior partiendo de un proceso mixto de destrucción de las culturas tribales de los negros (definida como deculturación) y mediante la llamada transculturación, que no era otra cosa que tratar de que los esclavos traídos de África «asimilasen la cultura del hombre blanco, superior, según creencias de la época, a la de los africanos.» En ambos casos no hubo triunfos totales.18
Dicho lo anterior, a pesar de que se sabe que los negros rebeldes que subieron a los escarpados cerros y mogotes de San José de Ocoa, cargados de grandes y frondosos árboles, entre ellos pinos y otras coníferas, fueron víctimas del avasallamiento de las armas españolas, siendo el temible Juan Villalobos uno de los más sanguinarios en las zonas de Manieles Viejo de Ocoa y Maniel de los Lorenzos.
Considero que por sus impresionantes conocimientos y certeros juicios, quien aborda con más claridad de detalles el tema del cimarronaje en Maniel u Ocoa, con análisis correctos sobre la historia de esa zona del país, desde sus más remotos orígenes hasta la época moderna, es el preclaro ocoeño Dr. Alexis Ortiz Read, notable personalidad en quien se conjugan un conjunto de cualidades pocas veces reunidas en una misma persona. Es autor de más de diez libros sobre Derecho, pero en la faceta de historiador de su pueblo basta con leer el libro de su autoría titulado Cimarrón, Maniel y Ocoa para comprender el por qué San José de Ocoa ha tenido un papel relevante en la historia dominicana.19
Combate del Pinar
La entonces sección El Pinar fue convertida el 20 de enero del 2004 en un Distrito Municipal, con ese mismo nombre, en virtud de la Ley 1504. Los Corozos, El Cercado y Los Tramojos forman parte del mismo, en calidad de secciones.
Ese distrito municipal fue centro de encarnizadas luchas entre los patriotas dominicanos y los invasores haitianos.
Basta, por ejemplo, acudir al legajo de las comunicaciones emitidas por el General Pedro Santana. Una carta suya del 20 de agosto de 1861, dirigida a las autoridades anexionistas, pero refiriéndose al General Felipe Alfau y a un combate escenificado en El Pinar, en los albores de la Independencia Nacional, explicaba:
«Que a la cabeza de un corto destacamento destinado a defender toda la jurisdicción del Maniel (San José de Ocoa) marchó dicho General por donde el enemigo intentaba flanquear nuestro Ejército, y logró rechazar y poner en fuga una división enemiga, muy superior en número, en el Combate del Pinar ocurrido el día 30 de abril de 1844.»20
El General Gregorio Luperón en los caminos ocoeños
Los infolios amarillos de nuestra historia contienen detalles importantes sobre las idas y venidas por los caminos, veredas y atajos del territorio de Ocoa del General Gregorio Luperón, la primera espada de la guerra de liberación nacional conocida como la Restauración.
El Maniel, como también se le llamaba en el pasado a San José de Ocoa, era, como lo es ahora, el paso más frecuente para comunicar a los pueblos del Cibao con la región Sur del país. De ahí que muchos acontecimientos de nuestro pasado se desarrollaran allí.
Es por ello que figuras como Gregorio Luperón (de quien Rufino Martínez dijo que «su contextura espiritual es una expresión de los caracteres fundamentales de nuestra alma popular») activaran sus acciones patrióticas desde el territorio que hoy forma la provincia San José de Ocoa.
En sus notas autobiográficas, cuyo primer tomo fue publicado en Ponce, Puerto Rico, en el 1895, el General Gregorio Luperón menciona varias veces al Maniel: «Luperón se proponía alcanzarlo con la caballería antes que llegaran al Maniel…encontró una escolta que traía presos al General Modesto Díaz y los coroneles Valera y Demetrio Álvarez…Se los llevó como hombres respetables y emparentados con familias del Maniel y Baní.»21
Máximo Gómez en San José de Ocoa
El banilejo Máximo Gómez fue uno de los libertadores de Cuba. Llegó allá a ostentar por méritos propios el grado de Generalísimo del Ejército de Liberación. Combatió en favor de la causa de los cubanos desde los albores de la Guerra Grande, así llamado el primer tramo libertario que se extendería desde 1868 hasta 1878, en la isla más grande de las Antillas.
En la República Dominicana llegó a Capitán, rango para el cual fue recomendado por el General José María Cabral por su brillante desempeño en la batalla de Santomé, librada contra los invasores haitianos en San Juan de la Maguana en el 1855.
Cuando se produjo la Anexión a España, evidentemente que influenciado por la poderosa familia Mota, de Baní, a la cual debía mucho, decidió mantenerse al servicio de ese clan económico-militar que era partidario de la Anexión a España.
Es en ese contexto que el joven capitán Máximo Gómez quedó designado como ayudante del coronel Heredia, vinculado por motivos matrimoniales con los Mota, y jefe militar de San José de Ocoa.
Gómez fue apresado por los restauradores, mientras se movía «por atajos y veredas» en las lomas ocoeñas, en la ocasión colocado erradamente en el bando anexionista.
El muchas veces vilipendiado general Pedro Florentino le salvó la vida, a pesar de que no pudo convencerlo de que la justicia estaba en favor de los restauradores, pues buscaban devolverles la soberanía a los dominicanos.
En nota levantada ante un notario cubano el 21 de febrero del 1866, Máximo Gómez recordaría su paso por San José de Ocoa de esta manera: «Dijo que…con 50 voluntarios de las Reservas marchó a auxiliar al pueblo de San José de Ocoa…Que el mismo año (1861)…desde el expresado punto de San José de Ocoa marchó a Santo Domingo con objeto de hacer presente al Exmo. Señor Capitán General las perentorias necesidades para sostener el expresado punto. Que efectuada por orden del Gobierno la evacuación de San José de Ocoa el 13 de Octubre del año citado se ocultó en los montes…que a pesar de la cautela con que andaba fue sorprendido…por una ronda del Cabecilla Pedro Florentino…»22
Vale decir que las tareas realizadas por Máximo Gómez, en su confundido papel de anexionista, se limitaron esencialmente a operaciones llevadas a cabo en el territorio de San José de Ocoa.
Pero la grandeza de Gómez fue superior a ese error conductual que enmendó cuando, colocado «en el altar de su conciencia», comprobó que él estaba hecho para defender la libertad y que su tendencia anexionista no fue más que una especie de interludio con sonido de chicharras.
La realidad, que es el crisol de la verdad, demuestra que la rectificación de Gómez fue plena, total y absoluta, tanto en los hechos como en sus escritos para la posteridad.
Máximo Gómez, ya famoso en Cuba, en ocasión de un viaje a Jamaica, al observar casi en lontananza la tierra donde nació, escribió en su Diario de Campaña lo siguiente:
«Oh Patria mía: Veinte años hace que te dejé y no había podido mirarte una sola vez…No me culpes de ingrato: No era bastante hombre cuando el Destino me empujó hacia otras playas….No caiga sobre mí la luz purísima de tu cielo…mientras no lleve un nombre digno de ti…»23
Ocoa en la guerra contra los haitianos
Hay abundantes datos, crónicas y relatos sobre Ocoa como escenario bélico de diferentes batallas libradas a través de nuestra accidentada historia. Razones geo estratégicas así lo determinaron. Como el referido enfrentamiento en El Pinar.
Pero es pertinente citar a un historiador dominicano y a otro haitiano para que se tenga una idea panorámica del protagonismo ocoeño en la consolidación de la independencia dominicana.
Rodríguez Demorizi dice que «el combate de Ocoa fue el último librado en la campaña de 1849.»24
Por su parte Dorsainvil, el acucioso historiador haitiano, dejó escrito que «nadie supo nunca por qué Soulouque hizo batir la retirada de Ocoa. Nadie lo ha sabido jamás, y los documentos de la época no dicen una palabra de la heroica muerte del general Luis Michel.»25
El Padre Luis Quinn en San José de Ocoa
El sacerdote Luis Quinn ha sido, sin ningún resquicio de duda, una de las personas que más impactó positivamente en toda la existencia de San José de Ocoa.
Nació en una ciudad de Inglaterra el 12 de enero de 1928 y murió en una floreciente urbe del sur de la Florida, en los Estados Unidos de Norteamérica, pero vivió a plenitud durante más de 40 años en San José de Ocoa, donde no se limitó a dar misas con alzacuello ( dicho sea de paso sus sermones eran de un fervor religioso cautivante, rasgando su guitarra y entonando cánticos de alabanza cristiana) sino que desarrolló una labor social encomiable en favor de sus habitantes, especialmente de los más humildes, «los del montón salidos», como dice el poeta petromacorisano Federico Bermúdez Ortega en su poema A los héroes sin nombre.
Entre los hitos que por su tenacidad, perseverancia y amor al prójimo dejó en San José de Ocoa el siempre bien recordado padre Luis Quinn son dignos de resaltar el levantamiento de decenas de centros comunitarios, la construcción de decenas de escuelas, tanto para la denominada docencia formal, como para el aprendizaje de oficios artesanales, la pavimentación de cientos de kilómetros de carreteras, el mejoramiento de cientos de viviendas, decenas de ramales para enriquecer la calidad de la tierra con reguío; siembra de millones de árboles de diversas especies, hidroeléctrica, cooperativas, juntas campesinas y muchas otras actividades para beneficio del pro común. Propició la creación de una asociación para el desarrollo de esa provincia, con el interés bien fundado de que su obra fuera continuada y ensanchada por otros.
La de Ocoa, una iglesia con historia
El templo católico que hoy exhibe con gran esplendor la ciudad de San José de Ocoa, pasó por varios procesos germinales para llegar a ser lo que ahora es.
Sus comienzos datan del siglo XIX, en tiempos en que el país estaba anexionado a España. El iniciador de su construcción, por mandato edilicio, fue el sacerdote José Perdomo, quien guió a carpinteros y ebanistas que edificaron un local de madera y techo de zinc, sin pretensiones mayores. La primera misa estuvo a cargo del cura Francisco Pereyra.
A los pocos años de celebrarse en ese templo ( ubicado en el corazón del poblado) misas, bautizos, responsos y otras actividades propias del rito religioso católico, un fuego de origen desconocido convirtió en nada dicha iglesia, volviendo a quedar aquel lugar en un descampado donde ahora está el bien arborizado parque municipal de aquella pujante comunidad.
En el año 1893, se construyó otro templo, también con maderamen y otros elementos susceptibles de tener vocación de poca duración. Después de muchos esfuerzos se terminó el hermoso y actual templo católico. Fue inaugurado el 20 de enero del 1940, con la presencia en el lugar del entonces Arzobispo de Santo Domingo, el salesiano Ricardo Pittini, el mismo que por su extremada delgadez solía decir que no se había muerto porque tenía «el alma enredada entre los huesos.»
El consagrado historiador J. Agustín Concepción, integrante de una estirpe de sólidos intelectuales veganos, en una obra clásica para la historia local, abundó sobre ese templo católico y otros temas de gran interés en la historia ocoeña.26
Municipio de San José de Ocoa
Según la opinión más difundida el núcleo inicial del municipio de San José de Ocoa, con su principal ciudad a la cabeza, tiene su origen en el 1810, fecha en la cual unas cuantas familias banilejas se establecieron en lo que entonces se conocía como Maniel de Ocoa.
Pero algunos sostienen que su creación fue entre el 1750 y 1760, durante los gobiernos coloniales de Pedro Zorrilla San Martín, Juan José Colomo, José de Zunnier, Francisco Rubio Peñaranda y Manuel Azlor de Aragón y Urríez.
En su largo itinerario como población dominicana San José de Ocoa ha sido puesto cantonal de Baní (1854); común de la ciudad de Santo Domingo (1858); comandancia de armas (1861) y municipio de Baní y de Azua.
Ese municipio está enclavado en la parte sur de la provincia del mismo nombre, y allí está la capital provincial, que es una ciudad dinámica, con calles asfaltadas, limpias, un comercio activo, personas amables y laboriosas y con uno de los parques municipales del país que tienen mejor arquitectura del paisaje.
La ciudad de San José de Ocoa, edificada cerca de la orilla oriental del río Ocoa, es famosa por múltiples razones, entre ellas por sus galletas y por los dulces de higo, en sus diferentes formas, así como por su rica gastronomía.
El censo de población y vivienda del 2010 arrojó como resultado que ese municipio poseía para esa fecha cerca de 40 mil habitantes.
Municipio Sabana Larga
El municipio de Sabana Larga debe su creación a la referida Ley 66-00, publicada el 6 de septiembre del 2000, teniendo como siamesa geográfica a la sección La Horma. Tenía entonces 12 años como distrito municipal, al amparo de la Ley No.57 del 15 de junio de 1988, promulgada en la Gaceta Oficial No.9737.
De conformidad con el ya aludido último censo de población y vivienda, correspondiente al año 2010, en Sabana Larga las tres cuartas partes de su población viven en la parte urbana y el resto en los campos. Para entonces tenía cerca de diez mil habitantes.
Su economía es esencialmente agrícola, con una gran siembra y cosecha de papas, cebollas, hortalizas y extensos cafetales, en los últimos lustros se ha incentivado la producción a través de invernaderos, cuya recolección se destina principalmente para la exportación.
Municipio Rancho Arriba
El municipio de Rancho Arriba también adquirió esa condición con la mencionada Ley 66-00, publicada el 6 de septiembre del 2000. Posee la sección Mahoma. Antes de eso era un distrito municipal, fruto de la unión de las entonces secciones Rancho Arriba y Arroyo Caña. Así lo determinó la Ley No.18-89. 27
Es un hermoso valle flanqueado por verdes y ubérrimas montañas que hacen del mismo un lugar idílico.
Rancho Arriba es un municipio de una altísima producción de café, pero también otros productos de la tierra son cosechados en grandes cantidades allí. Hay decenas de grandes viveros cuya recogida de frutos es de una alta rentabilidad por el manejo moderno de los mismos.
Diferente a su vecino Sabana Larga, en Rancho Arriba dos terceras partes de la población moran en las áreas rurales y el resto en el caso urbano. Ello dicho en seguimiento de lo que arrojó el censo de población y vivienda del 2010, que le atribuyó poco más de diez mil habitantes.
La guerrilla de Caamaño en territorio ocoeño
El día 2 de febrero del año 1973 nueve valientes dominicanos salieron de un pequeño barco nombrado Black Jak, que los trajo hasta Playa Caracoles, en la bahía de Ocoa.
Penetraron hacia su destino por el pequeño poblado de Las Charcas, cabecera del municipio del mismo nombre, en la provincia de Azua. De Las Charcas el ilustre Eugenio María de Hostos había dicho hace más de 130 años, en su Relato del Ozama al Jura, que tenía inextricables espinares, pero que estaba dotado del «encantado que tienen los edenes del Atacama y del Zahara».
La expedición armada que buscaba restablecer los fueros constitucionales del pueblo dominicano, permanentemente pisoteados por el régimen de entonces, fue encabezada por el ex presidente de la República Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, el cual llegó a tierra dominicana acompañado de Heberto Giordano Lalané José, Claudio Caamaño Grullón, Juan Ramón Payero Ulloa, Hamlet Hermann Pérez, Mario Nelson Galán Durán, Alfredo Pérez Vargas, Ramón Euclides Holguín Marte y Toribio Peña Jáquez.
En relativamente poco tiempo los combatientes ya se encontraban en territorio de la provincia San José de Ocoa, en cuya geografía se presentaron los principales combates con las fuerzas militares regulares enviadas allí para combatir a los intrépidos insurrectos.
El Sexto Batallón de Cazadores del Ejército Nacional tuvo en la ocasión un papel importante, pero no glorioso, pues el coronel Caamaño no murió en combate ((como decían los partes oficiales), sino que el 16 de febrero de 1973 fue herido, capturado y asesinado en el paraje Nizaito, sección La Horma del hoy municipio Sabana Larga, provincia San José de Ocoa.
El crimen contra el Coronel Caamaño y algunos de sus compañeros de lucha se trató de un acto de perversión, desde cualquier ángulo que se le enfoque. Esa atrocidad no pudo cometerse sin la autorización del presidente Balaguer, por más que se haya querido dorar la píldora, buscando exculparlo de esa responsabilidad histórica. La frase «aquí no hay cárcel para ese hombre» (que los mismos mandos militares de entonces atribuyeron en confidencias entre cúmbilas a ese mandatario) es una de las pesadas losas que aplastan su memoria como personaje de la historia criolla.
En la obra Caracoles la guerrilla de Caamaño, publicada en el 1980 por Hamlet Hermann, participante en esa jornada bélica, se describe el intento de abrir las puertas de la libertad del pueblo dominicano, oprimido por una camarilla de estructura cívico-militar que le negaba derechos esenciales.
En el libro Francis Caamaño el Ing. Hermann Pérez dejó esta nota para la historia: «En la ladera de la loma Cuero de Puerco la situación se había desarrollado rápidamente…Cuando Caamaño trató de acercarse a Lalane… fue capturado con una ligera herida y llevado junto a Lalane hasta las cercanías del camino maderero…Entonces llegó un oficial superior del Batallón de Cazadores a buscar a los prisioneros…»28
En un libro hecho al alimón entre el referido autor y el general Matos González, se relata con más detalles aún lo que ocurrió en la zona rural de Sabana Larga, San José de Ocoa, con Caamaño y parte de sus compañeros de lucha.
Los lugares montañosos conocidos como Arroyo Manteca, Banilejo, Los Caños, La Ciénaga, Las Yautías, Los Manaclares, Nizao y otros fueron en la ocasión teatros de enfrentamientos. Fue desde territorio ocoeño que se pronunciaron estas fatídicas palabras, un día de febrero-73: «A todas las águilas, a todas las águilas, aquí el capitán Mejía. Tengo al coco mayor…» Se refería el susodicho militar a la captura del coronel Caamaño. Después el presidente Balaguer se encargaría de fabular sobre el crimen perpetrado contra el más grande dirigente patriótico del siglo XX dominicano.29
Bibliografía:
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2-Leyes 64-00 y 202-04.
3-La Coyuntura Agraria Dominicana 1976-1990.Editora Amigo del Hogar. 2017.pp 91-94.Obra póstuma. Ramón Arturo Guerrero Valera.
4-Ley 567-1858.Bloque de leyes de dicho año.
5- Ley 151-04, promulgada el 5 de abril del 2004.
6-Informe de la Comisión de Investigación de los E.U.A. en Santo Domingo, 1871. Editora Montalvo, 1960, p260. E. Jacobs.
7-Ibídem, p250. Arch R. Marvine.
8-Santo Domingo visto por cuatro viajeros 1850-1889.Editado por la Academia Dominicana de la Historia, 2016.p64. Richard Ludwig.
9- El oro en la historia dominicana. Editora amigo del hogar, 2016.p112. Frank Moya Pons.
10-El grito de guerra de Isabel de Torres. Gustavo Adolfo Mejía. Inserto en el libro Los intelectuales y la intervención militar norteamericana, 1916-1924. Editora Centenario 2017.pp104 y 105.Compilado por Alejandro Paulino Ramos, bajo el auspicio del Archivo General de la Nación.
11-Idea del valor de la isla Española. Editora Nacional, 1971. Anotaciones de Emilio Rodríguez Demorizi y Fray Cipriano de Utrera. Antonio Sánchez Valverde.
12-Los romanos y su imperio. Editorial Cartago,1966. p68 J. Burián y J. Jarda.
13-El Gatopardo. Editorial Longseller, noviembre 2001, Argentina. Giuseppe Tomasi de Lampedusa.
14-Los guerrilleros negros. Editora Taller, 1989.p81. Carlos Esteban Deive.
15-Obras Completas, vI; t1.Editora Amigo del Hogar,2016. p142. José Gabriel García.
16-Historia general y natural de las Indias. Libro Segundo, capítulo IV. Oviedo- Las Casas. Crónicas Escogidas, Editora Corripio 1988.pp122 y 123.Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés.
17-Noticias históricas de Santo Domingo v.III. Editora Taller, 1979.pp293 y 294. Fray Cipriano de Utrera.
18- El ahorro de origen africano. Carlos Esteban Deivi. Inserto en el libro La cultura del ahorro en la República Dominicana, del situado a la banca. Edición 2015. pp39-55.
19-Cimarrón, Maniel y Ocoa. Editora Alfa y Omega,1986. Alexis Ortiz Read.
20-Hojas de servicios del Ejército Dominicano. vI, 1844-1865. Editora del Caribe, 1968,p34. Emilio Rodríguez Demorizi.
21- Notas Autobiográficas y apuntes históricos. Editora de Santo Domingo, 1974,tI, pp174 y 175. Gregorio Luperón.
22-Obras Completas. Ensayos históricos. Editora Corripio,1994. pp90-92. Sócrates Nolasco.
23-Diario de Campaña. Editora Mediabyte, tercera edición dominicana. Máximo Gómez.
24-Guerra Dominico-haitiana. Impresora Dominicana, 1957.p418. Emilio Rodríguez Demorizi.
25-Manual de Historia de Haití. Publicado en el 1934.p258. J. C. Dorsainvil.
26-Un siglo de vida ocoeña, 1858-1958. Editora Alfa y Omega, 1986. Segunda edición. J. Agustín Concepción.
27-Gaceta Oficial No.9758, del 30 de abril de 1989.
28-Francis Caamaño. Editora Alfa y Omega,1983.pp463 y 464. Hamlet Hermann Pérez.
29-El guerrillero y el general. Editora Alfa y Omega,1989.p123,130,135, 136,140,302 y 309. Hamlet Hermann y Ramiro Matos González.
2018-11-02 23:02:14