

POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES
Municipio Luperón
El nombre original del municipio Luperón era Blanco, está ubicado a unos cuantos kilómetros al Este del lugar donde se estableció la primera población de origen español en América, conocida en principio como La Isabela, hoy Ruinas La Isabela.
Aunque antes existían allí algunos bohíos y ranchos dispersos, lo cierto es que el caserío inicial, con criterio de unidad y ciertas reglas de convivencia comunal, fue creado en el 1863. Ese hecho fundacional fue bajo el impulso de las acciones bélicas surgidas con motivo de la Guerra Restauración.
En el 1907 el periodista Enrique Deschamps describía esa comunidad así: «Está situada en el puerto de su mismo nombre, en un punto próximo al en que fue establecida por Colón la ciudad de La Isabela, primera ciudad española en América de la cual quedan los escombros. Tiene excelentes terrenos apropiados a la agricultura y a la ganadería.»1
Las crónicas del pasado coinciden en que el territorio antes llamado Blanco, hoy Municipio Luperón, tenía inmensos bosques, desde la ensenada de Puerto Plata hasta la conocida como Suflé. De los árboles que allí crecían se sacaban miles de pies cúbicos de maderas preciosas y resistentes, muy solicitadas por las industrias madereras del país y del exterior.
Meriño, Abad, Rodríguez, Deschamps, Ravelo y otros geógrafos e investigadores dominicanos dejaron importantes notas resaltando las cuevas y grutas que ocupan parte del actual Municipio Luperón.
En esas grutas se encontraron en el pasado muchos símbolos propios de las creencias de los aborígenes, especialmente cemíes de madera y de cerámica, que en su forma escultural representaban los espíritus del pasado.
El destino del héroe y mártir Pepillo Salcedo tuvo alguna vinculación con el puerto entonces llamado Blanco, pues uno de los artificios empleados por sus enemigos fue hacer creer que había sido designado en ese punto marítimo del litoral norte del país.
Así describe lo anterior Pedro M. Archambault: «El general Medrano, con la orden de fusilamiento en el bolsillo, le hizo creer a la señora (la esposa de Pepillo, nota de TLR) que ya el general Salcedo estaba libre y que el Gobierno le destinaba al mando del puesto marítimo de Blanco, por donde se esperaba una expedición española…»2
En el año 1875 la aldea de Blanco fue convertida en una avanzada militar del entonces distrito marítimo de Puerto Plata, y siguió manteniendo esa dependencia cuando en el 1907 desaparecieron de la literatura geográfica dominicana los distritos marítimos y los puestos cantonales.
A ese territorio se le honró con el nombre del insigne General Gregorio Luperón el día 18 de noviembre de 1927, fecha en que la Ley 846, creada para tales fines, fue promulgada.3
El Municipio Luperón se ha convertido en un atractivo turístico y sus tierras son altamente productivas, con una ganadería bovina muy importante y con una agricultura dinámica, especialmente por el cultivo de maíz y plátanos, que reciben los beneficios de los ríos Bajabonico, Lorán, Caonabo y Cabía, así como de diversos arroyos.
Belloso y El Estrecho son dos de sus dependencias distritales, pero también posee decenas de Secciones y Parajes.
Primera misa en América
Le correspondió a Fray Bernardo Boil ofrecer la primera misa católica en el Continente luego llamado América. El hecho histórico se produjo el 6 de enero de 1494, luego del segundo viaje que hizo Cristóbal Colón, atravesando el Océano Atlántico.
El escenario escogido fue un terreno yermo, acondicionado para la ocasión en La Isabela, de cara a la bahía del mismo nombre, y muy cerca de la desembocadura del Río Bajabonico.
Las crónicas y reseñas que se hicieron de ese solemne acto revelan que el sacerdote Boil utilizó apropiadamente varios textos bíblicos, enfatizando en los valores milenarios de la condición humana.
La Isabela: del Papa Alejandro VI al Papa Francisco
El referido Papa Alejandro VI era español de estirpe valenciana. Su nombre de pila era Rodrigo de Borja, y también tenía ascendencia aragonesa y catalana. De su paso por la Cátedra de San Pedro se han escrito millones de páginas nada halagüeñas, pero recrear su Papado no es de lo que se trata ahora.
Con motivo del segundo viaje de Cristóbal Colón al llamado Nuevo Continente, acompañado entonces por el sacerdote y diplomático Bernardo Boil, el Papa Borja emitió con fecha 3 de mayo de 1493 dos Bulas: la famosa Eximiae devotionis y la Inter Caetera, conteniendo ambas cosas, cositas y cosotas sobre las tierras que hoy se conocen como América.
En resumen, ambos textos papales contienen la decisión del entonces cabeza de la Iglesia Católica de que los reyes de España (Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla) tutelaran el proceso de evangelización de los indígenas que habitaban las tierras conquistadas.
Las investigaciones que se han realizado durante siglos en los Archivos de Indias, resguardados en la ciudad de Sevilla, a orillas del río Guadalquivir, han revelado que la tónica del Sermón de Fray Bernardo Boil en la referida misa de La Isabela estaba en diapasón con las directrices del citado Papa Alejandro VI, quien lo invistió con la alta calidad de Legado Pontificio, tal vez para darle mayor preeminencia a ese primer acto del Sacramento de la Eucaristía en este lado del mundo.4
Probablemente esa primera misa en un descampado cercano al estuario del mencionado Río Bajabonico fue el primer peldaño reflexivo que llevaría mucho tiempo después al filólogo y escritor Marcelino Menéndez Pelayo a proclamar que la grandeza y la unidad de España descansaban en el hecho que él resumió así: «España, evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…»5
El día 6 de este mes se cumplieron 525 años de esa primera ceremonia católica celebrada por el padre Bernardo Boil. Para recordar ese acontecimiento el Papa Francisco, argentino de ascendencia italiana, designó como su «Enviado Extraordinario» a Gregorio Cardenal Rosa Chávez, salvadoreño que es en los hechos el albacea del compromiso social y religioso de monseñor Romero, aquel valiente mitrado asesinado por defender a los sin voz, y que hoy forma parte del santoral católico.
El Cardenal Rosa Chávez, en la misa conmemorativa que celebró el 5 de enero del 2019 en el Templo de Las Américas, construida en un altozano del lugar conocido como El Castillo, en territorio de La Isabela, escoltado por todos los Obispos dominicanos, dijo una verdad redonda y rotunda: «aquí comenzó todo.»6
Las palabras sabias y sopesadas del Cardenal llegado del «Pulgarcito de América», como llamó el poeta Roque Dalton García a El Salvador, dejó la certidumbre de que siempre fue un mito aquello que quisieron vender los conquistadores y colonizadores de que Dios era español. Esa creencia llevó al padre Calpena a decir el 2 de mayo de 1898, en la Catedral de Madrid, al bendecir los nuevos cañones de los soldados españoles que iban a combatir la guerra de liberación de los cubanos, que: «A España le está encomendado un destino providencial en la historia…El pueblo español es el campeón del cristianismo….su historia es la del soldado de la civilización cristiana…»7
Cristóbal Colón entre pinares y panales de miel
La meritoria historiadora dominicana Flérida de Nolasco, haciendo una cita oportuna, traslada a su obra titulada Clamor de Justicia en la Española 1502-1795, esta vivencia colombina ocurrida en La Isabela:
«Y que costoso le fue al Gran Almirante, abandonar la Isabela, porque «parece que el hombre nunca querría partir de allí: los aires dulces y sabrosos; los árboles huelen a maravilla; pinares, panales de miel, palmas de seis u ocho maneras distintas…La Española es para ver, y si vista, para nunca dejar; hermosa en grado sumo.»8
La conquista y colonización de América
No estaría ayuno de fuerza lógica el concepto de que fue en La Isabela donde comenzó el proceso de Colonización de América. Y donde, además, se trazaron las líneas maestras que determinarían los azares del continente y sus primeros protagonistas. Los hechos, tozudos como son, así robustecen la certidumbre de lo anterior.
Tal vez por ello el historiador dominicano Ciriaco Landolfi (fallecido hace 5 meses) arranca su opinión sobre el inicio y el fin de Cristóbal Colón y su parentela de esta manera: «En realidad, la historiografía colombina ha tenido desde el mismo siglo XVI unas líneas engrosadoras e interpretativas zigzagueantes.»9
El Fuerte de la Navidad
El 25 de diciembre de 1492 la nao Santa María, principal embarcación del periplo iniciático de las cuatro travesías atlánticas de Colón, zozobró en las aguas de la Bahía La Isabela.
Con el maderamen de dicho barco ordenó el Gran Almirante que se construyera el llamado Fuerte de La Navidad, donde quedaron alojados los navegantes que con él llegaron, excepto los que volvieron a España en su compañía para enterar a los monarcas del resultado del primer viaje, llevando pruebas que incluían indígenas y mucho oro.
Los registros históricos recogen que en dicha fortificación primero hubo un amotinamiento de los españoles, debilitando la autoridad de los jefes militares, y luego una acción de los indígenas encabezados por el Cacique Caonabo. La fortaleza quedó hecha trizas y perecieron todos los conmilitones de Cristóbal Colón que allí esperaban su retorno.
En una novela con trazos históricos una talentosa psicóloga y novelista española, tomando como escenario un imaginario diálogo entre Cristóbal Colón, el Rey Fernando y la Reina Isabel La Católica, recreó un acontecimiento de gran impacto ocurrido en La Isabela, cuatro meses después de que el célebre navegante genovés zarpara de la canaria isla de la Gomera, al comenzar lo que sería la conquista y colonización de la América situada al sur del Río Bravo:
«…un lance inesperado hizo encallar a la nao Santa María. Nada pudo hacer para salvarla: encalló y se hundió…Decidimos construir un fuerte en una de las islas. Como tal suceso tuvo lugar el día 24 de diciembre lo llamamos el fuerte de Navidad.»10
Fundación del caserío La Isabela
En el segundo viaje efectuado por Cristóbal Colón sobre las ondulaciones marinas del Océano Atlántico llegó de nuevo a La Isabela y antes el desastre que encontró decidió fundar en ese lugar el primer caserío de origen español en el llamado Nuevo Continente.
De conformidad con las informaciones consultadas sobre la población asentada allí, se acercaban a dos mil los españoles que habitaron esa primera comunidad, con cuyo nombre se enaltecía a la reina española que contribuyó a la aventura colombina.
El almirante Cristóbal Colón puso al frente del poblado a un valido suyo de nombre Antonio Torres, que había capitaneado la nao Marigalante, que fue el primer nombre que tuvo la que luego se designó con el nombre de Santa María. Este sujeto creó todo un entramado de corrupción y extorsión en la zona, siendo precursor en esa materia (en La Española) del célebre tesorero Cristóbal de Santa Clara, considerado de manera documental como el primer depredador o pillo de fondos públicos por estas tierras caribeñas.
Fue a ese Antonio Torres a quien Colón entregó el 30 de enero de 1494 un Memorial dirigido a los Reyes Católicos, en el cual incluyó una súplica de besa manos y pies, un deseo de morir bajo su servicio y otras zalemas parecidas.11
Muchas de las primeras cosas registradas en América tuvieron su origen en ese territorio situado en la parte más al norte de la República Dominicana.
Esa primera comunidad llamada La Isabela apenas duró cuatro años.Diversos factores, especialmente el oro encontrado en otros lugares, motivaron que fuera abandonada ( por eso el apelativo posterior de las ruinas) y se fundara con parte de sus moradores la ciudad de Santo Domingo, que desde entonces pasó a tener la principalía entre los poblados que se fueron creando a lo largo y ancho de la isla La Española.
Ruinas La Isabela tiene categoría de Parque Nacional, en la especialidad de histórico, por ser el mismo un museo arqueológico a cielo abierto, amén de tener importantes tesoros bajo techo y científicamente clasificados.
Es pertinente aclarar que La Isabela, donde están las ruinas simbólicas del solar donde se realizó la primera misa en América, donde existió el primer cementerio de españoles y donde se construyó la primera casa de estilo español, que fue la de Cristóbal Colón, no es la misma que el Municipio Villa Isabela, del cual escribiré en otra ocasión.
El poblado conocido luego como Ruinas La Isabela, que era una Sección, se convirtió a partir del 6 de agosto de 1998 en un Distrito Municipal adscrito al Municipio de Luperón. El entonces paraje Candelón pasó a ser Sección de La Isabela; ambos ascensos fueron logrados en virtud de lo dispuesto por la Ley número 313-98.12
Colón y los primeros cemíes que vio en La Isabela
De las muchas anotaciones que hizo Cristóbal Colón en sus libretas de navegación hay que resaltar sus primeras impresiones sobre los indígenas que encontró al llegar a La Isabela, y luego en otros lugares:
«Idolatría u otra secta no he podido averiguar en ellos, aunque todos sus reyes, que son muchos, tanto en la Española, como en las demás islas, y en tierra firme, tienen una casa para cada uno, separada del pueblo con imágenes de manera que llaman cemíes…Igualmente, la mayor parte de los caciques tienen tres piedras, a las cuales ellos sus pueblos muestran gran devoción. La una, dicen que es buena para los cereales y las legumbres que han sembrado; la otra, para parir las mujeres sin dolor; y la tercera, para el agua y el sol, cuando hacen falta…»13
De «galgos y liebres» en La Isabela
Pedro Mártir de Anglería, un humanista y cronista de origen italiano incardinado en la corte de los Reyes Católicos, que nunca pisó tierra de América, describió en una obra voluminosa (que en sus dos primeras partes dedicó al Cardenal Ascanio Sforza) la llegada de los españoles a la desembocadura del río Bajabonico, en La Isabela, de esta manera:
«Saliendo a tierra allí por primera vez, vieron hombres indígenas, que, mirando en tropel a la gente nunca vista, huyeron a refugiarse todos en espesos bosques cual tímidas liebres ante los galgos…» Luego dice que: «…todos a porfía acuden a la playa y piensan que son gente enviada del cielo. Echándose a nadar llevan a las naves oro, de que tenían alguna abundancia….si los nuestros les daban una lengüeta, un cascabel, un pedazo de espejo u otra cosa semejante, les traían tanto oro cuanto les querían pedir o cada uno de ellos tenía.»14
Indígenas desnudos y lampiños
Sobre las vivencias de los españoles que llegaron a La Isabela, acercándose el final del año 1492, escribió Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez, quien fue un militar y prolijo cronista quien llegó al continente llamado América en el 1514, acompañando al Pedrarias Dávila, a la entonces provincia colombiana de Panamá, antes llamada Castilla de Oro, donde Vasco Núñez de Balboa escribió su nombre en la historia universal.
Detrás de los escritos de Fernández de Oviedo se escondía un personaje tan malvado como el jefe de la expedición de la que formaba parte. Para que se tenga una idea del carácter siniestro de esos dos personajes es válido citar a Juan Bosch, quien al describir las andanzas y matanzas de Pedrarias Dávila, incluso ya casi nonagenario y al borde de la muerte, lo definió como «el terrible y suspicaz Pedrarias Dávila.»15
Por informaciones que recabó con los españoles que desembarcaron en La Isabela en busca de oro y riquezas en general, y sus posteriores vivencias en otros lugares de La Española, Gonzalo Fernández de Oviedo escribió en el 1526 lo siguiente:
«La gente de esta isla es de estatura algo menor que la de España comúnmente, y de color loros claros. Tienen mujeres propias, y ninguno de ellos toma por mujer a su hija propia ni hermana, ni se echa con su madre….Tienen las frentes anchas y los cabellos negros y muy llanos, y ninguna barba ni pelos en ninguna parte de la persona, así los hombres como las mujeres…andan desnudos como nacieron, salvo que en las partes que menos se deben mostrar traen delante una pampanilla…»16
Oportuna es la digresión para decir que los navegantes de la naufragada nao Santa María ni los de La Pinta y La Niña, que hicieron tierra en La Isabela, en nada se parecían a los argonautas que bajo la dirección de Jasón buscaban el vellocino de oro, en la mitología griega.
Arqueología en Ruinas La Isabela
En Ruinas La Isabela (el lugar donde se produjeron varias de las primeras actividades con fundamentos históricos de América) se realizaron investigaciones arqueológicas, incluyendo excavaciones, convirtiendo el lugar en un gran museo, en gran parte a cielo abierto.
El arqueólogo e investigador catalán-venezolano Josep María Cruxent fue uno de los principales protagonistas de ese rescate. Sus trabajos iniciados en La Isabela en el 1987 estuvieron precedidos por otros realizados por él en las orillas del río Orinoco y en diversos puntos de la frontera de Brasil y Venezuela.
Pero esos trabajos no estuvieron exentos de críticas. Prueba al canto es que en su discurso de ingreso a la Academia Dominicana de la Historia, en el 1998, el humanista (adjetivo aplicado en su concepto polisémico) Marcio Veloz Maggiolo, al criticar la manera en que en el país se manejan los asuntos vinculados con la arqueología, la historia y la identidad, expresó que se hace sin tomar en cuenta a los profesionales dominicanos. Específicamente en el caso de las excavaciones que se hicieron décadas atrás en La Isabela dijo:
«…de ahí que, por ejemplo, arqueólogos extranjeros hayan podido desplazar a los arqueólogos dominicanos, iniciando excavaciones en La Isabela, en donde ya por ejemplo E. Ortega, Fernando Luna Calderón, José G. Guerrero, y otros, habíamos comenzado estudios que venían a demostrar presencias importantes, como el primer cementerio español de América…»17
Eduardo Brito nació en Luperón
El 21 de enero de 1906 nació en una cuna humilde de un campo de Blanco, hoy Luperón, Eleuterio Brito Aragonés, quien con el paso del tiempo se convertiría en un barítono de fama mundial que exhibió sus virtudes artísticas por los más sofisticados escenarios del país, de América y de Europa.
Su virtuosismo como intérprete de zarzuelas y otros géneros musicales quedó resaltado por los más exigentes críticos de arte de todos los lugares donde se presentó.
Los mejores compositores de su época se disputaban su voz para grabar sus composiciones musicales. Con apenas 40 años falleció, luego de haber tenido una vida pendular entre la miseria, la gloria y una fatal enfermedad que lo hizo sucumbir en el manicomio del poblado de San Gregorio de Nigua.
El Teatro Nacional, calles, avenidas, barrios, urbanizaciones, escuelas y centros culturales llevan el honroso nombre de Eduardo Brito, como un homenaje perenne a su esplendente personalidad.
A través de su portentosa voz Eduardo Brito sigue vivo, 73 años después de su desaparición física.
Bahías La Isabela y Luperón
En el arco marino comprendido entre las Bahías La Isabela y Luperón hay varias playas de agua serena y arena blanca, unas protegidas por uveros y otras por manglares.
Entre las playas disponibles para turistas nacionales y extranjeros están La Barranca de Agua, Cambiaso, Los Cocos, Guzmán, Playa Grande, Quintino, Ballena, Puntilla, El Lirio y Martínez, ésta última tiene la singularidad de recibir un torrente de agua dulce proveniente de una depresión propia de la orografía del lugar.
Es una zona declarada refugio de vida silvestre, donde confluyen decenas de especies de aves acuáticas, así como peces y crustáceos.
Entre esas dos bahías hay acantilados de cantones pronunciados, farrallones, áreas arrecifales y el caño Quintanó, abroquelado en sus laterales por gigantescos mangles rojos que acrecientan el impacto visual del lugar.
En la Bahía de Luperón, de una impresionante belleza, hay un muelle donde anclan veleros, catamaranes y otros barcos turísticos en los cuales llegan cientos de turistas que se hospedan en los hoteles de la zona y disfrutan del paisaje y la gastronomía.
El 19 de Junio de 1949 la gloria se asomó en Luperón
El pueblo dominicano nunca se acomodó a los crímenes, el latrocinio y los abusos execrables de la dictadura trujillista. Desde el mismo 1930 hasta la gloriosa noche del 30 de mayo de 1961, cuando el tirano Trujillo fue ajusticiado, hubo muchos intentos y acciones directas para ponerle fin al régimen despótico que sumió en la desgracia colectiva a la República Dominicana.
El 19 de junio de 1949 quedó marcado en la historia dominicana. Ese día, ya con la oscuridad encima, amarizó en las aguas de la Bahía de Luperón un hidroavión proveniente de Guatemala con 15 combatientes a bordo que tenían como propósito liberar al pueblo dominicano.
El comandante de esos expedicionarios era el puertoplateño Horacio Julio Ornes Coiscou. Completaban el grupo los dominicanos Hugo Kundhard, Gugü Henríquez Vázquez, José Rolando Martínez Bonilla, Salvador Reyes Valdés, Miguel Angel Feliú Arzeno, Manuel Calderón Salcedo y Tulio Arvelo.
También llegaron a tierra dominicana en esa ocasión tres norteamericanos (George Raymond Scruggs, Habett Joseph Marrot y John William Chewning); tres nicaragüenses (José Félix Córdoba Boniche, Alberto Ramírez y Alejandro Selva), así como el costarricense Alberto Leyton.
Otros dos aviones que formaban parte de la expedición revolucionaria nunca llegaron a su destino y eso, y otras circunstancias, marcaron el fracaso de aquella epopeya tronchada.
Los contactos en tierra de los valientes que llegaron por Luperón fueron delatados, y el régimen despótico que sojuzgaba al pueblo dominicano cometió actos de barbarie en su contra. Entre los bizarros que esperaban unirse a los combates estaban Fernando Spignolio, Fernando Suárez, Ramón y Negro Sarita, Luis Ortiz, Pablo Borrero, Miguel Polanco y otros cuyos nombres forman parte del lado positivo de la historia dominicana.
En una conferencia dictada en junio del 2009 en la ciudad de Puerto Plata, con motivo de cumplirse el sexagésimo aniversario de la gesta patriótica escenificada en Luperón en el 1949, el historiador Roberto Cassá puntualizó lo siguiente:
«La expedición de Luperón fue el camino a seguir para que años después otro importante grupo de dominicanos, en el mismo mes de junio, pero una década más tarde, tomara las armas para combatir a Trujillo…»18
El poeta y crítico literario chileno Alberto Baeza Flores, que vivió en la República Dominicana como diplomático de su país, y tuvo gran influencia entre muchos literatos dominicanos, especialmente en los que formaron el grupo de la Poesía Sorprendida, surgido en los años 40 del siglo pasado, dejó para la posteridad este testimonio poético sobre los héroes y mártires de Luperón:
«Mientras quede una gota de honor americano/ y la voz del amor pueda decir: Hermano, nombrad los que cayeron un día en Luperón. Si un puñado de tierra recuerda el heroísmo y el valor se adelanta sobre el último abismo, nombrad los que cayeron un día en Luperón…»19
La poeta y líder feminista petromacorisana Carmen Natalia Martínez Bonilla, uno de cuyos hermanos participó en la audaz acción de Luperón, escribió un hermoso y sugerente poema que en parte dice así:
«El plomo hendió las carnes/y las llenó de rosas rojas y desoladas…Y era David con las manos atadas contra Goliat soberbio cabalgando sobre un carro blindado. Sangre de valientes. Sangre de héroes…»20
Bibliografía:
1-La República Dominicana. Directorio y guía general. Editora Búho, tercera edición facsimilar 2003, correspondiente la edición del año 1907.p248.Enrique Deschamps.
2-Historia de la Restauración. Editora Taller, 4ta.edición, 1981. p257. Pedro M. Archambault.
3-Ley 846. Gaceta Oficial No.2918, del 26 de noviembre de 1927.
4-Extracto del Sermón del 6 de enero de 1494.Fray Bernardo Boil.
5-Historia de los Heterodoxos Españoles. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes. Marcelino Menéndez Pelayo.
6-Resumen del Sermón en el Templo de Las Américas, 5 de enero del 2019.Gregorio, Cardenal Rosa Chávez.
7-Los Mitos de la historia de España. Editorial Planeta, 2003.p20.Fernando García de Cortázar.
8-Clamor de Justicia en La Española1502-1795.Impresora Amigo del Hogar, 2008.p29. Flérida de Nolasco.
9-Introducción al estudio de la Historia de la Cultura Dominicana. Editora Centenario, 2017.p76. Ciriaco Landoldi.
10-Isabel La Católica. Grandeza, Carácter y Poder. Impresora Graphy Cems, 2007.pp 369 y 370.Cristina Hernando Polo.
11-Diario de Navegación y otros Escritos. Editora Corripio, p239.Fundación Corripio, Inc. Cristóbal Colón.
12-Ley No.313-98, 6 de agosto de 1998. Gaceta Oficial No.9993.
13-Carta de Cristóbal Colón a los Reyes de España, 1492, incluida en el libro Relación Acerca de las Antigüedades de los Indios, de Fray Ramón Pané. Editora Corripio, 2008.pp79-81.
14-Década Primera (1493-1510) del libro I, capítulo II. Pedro Mártir de Anglería.
15-De Cristóbal Colón a Fidel Castro. Editora Alfa y Omega.1983.p112. Juan Bosch.
16-Sumario de la historia general y natural de Las Indias, 1526.capítulo III. Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez.
17-Arqueología, Historia e Identidad. Discurso del 2-abril-1998.Revista Clío, ADH.No.158, junio 1978.pp34-50.Marcio Veloz Maggiolo.
18-Conferencia dictada en Puerto Plata.19 de junio del 2009. Roberto Cassá.
19-Poema a los héroes y mártires de Luperón y Puerto Plata. Alberto Baeza Flores.
20-Poema. Carmen Natalia Martínez Bonilla.
2019-01-19 00:16:27