Por Manuel Hernández Villeta
Los colores no le pertenecen a nadie. La lucha contra la corrupción es una acción de conciencia, no del tinte de un trapo. No creo en levantar banderillas sin tener conciencia, Lo primero es revisar los alrededores de cada cual para ver los que tienen las manos limpios y el corazón blanco. Pocos pasan la prueba.
La lucha contra la corrupción tiene que ir unida a un amplio programa de reivindicación social. No se puede hablar de corrupción, si se desdeña unir a ese planteamiento a la mejoría general de los niveles de vida de la población, modernizar los servicios de salud, aumento salarial y rebaja sustancial de los precios de los alimentos y las medicinas.
No le doy importancia al color de la protesta, pero sí importa que se quiera desconocer el derecho ciudadano de cada persona utilizar la prenda que le dé la gana, sin que se le ponga un dedo acusador. Hay señalamientos en contra y a favor de los que usan el verde, lo cual no tiene la menor importancia. La moral y la rectitud política y social no tienen colores preferidos.
Creo en las luchas por reivindicaciones, pero no que se quiera conducir al pueblo a una fiesta sin rumbo fijo. El verde tiene el gran significado de ser el color de la esperanza, y ya. Lo demás es poner consignas, donde debe haber conciencia.
Los símbolos etéreos dan poco resultados. Es la acción que lleva a los cambios. Se quiere copiar parámetros de la Primavera Arabe, y pensar que se puede hacer una revolución por las redes sociales y un simple clic. Nada más ilógico. La Primavera Arabe no fue una revolución de las redes sociales, sino una acción política de los Estados Unidos y aliados para sacar del poder a gobierno que le eran desafectos en el Medio Oriente.
De hecho no hubo primavera. En todos los países donde este experimentó se realizó, terminó dando paso a despiadadas guerras civiles, y a intervenciones directas de los norteamericanos y sus aliados europeos. Aquí estamos muy distantes de una primavera de cualquier tipo, salvo la generada por la evolución de la naturaleza.
Los sectores políticos nacionales tienen que comprender que el color, verde o amarillo, le pertenece a todos. Usted puede vestir como le dé su gana y nadie le puede acorralar por ello. Las ideas se combaten con ideas, y no con tremendismos y anarquía.
Todos, absolutamente todos los que han participado en actos de corrupción, deben ir a la justicia. De acuerdo a la voz del pueblo en esas acciones dolosas han participado políticos de todos los partidos, empresarios, sacerdotes, legisladores y extranjeros. Que no haya culpables preferidos. Todos los culpables a juicio, debe ser la consigna, sin importar el color de la camisa que se use. ¡Ay!, se me acabó la tinta.
2017-05-25 23:29:00