Por Manuel Hernández Villeta
El país necesita sangre nueva. Dirigentes políticos con nuevas ideas. Quitarse de encima el ropaje del pasado, que ata a la conciencia nacional y le lleva a repetir los errores del pasado. No sangre joven por la edad cronológica, sino por un accionar distinto y la búsqueda de metas que no sean el lodazal antiguo.
La mayoría de los jóvenes que incursionan en la política, solo tienen la edad, pero sus ideas son tan viejas como esos robles añejos que José Francisco Peña Gómez siempre sacaba del sombrero, y que se tenían que retirar hace mucho tiempo.
Todos los partidos luchan para demostrar que tienen el mismo lenguaje y accionar. Ninguno cuestiona males del sistema, y al parecer la diferencia la establecen las siglas y nada más. Juventud perdida, montada en un potro que a pesar de sus años no puede hacer carrera de fondeo, porque le falla la respiración.
Los partidos tienen que renovar su matrícula y sus estatutos internos. No se gana nada inscribiendo a jóvenes y creer que esa es la renovación. Por el contrario, esos chicos aposentados por los jurásicos tienen ideas viejas y corrompidas en cuerpos de Charles Atlas.
Los partidos lucen cerrados a los cambios, porque la primera víctima serían sus dirigentes actuales. Todos rehúsan seguir el principio de que nada es para siempre. Ya su ciclo terminó, pero se quieren eternizar como el retrato de Dorian Grey, o los embrujos de Fausto.
Cierto que hay segmentos de juventud en los cuatro principales partidos nacionales, pero castrados. No tienen alternativa propia; las piernas paralíticas se mueven con muletas ajenas. El remozamiento necesariamente lleva amputaciones: Un elixir que se bebe por las buenas o por las malas.
El grave problema de los partidos políticos no es que tengan una ley a su disposición. Eso es secundario. Si no hay dirigentes para interpretar las reglas de juego, las nuevas leyes serán violadas. Por tanto, lo primero es preparar la nueva camada de dirigentes, y luego vamos a revisar leyes.
Hoy por hoy la política en la República Dominicana es un recurso para salir de la pobreza y conseguir influencias sociales. Que levante la mano el que está en la actividad partidista para ayudar al prójimo. Parece que vivimos en el país de los mancos, porque pocos podrían levantar las manos por encima de sus hombros.
Tengo fe en que se impondrán las nuevas ideas en los partidos políticos, arrasando con lo viejo y obsoleto. Se impondrá esa correlación de fuerzas siguiendo el padrón de la historia. Los cambios se pueden detener de momento, pero más tarde se impondrán sepultando lo que es un obstáculo para el progreso. ¡Ay!, se me acabó la tinta.
2017-06-13 23:29:02