Opiniones, Portada

En Perú, a Pedro Castillo la democracia le es insuficiente para defenderse ¿de la oligarquía?

Por Juan Manuel Garcia
19 agosto 2022 – Pedro Castillo fue escogido presidente de Perú hace poco más de un año, y haciendo malabares, resiste los persistentes ataques y presiones, sobrevive con récord de permanencia establecido.
Castillo es presidente constitucional en Perú, en donde la política barata lleva rato haciendo trizas la tranquilidad y el civilismo que requiere toda nación para alcanzar logros en favor de los ciudadanos.
En los actuales momentos, el presidente Castillo ha debido enfrentar seis investigaciones puestas en marcha en su contra por un aparato manipulador que allí llaman “la fiscalía”.
El gobernante cumplió apenas un año bajo fuego de la oposición que usa el nombre de las instituciones del Estado para hacerle presión, mientras se le exige gobierne sobre el filo de una navaja.
Castillo insiste, sin embargo, en que, pasado más de un año, no le han podido probar ninguna de las acusaciones vertidas en su contra, “aunque siguen creando historias”.
A diario, Castillo enfrenta reclamos de los políticos de oposición que manejan algunas instituciones, para que sea destituido o que renuncie.
Las acusaciones en del presidente peruano recaen sobre sus familiares más cercanos, originándole un cerco, ya no político, sino afectivo, para debilitarlo. Sus familiares son acusados y perseguidos, y en algunos casos apresados. Y la versión de la fiscalía es que en los próximos días ordenaran detenciones de cercanos colaboradores y hasta de la primera dama, Lilia Paredes, como ocurrió con la propia hermana y la cuñada del presidente.
La persistente respuesta de Castillo es la de que todo está ocurriendo “porque no hablo como ellos, porque no me siento en las mesas opulentas como ellos, porque camino junto al pueblo. Desde acá les digo que no me voy a separar de mi pueblo. Ha llegado la oportunidad de darle ingreso libre a las universidades, de declarar en emergencia e impulsar el agro nacional”.
Ante tal realidad, los presidentes de Argentina, Alberto Fernández; Bolivia, Luis Arce; Ecuador, Guillermo Lasso; y México, Andrés Manuel López Obrador, se han unido y están convocando a que sea defendida la democracia en Perú, en un llamado a las instituciones de ese país y a los sectores políticos, para que fortalezcan vías de diálogo para unir y consolidar la democracia, por el enorme respeto que les merece el pueblo peruano.
Estos lideres regionales están siendo solidarios después que los legisladores peruanos impidieron que su presidente estuviera presente en la toma de posesión de Petro, en Colombia
Anahí Durand Guevara, exministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, cree que Perú vive una crisis sistémica por el permanente ataque opositor al presidente Pedro Castillo, quien acusa al Congreso, la Fiscalía y los medios de desestabilizar la democracia y pide apoyo popular.
En la primera semana de agosto un informe final de denuncia contra el presidente de Perú recomendó su inhabilitación en el cargo por cinco años, por supuesta traición a la patria e infracciones a la Carta Magna, como consecuencia de declaraciones de Castillo para el posible otorgamiento de una salida al mar para Bolivia.
Castillo ha dicho que los medios de comunicación en Perú “marean” a la población. Se ha quejado porque “no ha tenido ningún minuto de tregua”, en medio de escándalos, intentos de destitución y cambios de gabinete generándole un clima de permanente incertidumbre.
Cualquier interpretación que se haga de la situación peruana concluiría en que el sistema político en ese país heredó una enorme inestabilidad de la dictadura de Fujimori. Pero desde mucho antes.
Se recuerda que la inestabilidad en Perú no es asunto de ahora. Sólo en 2020, fueron destituidos tres presidentes en ese país. Y al actual gobernante se le ha sometido a todos los ditirambos de que dispone el sistema para hacerlo ver como cabeza de un régimen tambaleante, sin aliento.
Desde el inicio, Castillo debió trabajar con un gabinete que definió en constante evaluación, en vista de la permanente crítica emanada del sector de los legisladores compactado en su contra, donde no tiene más que una minoría.
Hasta el momento, en Perú ha sido imposible conseguir un mínimo de consenso, no sólo con el actual presidente Castillo, sólo que ahora la debilidad del gobernante, prácticamente en solitario, se ha acentuado, sin avizorarse una solución, lo que sus opositores y críticos aprovechan para hacer ver como una nueva destitución presidencial. En busca de ese propósito, el presidente peruano ha sido tachado de todas las imbecilidades posibles por sus adversarios.
Castillo, sin embargo, sobrevive en el mando, mientras es obligado a cambiar y recambiar a los miembros de su tren administrativo.
Desde ser obligado a someterse a una segunda vuelta electoral de donde emergió su presidencia en completa crisis, ha sido arrinconado. ¿Hasta cuándo tolerará la sociedad peruana el trance de inestabilidad y crisis política a que está siendo sometida?
Los adversarios del gobernante lo acusan usando todo tipo de medios, de continuar en una campaña de victimización, alegando que viene del campo, en donde lideraba a los maestros sindicalizados y las organizaciones civiles llamadas rondas. Sobre el mandatario pesan seis investigaciones en el Ministerio Público, cinco de las cuales son por supuestos actos delictivos cometidos en su Gobierno. Es procesado por el supuesto delito de organización criminal.
Pero Castillo está recurriendo a un sorpresivo y revelador recurso: sistemáticamente se reúne en el mismo palacio de gobierno con masivos grupos de trabajadores y gremios a los que como presidente procede a resolverles cuestiones inmediatas para animarlos a estar a su lado.
Lo cierto es que, en Perú, se impone una gran reflexión nacional en busca de un proyecto de renovación de la clase dirigente del país, que ha mostrado incapacidad para sostener las instituciones del Estado que emanan del rejuego de todo sistema democrático. Ésto, desde mucho antes de que Alan García fuera y dejara la presidencia, hasta terminar como perseguido político y terminara en el suicidio.