Dr. Isaías Ramos.
Los dominicanos que han tenido la dicha de vivir diferentes procesos políticos de nuestro país conocen o perciben los modus operandi que se han utilizado para disuadir o subyugar al pueblo dominicano.
Pocas veces en nuestra historia republicana habíamos llegado a una encrucijada tan determinante para los destinos de nuestra nación, sobretodo en las actuales circunstancias que nos toca vivir.
Después de la muerte del dictador que nos gobernó por 30 años, bajo una dictadura pura y dura, se comenzó a vivir un proceso político que visualizaba una democracia del pueblo, para el pueblo, y por el pueblo, siendo ésta afectada por la Guerra Fría que se disputaban el poder político dos grandes potencias. Esta circunstancia malogró millones de jóvenes en el mundo, quienes eran alienados por una posición u otra, convirtiéndose en las víctimas reales de aquel despropósito.
Hoy, y a pesar de vivir un proceso de más de 60 años de política, los métodos de cohesión han variado, pero su eficacia ha involucionado.
Después del proceso de eliminación de esos jóvenes brillantes, que perdieron sus vidas víctimas de aquellas circunstancias, el método utilizado es el de amedrentar y comprar voluntades. Éste se ha extendido durante décadas, siéndole muy efectiva la utilización de medios alienantes a través de los medios culturales, que se propician de manera sutil, fomentando la perversión y opacado los valores cívicos y morales que sustentan a una sociedad.
Lamentablemente, para esas mentes pervertidas y subyugantes, ya esos métodos no son suficientes, pues, existe un despertar de la luz que enceguece la oscuridad y teme que ese sol de justicia resplandezca y borre los mantos de tinieblas.
Es esa la intención real de esta partidocracia, legislar sobre “la libertad de expresión”, con el fin de restringir nuestra libertad y callar la voz del pueblo. Una población que está dando señales de que está despertando, y de que no es suficiente ya el mísero clientelismo, las bocinas pagadas y las manipulaciones subliminales que ellos hasta la fecha han utilizado.
Están por añadir otros métodos más obvios porque entienden que deben aplacar la voz del pueblo antes de que ese despertar se tome en las calles y en todo el territorio nacional, además, de que sean ellos los que terminen aplastados en las elecciones del 2024.
El miedo que le infunden el sólo hecho de pensar en la posibilidad de perder el poder, y más que el poder, el manto de impunidad que encubre tantos hechos de corrupción, crímenes, robos y saqueos sin precedentes en nuestra historia republicana, a muchos ya no les deja dormir en tranquilidad.
Este proyecto de ley es violatorio a nuestra constitución, poniendo entre dicho los artículos 45 y 49 de nuestra constitución, y generando un grave deterioro a la institucionalidad. Sólo utilizan nuestras leyes y nuestra constitución para amedrentar a los sectores que no claudican ante el desorden organizado que ellos, como partidocracia, propician.
De aprobarse uno de estos proyectos de ley que cursa en el congreso, estaríamos experimentando un deterioro significativo de la libertad de expresión. Se busca que sectores de movimientos sociales que han venido denunciando la corrupción sean apagados. También se busca restringir a las diferentes denominaciones religiosas que defienden los principios y valores que le dieron fundamentos a esta nación, y de ese modo implementar agendas ajenas a nuestra cultura.
Definitivamente estos son los últimos coletazos de un sistema insostenible que se niega a ser sepultado, que se desliza de manera sutil hacia una autocracia compartida con diferentes colores, diferentes actores, pero con el mismo fin, someter a una población a sus caprichos, donde sus falsas teorías deben ser aceptadas como puras verdades.
La única manera de acabar de forma ordenada con este sistema cruel, injusto, e insostenible, es construyendo un proyecto de nación donde todo un pueblo se empodere, con el fin de implementar a través de la educación y concientización ciudadana el orden social e institucional en todo el territorio nacional. Un proyecto que haga justicia sin privilegios ni discriminación, y creando un sistema político económico, y social con igualdad de derechos y oportunidades para cada ciudadano. Es el momento y aún estamos a tiempo.