?Madame Bovary?, de Gustave Flaubert
Por RAFAEL RODRIGUEZ HERNANDEZ*
Hay mujeres que no se olvidan. Y muchas de esas mujeres no llegan a nuestras vidas de maneras convencionales. En mi vida han pasado montones de mujeres, pero la mayoría de ellas lo ha hecho por el maravilloso mundo de los libros.
Una de las primeras mujeres en mi lista de inolvidables es la muy coqueta Madame Bovary, con quien coincidí en una de las bibliotecas más completas de Miami y una de mis favoritas, la del escritor dominicano José Carvajal, que tuvo la delicadeza de presentármela (a Madame Bovary por supuesto).
Empecé la lectura de esta novela realista una de esas tardes de lluvias repentinas del sur de la Florida. Y fue tanto mi deslumbramiento por el desenfrenado amor de Emma ?¿les había dicho que así se llama realmente la musa a la que me refiero?? que no pude desprenderme de este libro hasta que concluirlo. Nunca imaginé que una mujer fuera capaz de tanto por amor.
En la primera parte del libro la acción transcurre en un pueblo llamado Tostes. Luego la familia Bovary se muda a Yonville, en donde el doctor Charles Bovary, luego de enviudar y quedar sumamente rico, conoce a Emma y contrae nupcias con ésta.
Al principio todo fue de maravillas, pero muy pronto nuestra celebrada musa se cansaría de la vida matrimonial y de atender a Berta, la hija que tuvo con su esposo; entonces se convierte en la amante de un rico hacendado. Pero cuando éste la rechaza Emma se convierte en la amante de un asistente legal.
Cuando ve imposible hacer realidad sus anhelos con su nuevo amante, y luego de haber dejado a Charles Bovary en bancarrota, Emma se suicida. Charles, que no sabía nada de los adulterios de su esposa, encuentra las cartas que ella intercambiaba con el último de sus amantes, y esta noticia lo deja devastado. Pero luego la perdona y poco después muere de amor, dejando huérfana a la pequeña Berta.
En su época, la novela creó una gran polémica; y a su autor, Gustave Flaubert, se le procesó porque supuestamente esta obra atentaba contra la moral. Todo lo contrario, hoy día esta majestuosa novela, enriquecida con un lenguaje muy selecto, es considerada por muchos como una de las mejores en su género. También es considerada una de las obras que le dieron apertura a la literatura moderna.
Madame Bovary es el lector. Todos llegamos a compenetrarnos con este personaje una vez estamos inmersos en la lectura de la obra. Todos en alguna ocasión sentimos que nuestra vida está realmente en otro lado; que en algún lugar, diferente al que en realidad estamos, nos esperan grandes y emocionantes aventuras.
Tenemos en Emma la capacidad de ver lo que nos sucederería cuando nos precipitamos hacia nuestros ideales sin antes ver cuáles son las posibilidades de subsistencia que hay una vez iniciada la marcha. Y es aquí en donde radica lo especial de esta novela y del personaje de Emma: que nos enseña a abrir y no cerrar los ojos cuando se trata de perseguir un ideal, para que podamos ver la realidad que nos concierne.
La muerte de Emma nos toma por sorpresa, pues así surgen las cosas cuando no prevemos las consecuencias de nuestros actos. Algunos pensarán que este no es un buen tipo de mujer. Creo que sí. Todo ser humano, sea hombre o mujer, tiene la libertad y el derecho de buscar la dicha en donde lo considere. Sólo que ella no supo hacerlo.
Y en cuanto a mi amor por Emma, aunque todavía sigo prendado de este personaje capaz de sacrificarlo todo por amor, me doy por aludido cuando mi madre dice: ?No todas las mujeres nacieron para el matrimonio?, y como todavía sigo en plan de soltería continuaré soñando con el arrojado amor de ?Madame Bovary? y pensaré que soy su ?asistente emocional?.
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Rafael Rodríguez Hernández nació en 1986 en La Vega, República Dominicana. Es autor de la novela ?La cruz de nadie?, publicada por Isla Books Publishing.
2009-04-03 16:16:56