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Comentario de Xinhua: Las reglas no pueden doblegarse ante el poder hegemónico

spanish.news.cn| 2026-07-07 15:32:30|

BEIJING, 7 jul (Xinhua) — Estados Unidos ha tratado durante mucho tiempo las normas internacionales como opcionales en lugar de vinculantes: las respeta cuando le resultan útiles, pero las descarta cuando dejan de convenirle. Un reciente intento del presidente estadounidense, Donald Trump, de influir en un evento deportivo internacional ilustra perfectamente este doble rasero.

El incidente en sí es menos importante que la lógica que lo sustenta. Las reglas adquieren legitimidad mediante la coherencia y la imparcialidad, no a través de la influencia de quienes buscan excepciones. Una vez que las decisiones comienzan a estar determinadas por presiones políticas en lugar de procedimientos establecidos, la confianza en todo el sistema empieza a erosionarse.

Este patrón va mucho más allá del ámbito deportivo. Estados Unidos se ha presentado durante mucho tiempo como defensor de un «orden internacional basado en reglas», pero su historial revela un marcado doble rasero. Aplica con firmeza las normas que favorecen sus intereses, mientras exige excepciones, modifica las condiciones o simplemente elude el sistema cuando esas mismas reglas se convierten en un obstáculo.

Al paralizar el mecanismo de solución de diferencias de la Organización Mundial del Comercio (OMC) mientras acusa a otros de violar las normas comerciales, así como al imponer aranceles unilaterales y sanciones extraterritoriales al margen de los marcos multilaterales, Washington ha enviado reiteradamente la señal de que las reglas se aplican de manera selectiva y no universal.

El orden mundial no puede sostenerse si las potencias reservan para sí el derecho de modificar o ignorar las reglas a voluntad. La credibilidad de cualquier sistema no depende de la influencia de sus miembros más poderosos, sino de la aplicación imparcial de sus principios a todos.

Las normas solo conservan su significado cuando se aplican de manera equitativa. Cuando las excepciones se convierten en un privilegio de los actores hegemónicos, el marco deja de funcionar como un orden basado en reglas y se transforma, en cambio, en un sistema regido por la fuerza del poder.