Opiniones

¿Cuando nos tocará la ola?

Por Narciso Isa Conde

Creo importante reflexionar sobre el curso y destino de la ola de cambios que tiene lugar en nuestra América, a consecuencia de la creciente determinación de los pueblos por cambiar la dominación existente, para no seguir viviendo tan mal como hasta ahora.

Esta determinación ha estado acompañada en no pocos casos de las más diversas formas de impugnación de estas ?democracias? latino-caribeñas secuestradas por las elites sociales, por las altas partidocracias corrompidas y por el poder imperialista de EEUU; así como de los multi-facéticos combates contra la dramática exclusión política y social que sufren nuestros pueblos y contra el neoliberalismo como modalidad endurecida y cruel del capitalismo de finales del siglo XX y principio del siglo XXI.

En una parte de los países del continente la resistencia social contra el empobrecimiento pasó a la ofensiva, hasta colocarse a la vanguardia de la lucha contra los efectos de la globalización neoliberal. Y esa ofensiva a su vez comenzó a generar crisis de gobernabilidad y desplazamientos de una parte de los gobiernos comprometidos con la derecha social y con los halcones de Washington. El anhelo y el protagonismo de los pueblos desató entonces energías capaces de deponer presidentes fuera de elecciones, así como de imponer nuevos gobernantes por la vía electoral.

El arco iris de los gobiernos resultantes del desgaste y de las derrotas de las derechas tradicionales, si bien en su totalidad ha sido calificado como de izquierda, en verdad no todos sus componentes responden a esa cualidad e incluso una parte de ellos realmente están lejos de serlo.

Una franja tiene vocación revolucionaria, otra reformista y otra sencillamente administra con nuevo estilo, moderación y cierta independencia la herencia neoliberal; modulándola, acompañándola de políticas sociales de mayor cobertura, reintroduciendo limitadas iniciativas keynesianas y favoreciendo una integración menos subordinada.

Por eso es preciso diferenciar algo que es fundamental:

-Las diversas expresiones gubernamentales de esta ola de cambios con proclamada vocación revolucionaria (todavía no desplegada en profundidad), se caracterizan por su adhesión al antiimperialismo y al ?socialismo del siglo XXI?, por su contenido anti-oligárquico y por su determinación de desmontar las instituciones del viejo Estado a través de nuevos poderes constituyentes.

-En los otros casos, con grados distintos de reformismo y/o medidas populistas, sus políticas se asientan en los viejos estados y las viejas relaciones con las clases gobernantes-dominantes.

En general la necesidad de los cambios y el empuje de los pueblos hacia transformaciones radicales van delante de la construcción de las fuerzas capaces de darle un sentido revolucionario a esa singular situación. Porque realmente en este periodo la crisis del capitalismo y de las ?democracias representativas? existentes, ahora en vía de convertirse en crisis mayores, ha estado por encima de las capacidades de las fuerzas destinadas a superarla en el sentido de la revolución y del tránsito a un socialismo de nuevo tipo.

Nuestro país está entre los más rezagados, controlado políticamente por las derechas, atado al carro imperialista, bajo el voraz dominio de la oligarquía local y transnacional y las intenciones continuistas de Leonel Fernández y la cúpula del PLD.

¿Cuándo habrá de zafarse este pueblo de esa camisa de fuerza y cuándo llegará por aquí esa ola de cambios?

En verdad esta necesidad ha tardado demasiado.

La crisis es grande y el descontento popular crece sin cesar. El Estado y sus administradores se descomponen cada vez más, sobreviviendo por la fuerza de la corruptela, del clientelismo mayor, así como por la ausencia de fuerzas alternativas: de una opción antineoliberal, antiimperialista, anti-partidocrática con fuerza competitiva.

La respuesta a esta preguntas, en consecuencia, se relaciona con el tiempo que dure conformar, a través de procesos unitarios, esa fuerza y esa opción: la de la nueva democracia camino al nuevo socialismo, o simplemente la realmente diferenciada y distinta a las fuerzas políticas dominantes.

Ese sigue siendo el grande safio del presente. Un desafío que cuestiona la pobreza en creatividad, firmeza y amplitud de miras que por años ha afectado a nuestro movimiento.

Crisis capitalista y perspectivas del socialismo

Por Narciso Isa Conde

La crisis mundial del capitalismo es una gran oportunidad para recomponer, hacer crecer la voluntad del tránsito revolucionario al socialismo y las fuerzas capaces de impulsarlo, a pesar del enorme retraso en esta necesaria creación heroica.

En nuestra América, con la propuesta socialista, con el proyecto de sociedad socialista, ha pasado lo mismo que con la revolución:

-Su necesidad tiene bases reales en la existencia del capitalismo, ahora en crisis mayor; en la cada vez más dramática explotación, exclusión y empobrecimiento y en la degradación moral y perversión institucional que genera su dominación.

-Su posibilidad fue drásticamente negada por los efectos circunstanciales de la caída de la Unión Soviética y del llamado campo socialista y por el predominio temporal en la conciencia colectiva de la idea de la imposibilidad de nuevas alternativas al capitalismo realmente existente.

Las penosas condiciones de exigencia de pueblos y su tendencia a agravarse y extenderse, en un sub-continente con una larga tradición de luchas sociales, democráticas y patrióticas como América Latina y el Caribe, provocó nuevas modalidades de resistencia, protestas y rebeldías desde los sujetos sociales mas golpeados, empobrecidos (o en vía de empobrecerse), súper-explotados y excluidos; a pesar de las disgregaciones y res-tructuraciones sociales provocadas por el neoliberalismo.

La globalización neo-liberalizada, paso a paso y dolor a dolor, viene generando su contrapartida socio-política y cultural en una parte de los países recolonizados de nuestra América, lo que de aprovecharse podría ser más contundente en el porvenir. Las luchas sociales se politizan cada vez más, mientras la conciencia anti-neoliberal ha comenzado a crecer, a profundizarse y potenciarse al compás de la resistencia. Y esa conciencia anti-neoliberal ha favorecido la conciencia antiimperialista y anticapitalista y las propuestas alternativas en desarrollo.

El neoliberalismo ha sido la modalidad del capitalismo en las últimas décadas, su ideología de estos tiempos; mientras los dramáticos resultados sociales de su proceso de restructuración en las últimas décadas han marcado su decadencia y forzado a los propios ideólogos del capitalismo a hablar de un ilusorio retorno a una variante keynesiana, que igual ha comenzado a exhibir su inconsistencia frente a la actual crisis mundial.

Por eso, además, desde hace algunos años se ha estado hablando de un proyecto anti-neoliberal o de una sociedad pos-neoliberal, que opere como una especie de puente hacia una sociedad poscapitalista. Perspectiva necesaria que ahora tendrá que enfrentar los esfuerzos reciclaje del orden capitalista mundial, con su vórtice en los EEUU presidido por Barack Obama.

El auge el pensamiento contestatario, ha cruzado y acompañado -cruza y acompaña- las luchas contra el ya decadente orden capitalista neoliberal. ¡Acción y pensamiento combinados!

Pensamiento y acción, una veces en paralelo, otras veces uno detrás y otro delante, con desniveles y desproporciones significativas, o con avances ascendente en ambas vertientes. Y así la otrora idea dominante de la imposibilidad de los cambios y opciones alternativas, aunque perduró muchos años, se venido debilitandose; primero poco a poco y, luego, más aceleradamente.

Cierto que en el siglo pasado el golpe al ideal socialista había sido contundente. Que la defensa del socialismo quedó reducida a sectores políticamente marginales o minoritarios. Pero de todas maneras perduró, y eso fue de gran valor e indudable trascendencia. Y perduró con las siguientes modalidades:

-La testimonial, nostálgica del pasado, anclada en gran medida en el proyecto socialista fracasado y en la interpretación dogmática del marxismo.

-La innovadora, de corte revolucionario, que implica la superación del llamado socialismo real y la renovación, recreación, y/o recuperación de la propuesta socialista.

La primera forma parte de la crítica, del combate, de la impugnación al capitalismo neoliberal, pero no genera ni fuerza consistente ni propuesta alternativa atractiva. Es una especie de semilla que alimenta, pero no germina.

La segunda, es otra cosa y por eso ha venido convirtiéndose en la negación del capitalismo realmente existente y en la negación del ?socialismo? que se derrumbó, aunque todavía con serios déficit. Es una semilla que alimenta y germina, que potencia e inocula conciencia y organización a las justas rebeldías y a las luchas espontáneas, a los combates clasistas y no estrictamente clasistas de la actualidad.

Un pensamiento que se ha reproducido de lo pequeño lo grande, sin prisa pero sin pausa, hasta expandirse y multiplicarse. Y ?sobre todo- que supo diferenciase de aquel gran revés, comenzando por hablar de la posibilidad de un socialismo diferente, distante y distinto esencialmente en sus contenidos y en sus formas; insistiendo en recrear el proyecto revolucionario, inspirándose en diversas fuentes y nuevas reflexiones surgidas de la crítica al capitalismo actual y de las nuevas y diversas rebeldías contra él: rebeldias de clase, etnias, generaciones, géneros, de los defensores del ambiente, de los pueblos originarios?

Y esa diferenciación incluyó inteligentemente la denominación de la propuesta de nueva sociedad como nuevo socialismo o socialismo del o para el siglo XXI, ahora propensa a crecer y desarrollarse dentro de la grave crisis que azota a todo el sistema capitalista.

2009-04-13 18:42:00