Opiniones

EL TIRO RAPIDO

Mario Rivadulla

26 de Mayo de 2009

NO ECHARLE LEÑA AL FUEGO

La pasada semana, organizado por la Cámara de Comercio Domínico-Haitiana, un grupo de empresarios dominicanos, principalmente de la región Norte, cruzaron la frontera para reunirse con homólogos haitianos. Nuestra compañera Dilenia Cruz junto a un grupo limitado de periodistas invitados especialmente, cubrió la visita. Su reporte, que mañana será complementado en nuestro TELEDEBATE con la comparecencia de la Presidenta de esa entidad, Rosa María García, ha sido muy positivo sobre los frutos de este encuentro que pudiera marcar el inicio de una nueva etapa de intercambio creciente y mutuamente provechoso. Destaca el hecho de que nuestra comitiva recibió una cálida acogida no solo por parte de los empresarios anfitriones sino también de las propias autoridades haitianas.

Es dentro este marco en que de manera contrastante se producen las intempestivas y sorprendentes declaraciones de la Primer Ministra de Haití, en las que nos enrostra toda una serie de graves acusaciones, unas del todo falsas y las otras exageradas, a las que atribuye enturbiar las buenas relaciones de vecindad que deben existir entre ambos condómines de la isla Hispaniola. Cuando esto ocurrió, advertimos que el acento agresivo de esas manifestaciones provocaría reacciones de este lado de la frontera y que además no podían quedar sin respuesta oficial.

Ambas cosas han ocurrido. La Cancillería no se mostró muda. Por el contrario, se apresuró a rechazar la declaración de la señora Lois, mientras medios de prensa y el Cardenal López Rodríguez, al pronunciar la homilía del pasado domingo con motivo del Día Internacional de las Comunicaciones, se refirieron al tema censurando igualmente el contenido y tono de la misma. Lo hicieron en cambio, apelando a un lenguaje prudente, sereno y conciliador.

Lo cierto es que tanto esas expresiones como las de otras autoridades del vecino fronterizo en días recientes con motivo de un incidente privado en que un haitiano degolló a un dominicano y amigos y parientes de éste, poco después, lo decapitaron en venganza, no contribuyen precisamente a esa relación de buena vecindad, solidaridad y cooperación por la que siempre hemos propugnado.

Admitido que de este lado no somos santos ni pretendemos presentarnos como tales. Cierto que hay grupos retrógrados que discriminan no solo a los haitianos sino también a los propios dominicanos, ya por el color de la piel, ya por su condición económica y social o por el conjunto de esos factores. Pero ni somos un Estado esclavista, ni una sociedad racista. En mayor o menor medida, esos grupos existen y esas expresiones se producen en todas las latitudes del mundo, sin que por ello pretendamos justificar ni a los unos ni a las otras. Antes al contrario, los condenamos enérgicamente y rechazamos de plano sus actuaciones, como una manifestación aberrante de absurdos y torcidos prejuicios.Pero acusaciones como las que nos enrrostró la Jefa del Gobierno Haitiano resultan tan injustas como negativas, alimentan la fobia de grupos extremistas que los hay de lado y lado, distancian en vez de aproximar y avivan viejos resentimientos que hay que ir superando en ambas direcciones.

Sin que neguemos nuestras responsabilidades, a la hora de pasar balance no es justo ocultar la otra cara de la moneda. La que dice que el país acoge a cientos de miles de haitianos en su mayoría indocumentados, que se ganan la vida en diversidad de trabajos y actividades. Que si hay quienes en algunos casos los explotan, es por su condición de ilegales como lamentablemente ocurre con todos los ilegales en todas partes, pero sin que ello sea una política de Estado. Que desde aquí, Haití recibe anualmente una cifra que se va acercando a los mil millones de dólares en remesas de sus nacionales residentes, que contribuyen a aliviar la agobiante miseria que padecen tantos de sus ciudadanos en el otro extremo de la isla. Que aquí reciben atenciones de salud por un monto significativo y disfrutan de otros servicios. Que conviven entre sí y con los dominicanos con normalidad, compartiendo pobreza y marginalidades, y que las desavenencias que puedan surgir en el trato entre ambos, constituyen un porcentaje ínfimo y proporcionalmente inferior a las que se producen entre los propios dominicanos. Y que ha sido política de continuidad del Estado reclamar ayuda internacional en su favor en todos los foros en que hemos estado presentes.

De esperar que declaraciones como las que comentamos de la señora Lois y anteriormente del Presidente del Senado de Haití no vuelvan a repetirse porque es como echar leña a un fuego que todos debemos contribuir a apagar. Que los Presidentes Fernández y García Préval se vean cara a cara en una anunciada, no celebrada hasta ahora y muy necesaria cumbre. Que la Comisión Mixta Domínico-Haitiana se reactive y retome su misión de diálogo, conciliación y cooperación. Y que el mensaje de armonía y las señales de buena voluntad se dejen sentir tanto de aquí para allá como de allá para acá sin presiones externas, campañas interesadas, ni absurdas pretensiones de regatearle al pais el ejercicio de sus prerrogativas de soberanía.

2009-05-27 15:05:17