Opiniones

EL TIRO RAPIDO DEL JUEVES

Mario Rivadulla

28,05,09

Al margen de las circunstancias en que fue muerto Rolando Florián Feliz y de los resultados del informe oficial dejando la extendida impresión de que se ha hecho quebrar la soga por la parte más delgada, resta como tema residual de análisis las condiciones de escandalosos y cómplices privilegios en que se desenvolvía la existencia del mismo en dicho penal, que el propio Director General de Prisiones calificó como una ?barbaridad?.

Justificado asombro provocó en la opinión pública enterarse por vía de este sangriento suceso, de la lujosa forma de vida que disfrutaba el más importante capo dominicano de la droga en prisión, al punto de que en vez de celda tenía un aposento con cierre interior lo que le permitía aislarse de todo contacto exterior, inclusive de las autoridades carcelarias supuestas a mantenerlo bajo vigilancia.

Pero ese asombro cede ante la no menos asombrosa revelación del propio Director de Prisiones de que ignoraba los escandalosos privilegios de que gozaba Florián Féliz y por los que llegaba a pagar gruesas sumas de dinero a algunos de sus custodios. Esta práctica, sin embargo, ha sido objeto frecuente de divulgación a través de distintos medios de comunicación, como son también las condiciones ominosas prevalecientes en nuestros recintos penitenciarios donde miles de reclusos se hacinan y revuelcan en la más abyecta promiscuidad.

No hace tantos días, el matutino Diario Libre reveló que en las 37 cárceles del país la sobrepoblación oscila entre un 200 y hasta un 400 porciento. Descartado que en condiciones tan precarias de habilitabilidad pueda pensarse ni remotamente en la posibilidad de que el régimen carcelario pueda desarrollar lo que es su principal función. Esta no es exclusivamente la de separar de la sociedad a quien ha quebrantado la ley, sino la de lograr la rehabilitación de todo aquel que muestre disposición para ello a fin de que, una vez cumplida su pena o hecho méritos suficientes para justificar su liberación anticipada, pueda reinsertarse en su seno como un ciudadano útil y despojado de todo índice de peligrosidad.

Nuestras cárceles, no de ahora sino de siempre, han sido motivo de profundo bochorno. Un verdadero submundo donde tienen lugar todo género de corruptelas, aberraciones y abusos y el sentido de dignidad humana pierde todo valor. Pero también mercado donde se negocian privilegios que van mucho más allá que la simple y aceptable mejoría en las condiciones de vida del recluso. Es así, por vía de vergonzosas y bien retribuídas complicidades de quienes tienen sobre sus hombros la responsabilidad de mantener la vigilancia y la disciplina en las cárceles, que esos privilegios llegan a alcanzar los niveles más irritantes y escandalosos. Habitaciones de lujo y cierre desde el interior, mujeres y prostitutas con amanecida, drogas, alcohol, comunicación constante con el exterior y todas las facilidades para poder seguir manejando su imperio del crimen como ocurría con Florián Feliz, quien tras las rejas siguió disfrutando de su condición de poderoso capo del narcotráfico en la calle y en gran medida dentro de la propia prisión.

De esperar que el sangriento y sonado incidente que ha sacado a flote una vez más el tema carcelario sirva para humanizar las condiciones de vida en nuestras prisiones. Pero también para que la autoridad recupere el control y manejo de las mismas dentro de las normas elementales de disciplina que deben regir en todo sistema penitenciario.

2009-05-29 17:15:21