Mario Rivadulla
Jueves 5,06,09
DESAIRE
En 1962, la OEA, integrada entonces por diecisiete países, excluyó a Cuba de su seno. La presión de los Estados Unidos y la alianza del régimen de Castro con la Unión Soviética en el marco de la guerra fría fueron factores determinantes en la toma de decisión. La respuesta de Castro se proyectó a nivel continental, fomentando y apoyando guerrillas y movimientos subversivos en numerosos paises del hemisferio, un proceso que abarcó desde Venezuela hasta la Argentina, incluyendo Centroamérica y que se prolongó hasta culminar con la frustrada aventura boliviana del Ché Guevara y la muerte de éste y la mayoría de sus compañeros. Convertido en punta de lanza del expansionismo soviético, el belicismo castrista tomó la ruta del continente africano donde miles de soldados cubanos intervinieron militarmente en más de una docena de países. El colapso de la Unión Soviética redujo significativamente el protagonismo de Castro dejándolo confinado a los estrechos límites insulares de Cuba para, perdida la amplia ayuda de aquella, tener que enfrentar el peso de las más graves carestías e inconveniencias sufridas por el pueblo en todo ese agónico proceso. Fue la etapa conocida como período especial que se prolongó por una década.
Cuarenta y siete años más tarde las circunstancias son muy diferentes, también la composición del organismo. Varios de los gobiernos que pertenecen a la OEA como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua son estrechos aliados de un Fidel ya octogenario y achacoso, retirado de la presidencia pero que continúa siendo factor determinante en las decisiones del gobierno entregado en herencia sucesoral a su hermano Raúl. Otros paises con regímenes socialistas moderados también se inclinaban por la revocación del acuerdo que excluyó su presencia en el organismo continental. Un tercer grupo de tendencia más moderada, como Colombia y Perú, convenían en que era preferible tener a Cuba dentro y no fuera del mismo. Los propios Estados Unidos, ya con una una nueva visión más realista y flexible, no pusieron mayores obstáculos para viabilizar el acuerdo de pasarle invitación al gobierno de Castro sin más condición que las esperadas en todo organismo colegiado. Tales las de aceptar sus normas y objetivos. Si bien tomó varias horas afinar el texto del acuerdo, éste era como la crónica anunciada de García Márquez.
Nadie al parecer se preguntó ni pareció interesado en preguntarle al gobierno de Castro si estaba realmente interesado en ocupar nuevamente su silla vacía en un organismo al que, durante todos estos años y en estos mismos días, ha dedicado los más denigrantes adjetivos de su arsenal verbal. Desde que fuera dado de baja del organismo, Castro y los voceros de su gobierno no dejaron de despotricar contra el mismo. Hoy, pese al cambio registrado no solo en la posición sino en la composición de la OEA, Fidel, desde su semiretiro, sigue expresándose sobre el organismo continental en los términos más despectivos. El rechazo oficial del gobierno cubano a la invitación para su reincorporación, posterior a que Fidel anticipara la respuesta a través de sus ?Reflexiones?, podía también considerarse crónica anunciada.
Obvio que a partir de ahora, su ego y la importancia politica de su régimen ya muy venida a menos, cobrarán nuevos alientos con las comisiones que de seguro se integrarán para vencer su reticencia a volver a ser miembro de la OEA. ¿Lograrán convencerlo? Para Castro de seguro, no es cuestión de principios sino de valoración política y protagonismo propio. Pero en todo caso, como buen estratega político que es, tratará de alargar la mediación lo más posible para mantenerse en el candelero de la actualidad, mientras a lo interno se le imponen a los cubanos nuevas medidas de austeridad a resultas de una economía altamente ineficiente agravada por los efectos desastrosos de los tres huracanes que asolaron la isla el pasado año dejándole pérdidas por más de diez mil millones de dólares.
2009-06-05 19:57:13