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Por Edgardo Loguercio
BRASILIA, 12 may (Xinhua) — El gobierno del presidente de Brasil, Michel Temer, cumple hoy un año, durante el cual enfrentó dificultades para recuperar la economía, luego de que la ex presidenta Dilma Rousseff fue apartada del cargo para ser sometida a juicio político.
Temer asumió la presidencia interina de Brasil el 12 de mayo de 2016 y en forma definitiva el 31 de agosto, para cumplir un mandato hasta el 31 de diciembre de 2018 con el desafío central de recrear la confianza económica y retomar la senda del crecimiento.
El Producto Interno Bruto (PIB) brasileño sufrió caídas de 3,8 por ciento en 2015 y de 3,6 por ciento en 2016, y el crecimiento de la deuda pública llevó a las agencias calificadoras de riesgo a retirar en ese proceso el «grado de inversión», que consagra la capacidad del país de honrar sus compromisos.
El gobierno cuenta con una sólida base en el Congreso y consiguió aprobar importantes medidas de ajuste promovidas por el equipo económico liderado por el ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, pero las señales de la economía son aún contradictorias.
Del lado positivo, la desvalorización del real en 2016 dio un fuerte impulso al comercio exterior, con saldos récord que ayudan a mantener las cuentas externas bajo control, con un déficit administrable.
La inflación, que permaneció en los últimos dos años en los niveles más altos en tres décadas, cayó casi 4 por ciento, por debajo del centro de la meta oficial.
En cuanto al balance del sector productivo, éste se mantiene negativo, con pérdida de empleos y estancamiento en la industria, el comercio y los servicios.
La mayor victoria parlamentaria fue la aprobación, en diciembre pasado, de una enmienda constitucional que estableció un techo a los gastos públicos por 20 años.
La medida fue bien recibida por el mercado financiero por ofrecer mejores condiciones para reequilibrar la brecha fiscal, pero al mismo tiempo limitó la capacidad de inversión del Estado.
Con el fin de apuntalar la actividad económica, el Banco Central inició en octubre pasado un proceso de flexibilización monetaria, al reducir la tasa básica de interés Selic de 14,25 a 11,25 por ciento.
La perspectiva es que los cortes continúen hasta llevar los intereses a 8,5 por ciento en el curso de este año.
Para la economista en jefe de XP Inversiones, Zeina Latif, el gobierno ha hecho los méritos suficientes para acelerar la caída de los intereses, pero consideró necesario acompañar de cerca las reformas enviadas al Congreso.
«Este año no vamos a recoger los frutos de la política monetaria, que serán recogidos a partir del año que viene», dijo.
Desde inicios de este año, el presidente Temer y el ministro Meirelles anunciaron la recuperación del crecimiento económico, pero hasta este momento los datos oficiales no han confirmado ese diagnóstico.
Los analistas del mercado prevén un crecimiento de 0,5 por ciento este año, con un desempleo actual de 13,7 por ciento y un alto nivel de endeudamiento de las familias.
Para el economista José Luiz Oreiro, de la Universidad de Brasilia (UnB), la ausencia de una recuperación económica más rápida debilita al gobierno.
«La economía ya debía estar dando señales de recuperación. Las señales que tenemos ahora son ambiguos, algunos indicadores presentan mejoras, otros empeoraron. El desempleo va a continuar creciendo en los próximos meses», consideró.
Los problemas para la recuperación de la confianza se vinculan también a un fuerte rechazo de la población a la gestión del gobierno, criticado por un sector de la población como ilegítimo y por otro debido a la presencia de figuras asociadas a prácticas ilegales.
Según una encuesta divulgada la semana pasada por el instituto Datafolha, sólo 9 por ciento de los brasileños apoya al gobierno Temer y 85 por ciento demanda elecciones generales anticipadas.
Además, numerosos funcionarios están asociados a graves denuncias de corrupción.
De acuerdo con un lista divulgada por el Supremo Tribunal Federal (STF), ocho miembros del gabinete ministerial y un centenar de legisladores están bajo investigación en el ámbito de la operación «Lava Jato» (Lavadero).
Para mantener la adhesión del «establishment» económico, la apuesta de Temer y su equipo es conseguir la aprobación en el Congreso de dos reformas ambiciosas que encuentran mucha resistencia entre la población.
La reforma laboral puede dejar en segundo plano la legislación para dar prioridad a los acuerdos directos entre patrones y empleados, y puede habilitar una mayor flexibilización del mercado de trabajo.
En tanto, la reforma de la seguridad social propone elevar la edad mínima jubilatoria para hombres y mujeres y el número de años de contribución necesarios para recibir un beneficio integral.
A finales de abril, una huelga general convocada por todas las centrales sindicales del país unidas contra las reformas tuvo una fuerte repercusión, y nuevas manifestaciones unitarias son anunciadas a partir de la semana próxima.
La ansiedad popular se refleja en la consolidación del ex presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, mentor político de la destituida Rousseff, como el candidato favorito para las elecciones generales de 2018.
El presidente Temer, en respuesta a sus adversarios, reiteró este viernes que no gobierna «preocupado en la popularidad, sino en el crecimiento de Brasil». Fin
Gobierno de Brasil hace un balance positivo a un año de gestión
BRASILIA, 12 may (Xinhua) — El presidente brasileño, Michel Temer, y sus principales colaboradores hicieron hoy un balance positivo a un año de gestión desde que asumiera el 12 de mayo de 2016 provisionalmente ante la separación del cargo de la entonces mandataria, Dilma Rousseff.
Temer y sus ministros destacaron el buen diálogo con el Congreso y aseguraron que la economía brasileña dejó atrás la mayor recesión de su historia.
El presidente defendió las reformas laboral y de seguridad social propuestas por el gobierno, y aseguró que no habrá retrocesos en los derechos de los trabajadores.
Temer dijo que encontró el país «con un agujero millonario», recesión económica, alto desempleo, inflación y altas tasas de interés, y que hay grandes cambios que serán valorados en el futuro.
«Tengo el honor y la felicidad de dirigir la travesía. Fue tenso, pero el balance es positivo. Tenemos resultados concretos y buenas razones para tener confianza», aseguró.
«Brasil está volviendo a la senda del crecimiento. Ahora hay que seguir adelante. La travesía es segura y en el segundo año, tendremos un país reestructurado y eficiente», agregó.
Temer afirmó que la pérdida de gobernabilidad en la administración anterior fue resultado de una ausencia de diálogo político.
«Fue necesario establecer un diálogo que antes no había. De hecho, fue la falta de diálogo que derivó en la dificultad de gobernar.No había entendimiento entre el Ejecutivo y Legislativo. Faltaba pacificar el país», agregó.
Temer dijo que la experiencia adquirida por él por más de 24 años en el Congreso ayudó en el enfoque entre los poderes.
«La impresión es que el Legislativo fue tratado como un apéndice del Ejecutivo, frente a los aspectos centralizadores de nuestra política. Hoy en día el Legislativo no es un apéndice, sino un miembro del gobierno y de la actividad productiva de nuestro país», dijo.
El presidente defendió de nueva cuenta la reforma laboral, que ya ha sido aprobada por la Cámara de Diputados y está pendiente en el Senado.
Entre las principales acciones de gobierno, Temer afirmó que hubo aumento del presupuesto para la salud y la educación, inversiones en el sistema penitenciario, la aprobación de la reforma de la escuela secundaria y la renovación del programa «Mi Casa, Mi Vida».
En el acto en el Palacio de Planalto, sede del Poder Ejecutivo, el ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, aseguró que «la recesión económica ya es cosa del pasado».
«Brasil vive un momento de profunda transformación. Encontramos un país que vivió la peor recesión de la historia. La recesión que encontramos fue mayor que la depresión de 1930 y 1931», dijo.
El ministro enfatizó que la recesión ya fue superada y que Brasil muestra señales de que volvió a crecer.
Meirelles dijo que hubo un aumento de 20 por ciento en el consumo, de 20 por ciento en la producción de acero y de 22 por ciento en la cosecha de granos, «que superó las previsiones más optimistas», en comparación con el año anterior.
Sin embargo, el funcionario reconoció que la tasa de desempleo tarda más en retroceder ante el repunte de la economía.
«El desempleo todavía crecerá un poco porque tiene una reacción más lenta», admitió.
El ministro mencionó además la reducción de la inflación, que alcanzó el 9,28 por en el período de 12 meses hasta marzo de 2016 y ahora se ubica en 4,08 por ciento, por debajo de la meta oficial, que es de 4,5 por ciento. Fin
2017-05-13 00:06:52