Internacional

En Haití pequeñas hogueras arden para quemar cúmulo de basura en las calles

Por Anelí Ruiz García *

Puerto Príncipe (PL) Tres veces devastado en una década, el Mercado de Hierro pareciera sucumbir a la maldición de Jean-Jacques Dessalines, cuando auguró que Haití no se levantaría tras la alta traición a la cual fuera sometido.

‘No quedó nada, lo he perdido todo’, lloraba desconsolada ante la cámara de la televisora nacional, una de las comerciantes que en la mañana del 13 de febrero vio sus mercancías en llamas por un fuego que arrasó el simbólico lugar, y hasta el momento se desconoce la cuantía de los daños.

Un lamento que, por desgracia, se va haciendo habitual en la capital haitiana, cuyo cuerpo de bomberos no cuenta con el equipamiento suficiente para hacer frente a los siniestros, cada vez más frecuentes en una urbe altamente contaminada y seca.

Youri Chevry, alcalde de Puerto Príncipe, se ha referido en más de una ocasión a la debilidad del ayuntamiento y a la falta de equipos para responder ante desastres, sin embargo, muy poco o nada ha cambiado.

De hecho, varios detractores del presidente Jovenel Moise refieren que la Caravana de Cambio, el proyecto que el mandatario impulsa desde el gobierno y tiene entre sus objetivos mejorar la infraestructura del país, debería estar más a tono con las necesidades puntuales de los territorios.

Así es que, mientras cientos de miles de haitianos bailaban en los carnavales al ritmo del konpa, uno de los más populares en la nación caribeña, crecían las llamas en el Mercado de Hierro, también conocido como Hyppolite, y considerado un ícono en la vida cultural de Haití.

Construido en Francia en 1981, sus piezas fueron trasladadas en barco hacia Puerto Príncipe, luego de que el entonces presidente Florvil Hyppolite negociara con el gobierno francés la estructura destinada a la capital de El Cairo, Egipto.

Llegó así por el mar el Mercado de Hierro, cuya primera misión era convertirse en una estación de ferrocarriles, pero luego fue inundado por pequeños y medianos negocios, que comercializan gran parte de lo que entraba por el puerto haitiano.

Fue esta edificación icónica la que por segunda vez en 10 años vio morir sus estructuras, sin que hasta el momento se conozca a ciencia cierta el origen del siniestro.

HISTORIA REPETIDA

Y la misma historia se repitió el domingo 18 de febrero. Cerca del mediodía los lugareños daban aviso a las autoridades que otro mercado sucumbía en Puerto Príncipe, esta vez el conocido como Guerite, a pocos metros de la aduana en la capital.

Las imágenes dejaban ver una columna de humo que se elevaba hacia las nubes, tan solo cinco días después del desastre del Hyppolite.

La aglomeración era feroz, los pequeños comerciantes se escabullían entre estrechos pasillos para salvar las pertenencias, el sustento de sus familias. Cinco minutos después del estallido aún el cuerpo de bomberos no había llegado al lugar.

Al mediodía del 20 de febrero agentes de Protección Civil hallaron el cuerpo calcinado de un joven sin identificación entre los restos del otrora espacio de comercio textil, la única víctima de los recientes siniestros, y la cuantía de los daños aún está por determinar.

¿CULTURA O NECESIDAD?

Solo unos días en la capital del país bastan para enfrentarse a una verdad dura, el sistema de recolección de basura es ineficiente o casi inexistente. A cada paso puedes tropezar con los desechos de una ciudad en la cual se consume casi más empaquetado que comida.

Recientemente una investigación reveló que el país tiene la cobertura más baja para los servicios de recolección de desechos en América Latina y el Caribe, lo cual significa que solo el 12, 4 por ciento de la basura que se genera termina en depósitos apropiados, mientras el resto se encuentra en las calles para luego, irremediablemente, pasar al mar.

Tras el sismo que en 2010 sesgó la vida de más 300 mil víctimas y dejó sin hogar a más de un millón y medio, se hizo cada vez más habitual la formación de pequeñas hogueras para quemar los desperdicios, tanto por parte de las personas como de las empresas, una costumbre que continúa hoy y termina, en muchas ocasiones, llevándose más que basura a su paso.

Ni para la recogida de desechos, la prevención o planificación de estrategias ante el enfrentamiento de siniestros, ni para la educación cívica, se anuncian proyectos a corto plazo que ayuden a paliar la situación enfrentada por el país.

Y la lista de incendios recientes no es corta. El 20 de noviembre de 2016, el Marché Kokoye in Frÿrede Pétion-Ville fue completamente consumido; el 6 de diciembre de 2016, el turno correspondió al mercado de Bizoton, en Carrefour, y el 19 de marzo de 2017, el de Croix-des-Bossales.

Con los siniestros en el Hyppolite y Guerite, más el orfelinato de Lilavoisen Carrefour el pasado 15 de febrero, suman seis los incendios en menos de 15 meses, una estadística que debería empezar a preocupar a las autoridades del país.

Para muchos haitianos la nación sucumbió a la maldición del líder de la Revolución que proclamó la independencia del país el 1 de enero de 1804 y fuera su primer gobernante, Dessalines: terremotos, incendios, desastres naturales, son para creyentes fe de ello. En la realidad de hoy, ojalá que el gobierno proceda a fin de quitar al país de la línea del fuego.

*Corresponsal Jefa de Prensa Latina en Haití.

2018-03-01 05:00:20