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El Papa, en la cárcel más temida de Guinea Ecuatorial: “Ninguno está excluido del amor de Dios”

diariodominicano.com

Por Victoria Cardiel, periodista especializada en temas de información social y religiosa

Vaticano, 22 de abril. 2026.- “Ninguno está excluido del amor de Dios”. Este fue el mensaje que el Papa quiso remarcar ante los presos de la cárcel de Bata, uno de los centros penitenciarios más cuestionados del país.

“Cada uno de nosotros, con su historia, sus errores y sus sufrimientos, sigue siendo valioso a los ojos del Señor”, aseguró el Pontífice ante los internos.

En el décimo día de su gira por África, el Papa estadounidense mantuvo una agenda especialmente intensa en Guinea Ecuatorial, un país en el que cerca del 80 % de sus dos millones de habitantes se declaran católicos. El viaje comenzó en Mongomo, bastión del clan presidencial en la frontera con Gabón, donde celebró una Misa multitudinaria ante unos 100.000 fieles.

Desde allí, León XIV se trasladó en avión hasta esta ciudad, considerada la capital económica del país. Bata, situada a orillas del golfo de Guinea Ecuatorial y la urbe más poblada, con más de 300.000 habitantes, fue el escenario de uno de los momentos más emocionantes del viaje.

Los presos interpretaron ante el Papa una canción en la que le pedían oraciones por ellos, por sus familias y por su libertad.

“Hoy estoy aquí para decirles algo muy sencillo: ninguno está excluido del amor de Dios”, proclamó el Papa, antes de escuchar varios testimonios estremecedores de algunos presos, que pusieron rostro al sufrimiento vivido entre los muros del centro penitenciario.

León XIV recogió así el testigo del Papa Francisco, quien hizo de las visitas a cárceles una prioridad de su pontificado.

Vulneración de los derechos humanos

La prisión de Bata ha sido señalada de forma reiterada por organizaciones humanitarias por graves vulneraciones de los derechos humanos. Entre las denuncias más frecuentes figuran el hacinamiento extremo en las celdas, la falta de condiciones mínimas de higiene —con presencia de plagas de insectos—, el acceso muy limitado al agua potable y la ausencia de atención médica adecuada para los internos. Organismos como Human Rights Watch han documentado asimismo el uso de la tortura tanto como castigo como para la obtención de confesiones.

“Podemos decirlo con certeza, porque Jesús nos ha revelado esto en cada encuentro, en cada gesto y en cada palabra. Incluso cuando fue arrestado, condenado y llevado a la muerte sin culpa alguna, nos amó hasta el extremo, demostrando que cree en la posibilidad de que el amor transforme incluso el corazón más endurecido”, aseveró el Papa.

Con sus palabras, el Pontífice quiso hacer sentir a los presos protagonistas de la vida social del país, recordándoles que forman parte de Guinea Ecuatorial y que no han sido olvidados. En este contexto, subrayó que la administración de justicia tiene como fin proteger a la sociedad, pero para cumplir verdaderamente su misión debe “invertir siempre en la dignidad y en las potencialidades de cada persona”.

“Es deseable, por ejemplo, que se hagan las gestiones necesarias para que en la cárcel exista la posibilidad de estudiar y de trabajar con dignidad”, pidió el Santo Padre.

La auténtica justicia no busca «castigar»

“Una auténtica justicia no busca tanto castigar, sino sobre todo ayudar a reconstruir la vida, tanto de las víctimas como de los culpables, así como de las comunidades heridas por el mal. No hay justicia sin reconciliación”, exclamó ante los presentes.

El Papa hizo estas declaraciones en presencia del ministro de Justicia, Reginaldo Biyogo Mba Ndong Anguesomo. En esta ocasión no estuvo presente el presidente del país, Teodoro Obiang, de 79 años, quien gobierna Guinea Ecuatorial con mano de hierro desde 1979, tras derrocar a su tío Francisco Macías en un golpe de Estado, lo que lo convierte en el jefe de Estado que más tiempo lleva en el poder en el mundo.

El Pontífice llamó asimismo a “involucrar a toda la comunidad nacional, para prevenir y reparar las heridas provocadas por la injusticia”.

«No están solos»

Finalmente, dirigió un mensaje de esperanza a los internos: “No están solos. Sus familias los aman y los esperan, y muchos, más allá de estos muros, rezan por ustedes. Y aun cuando alguno temiera el ser abandonado por todos, Dios nunca los abandonará y la Iglesia estará a su lado”.