EL TIRO RAPIDO
Mario Rivadulla
Fue el de ayer, 30 de Mayo, día de Patria de merecida celebración.
De recordar la muerte del Chivo, cincuenta y dos años atrás: el ajusticiamiento de Rafael Leónidas Trujillo, responsable de una de las más largas, brutales y absolutistas dictaduras que haya conocido pueblo alguno de nuestro sufrido continente.
Día también para rendir emocionado tributo de gratitud a quienes llevaron a cabo la arriesgada acción de justicia liberadora. A Antonio de la Maza, a Huáscar Tejeda, Modesto Díaz, Salvador Estrella Sadhalá, Amado García Guerrero, Roberto Pastoriza y Pedro Livio Cedeño, víctimas de la posterior y más feroz cacería desatada por Ramfis Trujillo y a los dos únicos que milagrosamente lograron salvar sus vidas, Luis Amiama Tió, fallecido años después y el hoy mayor general Antonio Imbert Barreras, ya el único sobreviviente de la gesta.
Oportuno recordar también que no fue el tiranicidio el único gesto llevado a cabo para sacudir al pueblo dominicano del oprobioso yugo a que estuvo sometido durante tres décadas de humillante sometimiento, doloroso escenario histórico de los peores atropellos e infamias.
Antes de eso y a lo largo de ese tiempo, otras acciones valerosas son también dignas de recordar y rendirles tributo.
Justo rendirlo a los miles de opositores que huyendo de la tiranía no se sumieron en la indiferencia de un exilio acomodaticio sino que dedicaron todo su empeño y existencia a combatirla.
A cruzados incansables como los generales Juan Rodriguez, que dejó la fortuna familiar en el empeño y Miguel Angel Ramírez, quien también prestó su solidaria ayuda a don Pepe Figueres para restablecer la democracia en Costa Rica.
A Juan Bosch, que supo articular un fuerte instrumento político de lucha contra Trujillo con la fundación en La Habana, del Partido Revolucionario Dominicano.
Al incansable luchador obrero Mauricio Báez, asesinado en la capital cubana por orden de Trujillo.
A Horacio Julio Ornes y sus valerosos compañeros, que sacrificaron sus vidas en la infortunada invasión de Luperón.
A las decenas de combatientes asesinados en el fallida intentona de Constanza, Maimón y Estero Hondo, donde escasos sobrevivientes quedaron como testigos de excepción del brutal asesinato de la mayoría de los expedicionarios.
A las indomables hermanas Mirabal, víctimas del horrendo crimen que se convirtió en uno de los más dramáticos eslabones de la cadena de acontecimientos que marcaron el fin de la tiranía.
Y a los muchos otros, cruzados de la libertad, cuyos nombres apenas recoge la historia, que antes que someterse a la bota infamante prefirieron retar la persecución, el encarcelamiento y aún la tortura y la muerte.
Para todos ellos es también la celebración del 30 de Mayo. Pero no simplemente como una jornada de ocasión, siempre plena de emoción pero vacía de contenido.
La fecha debe servir también para obligarnos a reflexionar sobre el ideal de Patria por el que lucharon, sufrieron y dieron generosamente sus vidas. De preguntarnos si se ha cumplido ese ideal que dejaron como legado uncido a su memoria. De reconocer que estamos muy lejos de haberlo alcanzado. De plantearnos con honestidad qué hemos hecho y estamos haciendo por lograrlo. Y de asumir el firme compromiso de que así como ellos fueron jalonando el difícil y riesgoso camino hacia la libertad, nos toca a nosotros, a todos y cada uno, poner nuestro grano de arena para que su sacrificio no haya resultado inútil sino que resplandezca en el sueño hecho realidad de una Patria justa, progresista, libre y soberana.
teledebate@hotmail.com
OBJETIVO Y VERAZ
COMPROMETIDO CON LA VERDAD
2013-06-03 19:06:20