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Bagdad, 16 dic (Prensa Latina) El tráfico de órganos humanos floreció en la región autónoma iraquí del Kurdistán como resultado de las paupérrimas condiciones de vida en el resto de la nación árabe.
‘Listo para vender mi sangre, que es tipo O positiva’, reza en Facebook el anuncio de Hamid (nombre ficticio), quien decidió poner en venta un riñón por el que recibió ofertas que van desde 10 mil a 25 mil dólares.
Padre divorciado con un hijo y residente en Bagdad, la capital, la madre del potencial donante padece cáncer y necesita dinero rápido.
El comprador también vive en la capital, pero la cirugía se llevará a cabo en Duhok, ciudad perteneciente al Kurdistán.
Un familiar acompañará a Hamid para la operación y garantizar el pago, pues solo cuando este último se concrete, el donante irá al quirófano.
Se trata de uno de los tantos casos del mercado clandestino de órganos humanos en Iraq, impulsado por receptores con dinero y desesperados desposeídos.
Donar un riñón parece que no es tan arriesgado, en tanto que las estadísticas reflejan mínimas posibilidades de problemas de salud a largo plazo y recuperarse dilata de cuatro a seis semanas. El riñón que queda, agranda su tamaño y trabaja por el faltante.
Pero someterse a cualquier procedimiento quirúrgico siempre acarrea riesgos.
El donante podría experimentar una multitud de problemas como coágulos de sangre, daño a órganos circundantes e infección.
En Estados Unidos, tres de cada 10 mil donantes de riñón mueren después de la cirugía, de tres a seis por ciento experimentan complicaciones mayores y 22 de cada cien, menores.
A diferencia de otras partes del mundo en que la obtención del órgano sucede después de la muerte, en Iraq proviene de personas vivas.
‘Creo que es una cuestión cultural’, acotó un médico que realiza trasplantes en un hospital de Erbil, la capital kurda, quien habló a condición de anonimato.
Para evitar el comercio ilegal de órganos, en esa región autónoma se creó un comité evaluador de cada caso que sesiona auspiciado por el Ministerio de Salud y lo componen médicos independientes y oficiales de policía.
Los especialistas analizan la idoneidad entre el donante y el receptor, los funcionarios de seguridad dan su visto bueno a la operación y al intercambio por dinero.
La Dirección de Erbil para Combatir la Trata de Personas, procesó tres casos de venta de órganos desde que abrió sus puertas el 1 de junio último.
En uno el donante era un menor. Después de un examen e investigación, llegó la aprobación del trasplante, pero hubo un problema, el donante no recibió el pago esperado y el caso está en manos de un tribunal penal.
Algunas salas de trasplantes solo aceptan intervenir si el vínculo familiar es primer grado y así evitan el tráfico ilegal, según el testimonio del médico.
Aunque hay maneras de salvar ese paso, dijo, con la falsificación de documentos.
Las transacciones se realizan con intermediarios que conocen como manejar el sistema.
Abu Saman (nombre ficticio) concretó un trato de un riñón por valor de 12 mil 600 dólares, extrajo su ganancia y envió el dinero a la familia del donante.
Sin embargo, no todos los donantes dan su consentimiento como ocurrió con una red de tráfico en la ciudad de Mosul que mediante un anuncio atraía a con ofertas de empleo a jóvenes de 15 a 20 años de edad, los drogaban y le extraían órganos, en especial los riñones.
La pobreza y el desempleo en Iraq, uno de los países más corruptos del mundo, y destrucción por la guerra contra el terrorismo, generaron desesperación en los grupos más vulnerables con muchos de sus integrantes dispuestos a vender órganos para cubrir necesidades.
tgj/arc
2019-12-16 08:11:19