El Medio de Comunicacion

Opiniones

Somos necesarios

Hace unos días, ante las necesidades vitales y hasta desesperadas de cientos de miles de familias españolas y el ejemplo de la sociedad civil montando comedores sociales por todo el país, envié este email:

Amigo:

He repasado la lista de mis familiares, de antiguos alumnos en la universidad, de compañeros en la ONG, de quienes me acompañaron para aprender y servir en viajes a tantos países de América; de los participantes en el Taller de Periodismo Solidario durante los últimos 14 años, de personas que han trabajado como voluntarios y socios en la ONG y de otros que han participado en cursos, seminarios y masters… y de los casi 4.000 que han pedido ser «amigos» en mi muro de Facebook… Me salen las cuentas.

No necesitamos dinero. Sino que vayas al supermercado de mejor precio y compres:

1 kilo de harina, de lentejas, de arroz, de garbanzos, de alubias o frijoles, de pasta, de azúcar, de aceite girasol y de patatas… o galletas. Hasta 10 Euros.

Llevas esa bolsa al centro más próximo de Cruz Roja o Caritas o comedores sociales organizados asociaciones que te merezcan confianza, y lo entregas.

Necesito que te muevas y que vayas con algún hijo o nieto.

Luego, sólo me gustaría que enviaras un email: «Hecho, profesor», sin nombre ni nada. Me basta…para mantener mi confianza en la humanidad y para seguir luchando. Hasta un viejo como yo necesita algo de aliento. No envíes dinero, no compres 10 kilos de un producto. Hazme caso.

Con esa bolsa, un ama de casa puede mantener a su familia durante siete días. Si supieras lo que están pasando… con la pobre pensión del abuelo. Es importante que lo hagamos cada uno de nosotros, allí en donde nos encontremos.

Es sólo un paso. Démoslo.

Si en algo he podido servirte alguna vez en mi vida. Hazlo y pásalo a tus amigos más ciertos».

Al cabo de quince días hemos alcanzado ese «pretexto» de las diez toneladas de alimentos no perecederos entregadas en comedores y albergues sostenidos por voluntarios sociales llenos de luz y de calor. Personas como ellos mantienen nuestra esperanza en la humanidad a pesar de las corrupciones, de las trampas, de los engaños y de la explotación que opacos poderes económicos y financieros o ideológicos llevan décadas imponiendo a ciudadanos impotentes e inocentes; porque la clase política ha demostrado la falacia de muchos de sus sistemas y comportamientos.

Que fue un pretexto estaba claro, y centenares de personas así lo comprendieron al acusar recibo con ese emotivo mensaje «Hecho, profesor».

No se trataba de poner pobres vendajes a las tremendas heridas abiertas en las personas que comprenden el cuerpo social de la humanidad. Esa tarea corresponde al cambio de mentalidad, de modelo de desarrollo y de sistemas políticos, económicos y sociales que una ingente multitud de personas estamos promoviendo desde las redes sociales. No se trata de poner parche alguno sino de dar de comer al hambriento mientras preguntamos por las causas de su hambre, de su enfermedad, de su sed, de su tristeza, de su desazón y de su desesperación crecientes. Estamos con los pobres contra la pobreza.

Firmes en nuestra convicción de que no haya protesta sin propuesta alternativa. Que la indignación se convierta en compromiso social, concreto. Ahí, a la vuelta de la esquina, en tu propio edificio, en tu ambiente de trabajo, en la comunidad en la que habitas y de la que, en cierto modo, somos responsables.

Cada día, y en la noche, abría los correos y se me saltaban las lágrimas y la alegría en la soledad de mi cuarto de trabajo. Nadie ofreció dinero, ni enviar mercancías. «Hecho, profesor» y todo lo más, «fuimos con nuestros hijos; o pasé la palabra en mi club de fútbol, o de gimnasio, o de trabajo y cada uno llevamos nuestros diez kilos».

Junto a eso, mensajes de recuerdo, de afecto, de vida procedentes de cientos de personas con los que alguna vez caminé un trecho. Al cabo de décadas comprobaban que no existían distancias físicas ni tiempos cronológicos más que en nuestras mentes. Era una dimensión kairológica, de la que tantas veces les había hablado o escrito para que la distinguieran del tiempo cronos en el que una semana tiene siempre siete días y un día 24 horas.

Esos momentos de eternidad que siempre se presentan de repente. Sí, confieso que es posible la esperanza si la sostenemos con la palabra, con la denuncia, con el servicio y con la acción.

José Carlos García Fajardo

Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)

fajardoccs@solidarios.org.es

Twitter: @CCS_Solidarios

No hay inocencia entre los neoliberales

Falsedades, embustes, maquillajes de la cruda realidad, ocultaciones y camuflajes de la verdad bombardean con insistencia a la ciudadanía, simulando explicar la crisis. Son fieles al enunciado de Goebbels de que una mentira repetida se considera verdad. Y lo perpetra la minoría rica por medio de políticos, funcionarios internacionales, «expertos» a sueldo o medios a su servicio. El objetivo es convencer a la mayoría ciudadana de que no hay más camino que la austeridad, reducir el déficit público, apretarse el cinturón que ya vendrán tiempos mejores, afianzar el euro…

Destacan las falacias de que los mercados financieros (grandes especuladores) son necesarios y eficientes. Que favorecen el crecimiento económico. Que sus juicios sobre la solvencia de los estados son científicos y justos. Que las deudas públicas son desorbitadas por exceso de gasto social. Que es imprescindible reducir deudas públicas para que la economía funcione. Que lo peor para un país es no pagar su deuda. Que lo privado siempre es mejor que lo público. Que la ciudadanía ha vivido por encima de sus posibilidades y ahora ha de pagarlo con recortes. Que el Estado jamás ha de intervenir en economía porque es la ruina, además de ser pecado muy mortal. Que el despido barato ayuda a crear empleo. Que es poco realista e ineficaz subir los impuestos a los ricos. Que cuando los bancos están bien, fluye el crédito…

Es difícil mentir más o con mayor desfachatez. Lo que hay tras tales falacias son obscenos intereses de unos pocos y de quienes les sirven. Como ejemplo, el caso Díaz Ferrán, que fue presidente del empresariado español, es paradigma del capitalismo neoliberal.

Mientras Díaz Ferrán declaraba ante los medios que, ante la gravedad de la crisis no había otra salida que trabajar todos mucho más y cobrar menos, vendía o fingía vender empresas y filiales suyas por 2.907 euros a un empresario, Ángel de Cabo, su testaferro. Ventas simuladas para que el administrador judicial, que interviene en el inmenso crack de empresas de Díaz, no pudiera repartirlas entre sus acreedores. Por cierto, el juez ha dictado prisión preventiva para Gerardo Díaz Ferrán, acusado de los delitos de insolvencia punible, alzamiento de bienes y evasión de capitales.

Porque no hay inocentes entre los creyentes en el capitalismo neoliberal. Sí codiciosos, farfulleros, embaucadores, patrañeros y fulleros. Recuerdo un presunto empresario que editaba en Madrid revistas especializadas. Mientras negaba un contrato en forma y un salario más decente al empleado que le resolvía la mitad de su negocio, presumía del nuevo automóvil que le había costado un montón de dinero. Delatarlo no es académico, pero ¿cuánta vanidad, avidez, egoísmo, mezquindad más codicia pura y dura no hay tras las decisiones, medidas y tomas de postura neoliberales? Por ejemplo, ¿es casualidad o azar que los políticos profesionales más privatizadores del Reino de España hayan sido tan bien recompensados?

Rodrigo Rato, ministro de economía con Aznar, que privatizó la estatal compañía Telefónica de España, recién ha sido nombrado consejero asesor de la privada Telefónica. Felipe González, cuyo gobierno vendió todas las acciones de la estatal Enagas a la privada Gas Natural, hoy es asesor de esta empresa. José María Aznar ha sido fichado por Endesa, la empresa estatal que acabo de privatizar. Luis Croissier, ministro de Industria y Energía, reunió las empresas estatales petroleras en el Grupo Repsol, que privatizó un tiempo después. Croissier es hoy consejero de la empresa Repsol.

Red Eléctrica Española, empresa encargada del transporte de electricidad, se fundó en 1985, cuando Miguel Boyer era ministro de Economía. Boyer empezó a privatizarla en 1999 y es consejero de esa empresa desde hace años. Al menos una docena de ex-ministros han sido recompensados con cargos importantes en las principales empresas españolas.

Porque no hay candidez, desinterés, solidaridad ni altruismo entre los partidarios, defensores y perpetradores del capitalismo neoliberal. Por encima están los obscenos intereses de clase de la minoría rica y de sus cómplices, colaboradores y encubridores.

Xavier Caño Tamayo

Periodista y escritor

2013-01-13 04:18:10