

SAN CRISTÓBAL, 14 de Septiembre de 2014.- 11:23 AM, cuando una ronda de nube negro deja soplar llovizna, transportaron en el carro fúnebre el ataud con los restos del ilustre escritor, cuentista y periodista, Diógenes Valdéz Medina, quien murió a la edad de 73 años, luego de más de diez años de tratamiento cardíaco.
Durante el velatorio de sus restos en uno de los salones de la funeraria SAVICA, distintas personalidades expresaron respeto y adminiración como despedida de los restos de quien fue ganador del premio Nacional de Literatura en el 2005.
La población esperaba que el ayuntamiento rindiera honores, con la banda de música y la bandera tricolor ante el ataúd, el auto fúnebre solo transportaba ramilletes de flores.
Una antigua fosa familiar, fue habilitada para sepultar el cadáver de Diógenes Valdez Medina, quien dejó más de 400 artículos, y once libros.
Douglas Hasbún, uno de los tres que pronunciaron las ultimas palabras al extinto escritor, como los anteriores dio la gracias a los presentes, y los presentes se miraban las caras, como diciendo hace falta algo en este ultimo adiós a un hombre que lo dio todo en faz de la educación.
Diógenes era conocido por los sancristobalenses, como dicen los terruños de tierra lejanos, por su caminar, que se hacía sentir mas del pies derecho que del izquierdo, por su tradicional sombrero que perdió el color de marrón a blanco, y su lente de pastas negras y cristales blanco.
El ganador del Premio Nacional de Literatura, vivió una vida de trabajo desde sus años mozos, y fue a la edad de 72 años, cuando aprendió a conducir automóviles, ya que un amigo, le dono parte de la compra de un auto sencillo, porque tenía que viajar con frecuencia al Distrito nacional, y en autobús perdió tiempo.
Aquel ataúd con los mango de color oro y su madera color caoba, será la mirada mas recordada para que asistieron al sepelio, porque fue el ultimo momento que inclinaron la vista hacía la morara de Diógenes Váldez Medina.
A pesar, que en las mayorías de sus redacciones en su computadora utilizaba una copa de vino, para ahogar, tal ves su pena, en este sepelio no se observo ninguna perdona llorar, como si se tratara de una promesa.
Autor
Carlos Corporán
2014-09-15 05:04:23