EL TIRO RAPIDO
Mario Rivadulla
Ayer se celebró a nivel mundial el Día de la Salud Mental. Con ese motivo, tuvimos de huésped en Teledebate al destacado psiquiatra doctor José Miguel Gómez Montero. Ex Presidente de la Sociedad Dominicana de Psiquiatría y actual Secretario Regional de la Asociación Psiquiátrica de América Latina, el doctor Gómez Montero ofreció datos de sumo interés que ponen de relieve la necesidad de prestarle una mayor atención a esta área especializada de la Medicina, tanto por parte de la sociedad como de las autoridades sanitarias y el mismo sistema de la Seguridad Social.
En su comparecencia, Gómez Montero puso especial énfasis en el tema de los suicidios, recordando que hace apenas unos días, en tan solo 24 horas, seis personas se quitaron la vida por diferentes motivos en distintos sitios de la geografía nacional. Y mencionó que según cifras ofrecidas por la Policía, en el país el pasado año más de seiscientas personas perdieron la existencia por propia mano, una cifra que triplicó la cantidad de feminicidios registrados durante el mismo período, pese a lo cual ese hecho distó mucho de haber despertado el mismo interés. Casi pudiera decirse que pasó desapercibido. La mayoría de los suicidas en proporción de seis hombres por cada mujer, eran de edades tempranas y se encontraban en capacidad productiva.
En los últimos cinco años, la cantidad de suicidios en el país ha crecido de una manera alarmante. Gómez Montero asegura que alrededor del noventa por ciento de las personas que apelan al suicidio padecen algún tipo de trastorno mental. Esta circunstancia sumada a factores externos, hacen caer a la potencial víctima en un estado progresivo de depresión que le hace perder todo el instinto de sobrevivencia y lo conduce de manera inexorable a tomar la trágica e irreversible decisión. Obviamente, un entorno desfavorable de crisis económica, desempleo, pobreza y ausencia de esperanza constituyen elementos desencadenantes que agravan la condición emocional de ese grupo humano más vulnerable emocionalmente.
Se advierte que estos casos detectados y manejados a tiempo con terapia profesional y medicamentos antidepresivos permiten al paciente superar la crisis emocional y bajo tratamiento, reinsertarse en el seno de la familia y la sociedad y llevar una existencia normal. Lamentablemente como admitió el doctor José Mieses, director de Salud Mental del Ministerio de Salud Pública, al presente tres de cada cuatro afectados por problemas mentales no recibe asistencia en nuestro país.
Ahora mismo, el hospital psiquiátrico Padre Billini, con una subvención ínfima, se encuentra en deplorables condiciones asistenciales. Y por las calles deambulan, también en condiciones de penoso abandono familiar y social, decenas de enfermos mentales, parte de los cuales debieran estar recibiendo tratamiento hospitalario y el resto ambulatorio.
La familia, la sociedad y las autoridades sanitarias tienen que empoderarse para enfrentar los casos de enfermedad mental que, como señalamos antes y a diferencia de lo que ocurría algunas décadas atrás, son tratados y curados en su gran mayoría como cualquier otra enfermedad. Persiste en el caso de muchas familias y de gran parte del cuerpo social el prejuicio de rechazarlos al considerarlos «locos», un término que por fortuna y los grandes avances en este campo especializado de la salud mental, ya ha sido desterrado del léxico médico. Y en el de las autoridades, la necesidad de prestarle mayor atención, apoyo y recursos para el tratamiento y recuperación de estos enfermos.
Reiteramos y recordemos: un trastorno mental es una enfermedad pasible de ser tratada y curada como cualquier otra. El paciente puesto en manos de un profesional de esa área y manejado adecuadamente se recupera y puede llevar una existencia productiva y normal sin riesgo para sí mismo ni para los demás. Se impone superar ignorancia y prejuicios en este sentido y orientar debidamente a las familias y a los propios interesados sobre las posibilidades y los mecanismos de cura. A las autoridades de salud prestarle mayor atención y apoyo al personal que presta sus servicios especializados en este importante campo y al sistema de Seguridad Social ofrecer una cobertura adecuada para el tratamiento de este tipo de enfermedades.
Pero hay que insistir en el hecho de que si en su familia surge un caso de esta naturaleza, ni lo eche a un lado ni lo extrañe del hogar, sino por el contrario póngalo en manos del psiquiatra en la seguridad de que las posibilidades de cura son muy elevadas.
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11 de Octubre
2013-10-15 03:29:25