POR JUAN O. TAMAYO
JTAMAYO@ELNUEVOHERALD.COM
¿Estaba Fidel Castro recordándole a todo el mundo que todavía tiene el poder? ¿Estaba aprobando tácitamente la promesa de su hermano de liberar a 52 presos políticos? ¿O era simplemente una forma narcisista de ocupar el centro de la atención?
La súbita actividad de Castro con cinco apariciones públicas en nueve días, tras meses en las sombras, ha generado una renovada especulación sobre su influencia en los asuntos cubanos.
El programa de televisión Mesa Redonda lo mostró en dos presentaciones videograbadas, la última de ellas el viernes.
Pero su visita del miércoles 7 de julio al Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC) y la del martes 13 al Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM), ambos en La Habana, fueron sus primeras apariciones verdaderamente públicas, ante audiencias relativamente abiertas, desde que fue operado en el 2006.
También visitó el jueves 15 el Acuario Nacional, en La Habana, donde asistió a un espectaculo de delfines.
Su presentación el viernes dio la impresión de ser su primera actividad pública casi oficial: un «diálogo» en el Ministerio de Relaciones Exteriores con 115 embajadores cubanos. La televisión cubana después transmitió una grabación del evento, donde Castro lució un poco de humor y un mejorado aspecto físico.
Los analistas admiten que están especulando cuando se trata de comentar sobre las intenciones del astuto revolucionario que mantuvo el poder por 47 años antes de pasarlo a su hermano, el general Raúl Castro.
La mayoría ha comentado sobre su aparente buena salud y ha vinculado sus apariciones con la decisión de Raúl de liberar presos políticos tras conversaciones sin precedentes con la Iglesia Católica, aunque Fidel nunca haya mencionado el tema y sólo se refiriera a sus pronósticos de una guerra nuclear en Irán y Corea del Norte.
«Es un apoyo indirecto» a la decisión de Raúl, declaró el disidente Guillermo Fariñas, que estuvo 135 días en una huelga de hambre presionando por la liberación de 26 disidentes en mal estado de salud.
Peter De Shazo, jefe del Programa para las Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, en Washington, D.C., observó que las apariciones de Castro pudieran haber estado dirigidas a una audiencia nacional.
«Quizás el régimen tenga algún tipo de dinámica interna que ha llevado a Fidel a aumentar sustancialmente su perfil público, para subrayar que todavía está presente [. . .] y capaz de participar en la toma de decisiones», dijo De Shazo.
«Dentro de Cuba, pudiera haber gente de línea dura que cuestionara la liberación de los presos», señaló por su parte Andy Gómez, del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (ICCAS) de la Universidad de Miami. «Las apariciones de Fidel les muestran que [. . .] si alguien está pensando en cuestionar la decisión, tendrán que tratar con él».
O quizás Castro esté tratando de manifestar que todavía tiene poder, en un momento en que Cuba afronta serios problemas, como una grave crisis económica y una creciente corrupción oficial, dijo Mauricio Font, un experto en asuntos cubanos.
«Estos son problemas muy serios, y cuando se trata de controlar la situación él se ve a sí mismo como el Gran Hombre que puede hacerlo», dijo Font, jefe del Centro Bildner para Estudios del Hemisferio Occidental de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.
Para Jaime Suschlicki, director de ICCAS, las apariciones públicas de Castro refuerzan su convicción de que sigue siendo una voz poderosa, especialmente en relaciones exteriores, aunque Raúl dirige los asuntos cotidianos de la isla.
«Está contradiciendo a los que creen que pudiera haber cambios [bajo Raúl] o mejores relaciones con Estados Unidos», dijo Suschlicki. «Es una reafirmación de autoridad, pero nada ha cambiado».
En lo que todos los analistas coinciden es en que Castro, que cumplirá 84 años en agosto, estaba suficientemente saludable y alerta para visitar el CNIC y el CIEM en un lapso de seis días.
«Es difícil leer mucho en esto fuera de que su salud ha mejorado», dijo Phil Peters, un experto en Cuba en Instituto Lexington, un centro de análisis, en Washington.
La mayoría de los cubanos entrevistados por periodistas extranjeros en La Habana también comentaron sobre la aparente buena salud de Fidel.
«Pese a su edad, a mí me pareció muy bien», dijo Alexander Garrido, de 40 años, un empleado del gobierno, citado por la agencia AFP.
El escritor exiliado Carlos Alberto Montaner dijo que su «hipernarcisismo» había llevado a Castro a regresar al escenario público para anunciar sus predicciones de una guerra nuclear en el Medio Oriente y la península de Corea.
«Es incapaz de darse cuenta de que es un viejo semidelirante», dijo Montaner a la agencia de noticias EFE, «y que el único que lo toma en serio es él mismo».
La bloguera cubana Yoani Sánchez también descartó las nuevas apariciones de Castro, diciendo al periódico El Comercio, de Ecuador, que verlo en la televisión fue «como ver una vieja y amarillenta fotografía que se cae del cajón de los recuerdos».
Desde que Castro sufriera una cirugía intestinal de emergencia, la mayoría de los cubanos sólo lo ha visto en videos y fotos tomadas en ambientes controlados, como en reuniones con jefes de Estado visitantes. Prácticamente todos sus comentarios públicos, la mayoría en la forma de columnas periodísticas conocidas como «reflexiones», se han concentrado en la política internacional y no han mencionado asuntos cubanos.
Casi perdido en las especulaciones sobre el regreso de Castro a la luz pública ha quedado el mensaje que lanzó en sus apariciones por televisión y la visita al CIEM: su pronóstico de que una guerra nuclear estallaría el 11 de julio debido al programa de desarrollo nuclear de Irán.
Cometió un error, escribió en una columna publicada ese día, porque el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba había dejado fuera dos párrafos claves de algunos documentos que le habían enviado sobre el tema. Un compañero en el ministerio se había quedado dormido al copiar tantos documentos, añadió.
Castro reconoció en un mensaje escrito al CIEM: «Conozco que algunos compañeros se preocupan seriamente de que yo arriesgue mi credibilidad al afirmar algo tan importante».
Sin embargo, mantuvo su posición y exhortó a los expertos del centro a dedicar cuatro horas diarias en los próximos 10 días estudiando lo que debían hacer los países del Hemisferio Occidental «cuando se apague el fuego nuclear».
«Sería un esfuerzo, por supuesto, para lanzar una nueva civilización, partiendo del colosal conocimiento científico que ahora tiene nuestra especie, para que lo impensable no vuelva a suceder», escribió Castro.
2010-07-18 03:07:41