Una vez más el reinicio de clases después del feriado de Semana Santa se caracterizó por una ausencia masiva de alumnos. A nivel nacional, la asistencia fue de apenas algo más que un 37 por ciento de los estudiantes. O sea, que casi dos terceras partes dejaron de acudir a las aulas.
Cuando nos hemos referido al enorme, casi vergonzoso atraso docente del país pensamos de inmediato en la necesidad de que los profesores cumplan su tarea educativa con la máxima dedicación.
Pensamos en la necesidad de disponer de suficientes centros escolares para que no quede un niño ni un joven sin oportunidad de educarse.
Hacemos notar una y otra vez la de reparar aquellas aulas que se encuentran en condiciones deplorables y totalmente inadecuadas para impartir enseñanza.
Reclamamos que los docentes dispongan de las herramientas adecuadas para llevar a cabo su misión y que tengan además la oportunidad de mantenerse actualizados y superarse.
Y como es natural, en reclamar mayores recursos para la educación preuniversitaria, un proceso de concientización ciudadana que se extendió por todos los años en que se ignoró la ley del cuatro porciento y se tradujo en un vigoroso movimiento cívica para reclamar su cumplimiento que culminó con la decisión del Presidente Danilo Medina de hacer realidad su promesa de campaña en este sentido.
Pero al parecer se olvidó un detalle de suma importancia y que es tan fundamental como el compromiso de los maestros de no perder un solo día de clases y dar el máximo de sí para acercarnos al ideal de una educación de calidad.
Se trata de los padres de los alumnos.
Es responsabilidad primaria y directa de estos enviar sus hijos al colegio.
Es su responsabilidad exclusiva hacer que estos no pierdan un solo día de clases.
Es de su entera responsabilidad dar seguimiento al comportamiento y aprovechamiento de sus hijos en la escuela.
Es de su completa responsabilidad verificar que en sus mochilas carguen libros, mascotas y materiales de estudio.
Es su culpa cuando al día siguiente de un feriado, sus hijos no asisten a clases.
Es su culpa cuando se desentienden de la disciplina y el desempeño escolar de los mismos.
Es de absoluta culpa cuando sus hijos cargan sus mochilas con cuchillos, punzones, puñales, machetes y cualquier tipo de armas.
Nada de esto es culpa del gobierno. Nada de esto es responsabilidad de los profesores.
Así como las autoridades educativas tienen el compromiso de hacer el uso más eficiente de ese cuatro por ciento para la enseñanza y los maestros entregarse de lleno a lo que debe considerarse un sagrado ministerio, los padres tienen que asumir su cuota de responsabilidad.
Ellos, no el gobierno, no los maestros son los principales encargados de velar por la educación de sus hijos en la escuela y en el hogar.
De lo contrario, sin importar los recursos dedicados a la enseñanza ni la dedicación de los maestros, será esfuerzo baldío el propósito de lograr una educación de calidad, base esencial para alcanzar también el ideal de una mejor nación para beneficio de todos.
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2013-04-04 22:14:31