EL TIRO RAPIDO
Mario Rivadulla
La información no puede ser más preocupante. Trescientas dos personas condenadas por distintas faltas menores hasta delitos graves, se encuentran en estos momentos prófugos de la Justicia que ignora cuál es su paradero. La mitad exactamente, o sea, ciento cincuenta y uno, han visto revocados los acuerdos a que llegaron con la Fiscalía para evitar la prisión, los cuales han incumplido. Es de imaginar que si se les ofreció esa oportunidad, es porque se trata de delitos menores.
Pero hay otros casos de suma gravedad donde figuran individuos condenados hasta treinta años de prisión por homicidio y porte ilegal de armas de fuego. Otro a 20 años, por la muerte de un comerciante, hermano precisamente de un colega periodista, Angel Valenzuela. Otro más por asociación de malhechores y robo agravado, también a 20 años. Uno que no podía faltar, 20 años por narcotráfico; otro, a 15 años por asesinato y dos por violación al Código del Menor. Todos estos casos y posiblemente algunos más dentro de ese grupo de prófugos, pueden considerarse de alta peligrosidad. Están disfrutando de una libertad que no les pertenece y por ello son doblemente peligrosos.
¿Por qué individuos contra los cuales tenían que existir indicios muy evidentes de culpabilidad por cuanto han sido sancionados a largas penas de prisión, se encontraban en libertad? ¿Bajo qué criterios jurídicos se les concedió ese beneficio, que ahora ellos han extendido de manera ilegal? ¿De qué medios efectivos se dispone y qué posibilidades reales hay de apresarlos antes de que puedan cometer nuevas fechorías?
Son las mismas preguntas que uno se hace con respecto al recién asesinado Copelín, al parecer por su guardaespaldas, El Maestrico, quien a su vez fue ultimado seguramente para llevarse a la tumba el secreto de quien lo contrató para que traicionara a su jefe y compinche.
El propio Jefe de la Policía ha revelado que Copelín dirigía una banda de sicarios a la que se le atribuye nada menos que medio centenar de ejecuciones. ¿Cómo es posible que se encontrase en libertad pese a haber sido sometido en más de una ocasión? ¿Es que a estos crímenes no se les dio seguimiento? ¿No fueron investigados? ¿Es que su expediente como ejecutor a gran escala era desconocido hasta ahora, donde de la noche a la mañana, se establece que era poseedor de esa larga lista de crímenes y que inclusive, estaba preparando una banda de jóvenes para dedicarlos al sicariato?
La ciudadanía se siente asombrada y cada vez más preocupada cuando recibe informaciones de esta naturaleza, que evidencian hasta qué punto se encuentran en libertad y en disposición de cometer nuevos y mayores crímenes individuos que de pronto nos enteramos con justificada preocupación que poseen un largo prontuario delictivo, han sido sometidos en numerosas ocasiones y por la naturaleza de los delitos imputados debían encontrarse tras las rejas purgando largas penas carcelarias.
A algunos jueces se les atribuye ser mano suelta al momento de dictaminar la libertad bajo fianza de imputados en no pocos casos de delitos sumamente graves, sobre todo narcotráfico. ¿Qué criterios priman en el ánimo de los jueces, generalmente interinos, para mostrarse tan benignos y complacientes con elementos de alta peligrosidad? A pocos días de tomar posesión de la Fiscalía del Distrito Nacional, Jenny Berenice Reynoso reveló que había más de ocho mil inculpados en libertad preventiva que no estaban cumpliendo con los requerimientos de la misma, como era el de mantenerse en contacto y bajo control de las autoridades. Son técnicamente también fugitivos. Y uno se pregunta si cuando son reapresados lo que no ocurre con frecuencia, se toma en cuenta ese antecedente al dictar sentencia como elemento agravante. También por qué a las compañías que otorgan fianzas con tanta liberalidad no se les incautan las mismas cuando el afianzado se convierte en prófugo. Quizás cuando eso ocurra, lo pensarán más de una vez al momento de avalar la libertad condicional de un acusado, investigando bien sus antecedentes.
Mientras tanto, la Administración de Justicia continúa siendo casi impunemente burlada, a veces por su propia desidia, tolerancia excesiva y hasta vergonzosa complicidad. Y una cada vez más temerosa sociedad, sufriendo las consecuencias.
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2013-10-02 12:03:05