La paternidad irresponsable no es pecado del presente, viene de muy atrás. Ha sido casi un mal endémico, tanto como pueda resultarlo la corrupción. Pero al igual que esta se ha ido agravando en el tiempo hasta adquirir características muy preocupantes de serio mal social con múltiples implicaciones.
La falta de compromiso de muchos hombres con respecto a la descendencia que procrean se ha ido agudizando cada vez más. Se recuerda que en el país hay un estimado de al menos un cuarto de millón de mujeres que son el único sostén del hogar. Son lo que los psiquiatras llaman familias monoparentales. Han tenido que asumir por sí solas y en la mayoría de los casos la crianza de sus hijos en condiciones de la más extrema precariedad que pueden llegar a niveles de angustiosa miseria. Los padres no aparecen por parte a hacerse cargo siquiera mínimamente de sus obligaciones más elementales. Muchas de estas madres son adolescentes, de una maternidad prematura que posiblemente les viene de herencia de su propia progenitora, embarazada a su vez en edad muy temprana. Es otra expresión de enfermizo machismo. Y por consiguiente, de violencia contra la mujer.
La Fiscal adjunta de la provincia d,e Santo Domingo, Julissa Hernández, revela que cada día en los cinco Juzgados de Paz con que comprende, se presentan como promedio unas 200 demandas diarias por manutención. Es una cantidad impresionante, más de cuatro mil por mes, que aumenta de manera significativa cuando contabilizamos las que se producen en el resto del país. El número nos da una idea de hasta dónde es de grave el problema de los hombres que se resisten a asumir sus responsabilidades pecuniarias con los hijos que han engendrado, no hablemos ya del compromiso moral de su crianza donde su ausencia muestra un vacío tan penoso como aterrador.
No se detiene ahí sin embargo, esta forma de atropello contra la mujer y los hijos procreados durante la relación. La propia funcionaria fiscal llama la atención de que muchas mujeres son golpeadas por los padres cuando les reclaman la pensión alimentaria para sus vástagos, por lo general de muy poca edad. Si decide dejar a su pareja, es frecuente que este las chantajee amenazándola con que no se los va a mantener, como si no les uniera a ellos el vínculo de sangre y de obligación moral.
Un daño adicional pero no menos importante es el no reconocimiento de los hijos, seguramente ante la falsa impresión de que eso les libera de culpa y responsabilidad. El perjuicio es significativo. La propia madre. muchas veces por ignorancia o cualquier otra razón pero casi siempre asociada a un muy bajo nivel de escolaridad y conocimientos, tampoco los inscribe. Crecen sin personalidad legal, hasta que se enfrentan a la dura realidad de que son habitantes, pero no ciudadanos. Privados de sus derechos civiles no puede ejercer ninguna de las funciones propias de los demás ciudadanos: desde contraer matrimonio, obtener cédula y un pasaporte hasta poder adquirir legalmente una vivienda o un pedazo de tierra para trabajar, gozar de derechos laborales y el amparo de la ley, de cobrar un cheque o abrir una cuenta de banco.
Hay que recordar que en esta situación se encontraban cientos de miles de dominicanos hasta que la anterior y actual Juan Central Electoral acometieron la tarea de facilitarles inscripción y cedulación, logrando una significativa reducción de su número.
El tema es de tal amplitud e impotencia que la fiscal Julissa Hernández plantea la creación de una jurisdicción especial para atender los casos de pensión alimentaria que califica de la «Cenicienta» de nuestro sistema de justicia. Tiene razón. Y de orden y urgencia dar los pasos para que deje de serlo.
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2012-11-06 15:22:02