EL TIRO RAPIDO
Mario Rivadulla
De acuerdo a los informes suministrados por el ingeniero Leonel Carrasco, subdirector de la Oficina para el Transporte Terrestre (OPRET), en los primeros seis días que la segunda línea del Metro ofreció servicios promocionales gratuitos, fueron transportados cerca de un millón de usuarios. El funcionario destacó el comportamiento ejemplar de los mismos, siguiendo el patrón de la línea número I que ha servido hasta ahora de ejemplo.
Carrasco, sin ofrecer explicación de las razones, dijo sin embargo que todavía no entrarán en servicio las llamadas rutas alimentadoras que permitirán a los usuarios del Metro quedar más próximos a su destino. Tampoco lo han hecho en la línea número I, inaugurada ya hace más de cuatro años pese a que se había informado que formaban parte del proyecto original.
Ahora bien, las autoridades tienen que estar preparadas para manejar la situación planteada por cientos de choferes del servicio público que han visto disminuido de manera muy significativa el flujo de pasajeros que transportaban habitualmente y que ahora utilizan el moderno sistema. Estos ya han advertido que se lanzarán a las calles parar reclamar del gobierno una solución.
Lo grave en el caso de estos choferes es por un lado, la precariedad de recursos con que se ha venido desenvolviendo el gobierno y que no admite una nueva erogación adicional por vía de subsidio y el cerrado rechazo de los pasajeros a que los quejosos tengan a su cargo las llamadas rutas alimentadoras. Las razones de esta vigorosa oposición sobran: incomodidad, falta de higiene y cortesía y costos del pasaje que han sido tradicionales hasta el surgimiento de esta opción tan diferente que constituye el metro. Motivos todos que debieran servir a los choferes afectados de motivo de reflexión.
La perspicacia del público establece con sobrada razón la diferencia que marcaría el viaje en el moderno sistema y luego por el muy diferente en su perjuicio del complemento que serían las rutas alimentadoras operadas con las mismas características y deficiencias tradicionales que el concho y las voladoras. Esto aparte de que siempre se correría el riesgo de que las exigencias o motivos de descontento de los choferes estarían respaldados por huelgas del transporte o por los famosos y abusivos «paros sorpresa», desnaturalizando los fines que inspiraron la construcción de los metros.
Mal que bien y dejando al margen discrepancias de enfoque técnico y económico de quienes objetaron la construcción de los Metros, lo cierto es que la primera línea ha marcado una gran diferencia en beneficio de los usuarios y hay que procurar por todos los medios que igual ocurra con la segunda.
Tan grave y pernicioso como los apagones es nuestro deficiente servicio de transporte público. Pésimo más que malo, caótico, caro y abusivo en muchos aspectos, la chatarra contaminante que amerita como calificativo la mayoría de los carros del concho y ómnibus que ruedan por nuestras calles constituye una penosa rémora y una constante violación a las más elementales normas del tránsito. A más de ello, un factor de frecuente chantaje y extorsión al gobierno que le sale extremadamente costoso a los contribuyentes.
No puede dilatarse que el gobierno asuma también el tema del transporte público y de carga como un punto de prioridad en su agenda, lo que inexplicablemente casi nunca figura como tema de campaña y ni siquiera aparece en muchas de las encuestas que auscultan los motivo de insatisfacción ciudadana.
No puede esperar mucho más tiempo el que los usuarios del transporte público reciban un servicio ordenado y eficiente, para lo cual tiene que llegar el momento más próximo que demorado en que el gobierno se empantalone y le entre con la manga al codo al problema que representa y que comporta tan elevado costo social y económico, sin ceder ante presiones ni amenazas.
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2013-04-16 04:04:51