EL TIRO RAPIDO
Mario Rivadulla
Con una permanente preocupación por la seguridad ciudadana frente al riesgo que representan los terremotos, el geólogo Osiris de León acaba de expresar una inquietud muy válida. Se pregunta y pregunta a las autoridades si los ingenieros que están a cargo de la construcción de las diez mil aulas que el gobierno del Presidente Medina se ha planteado como meta antes del 31 de diciembre, han sido previa y debidamente instruidos sobre la necesidad de tomar las previsiones necesarias para que puedan soportar fenómenos sísmicos de alta intensidad.
No es un requerimiento ocioso.
De entrada, el ingeniero de León, como señalamos antes, ha mantenido y expresado una continua prédica en este sentido. La advertencia que expresa ahora no es por consiguiente, una acción improvisada y de última hora, sino por el contrario oportuna y saludable así como consistente con su postura de siempre.
Como ejemplo de posibles consecuencias, de León menciona dos casos dramáticos. Uno es el terremoto que Sichuan, en China, que entre los múltiples destrozos que ocasionó hizo desaparecer seis mil escuelas. De geografía mucho más cercana, el todavía reciente seísmo que destruyó gran parte de la ciudad de Puerto Príncipe, con un saldo de víctimas que nunca se ha podido establecer con rigurosa exactitud pero que se hace oscilar entre 250 y 300 mil. En este último, cinco mil escuelas quedaron reducidas a escombros en cuestión de segundos.
Debemos insistir una vez más que nuestro territorio está asentado sobre una franja altamente sísmica. De hecho, especialistas extranjeros han expresado que a su juicio, el que afectó a Haití estaba supuesto a ocurrir de este lado de la frontera. Por suerte para nosotros y de infortunio para los haitianos, no sucedió así.
Pero eso no quiere decir que no estemos expuestos a una tragedia similar. Son frecuentes los movimientos telúricos que, aunque de intensidad moderada a baja, se dejan sentir en distintos lugares del país. En algunos casos, pese a distar mucho del catastrófico del de Haití, distintos edificios y algunas escuelas han resultado agrietadas, sobre todo en Puerto Plata y Santiago.
Fue precisamente a raíz de lo ocurrido en Puerto Príncipe, que cobraron fuerza los señalamientos relacionados con la solidez estructural en nuestro país, de edificios públicos y privados, especialmente hospitales y escuelas, en no pocos de los cuales al parecer no se tomaron las debidas previsiones al momento de ser construidos para resistir un fenómeno telúrico. En esa oportunidad, se divulgó que se había llevado a cabo una auditoría en los planteles escolares públicos que había arrojado como resultado la necesidad de reforzar alrededor de un millar. No sabemos si el trabajo se llegó a realizar y a completar.
Entendido que en el país se adoptó en años recientes una legislación más exigente para regular la construcción de edificios y viviendas conforme a normas que les permitan resistir sismos de alta intensidad. Tampoco sabemos hasta qué punto las autoridades han sido celosas en su aplicación.
Siendo real el riesgo, es sobradamente válido reclamar que esas normas se cumplan del modo más riguroso en el levantamiento de las nuevas aulas. De por medio cuenta la seguridad de maestros, alumnos y el personal que presta y prestará servicios en las mismas.
Es lo que ha planteado el ingeniero Osiris de León, sin que su inquietud haya sido acogida y respondida. Es la misma que endosamos nosotros con el reclamo a las autoridades docentes y a quienes tienen a su cargo supervisar la construcción de las nuevas aulas, de que despejen toda duda en este sentido.
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2013-08-29 05:04:32