El Medio de Comunicacion

Opiniones

MOTIVO DE VERGÜENZA

EL TIRO RAPIDO

Mario Rivadulla

Trece jugadores, todos latinoamericanos, de los cuales ocho dominicanos, fueron suspendidos por el Comisionado de las Grandes Ligas, Bud Selig, bajo el cargo de haber consumido sustancias prohibidas. La sanción en cada caso se extiende a cincuenta juegos, que es la penalidad standard establecida para quienes incurran por primera vez en esa falta. Todos ellos ha aceptado el fallo como bueno y válido y convenido en no apelarlo. No deja de ser un motivo de vergüenza en nuestro caso.

El único que ha anunciado su intención de apelar es Alex Rodríguez, hijo de padres criollos, nacido en Nueva York, cuya nacionalidad siempre ha navegado entre dos aguas: la de quienes prefieren considerarlo dominicano, para tratar de sumar un motivo de orgullo nacional por sus hazañas y la de aquellos otros que, con un criterio más ortodoxo, le niegan esa condición y lo consideran norteamericano. Para él estaba reservada la sanción más severa: suspensión por 211 juegos, aunque inferior a las que llegaron a barajarse, incluyendo la posible irradiación de por vida.

Podrá argumentarse que las sanciones en este caso, focalizadas en jugadores latinos, tiene un tinte racista. De hecho, se han dejado escuchar opiniones en ese sentido. Y quizás hay un ingrediente más o menos fuerte de razón. Se sabe que todavía en parte de la más rancia mentalidad norteamericana sigue primando un componente de discriminación.

Ahora bien, precisamente por ese prejuicio es que el jugador de origen latino, como también el afronorteamericano, tiene que tomar especial cuidado en su actuación dentro y fuera del terreno. Es el caso, por citar ejemplos, de Jackie Robinson, al romper la barrera racial; del cubano Tany Pérez; del boricua Roberto Clemente; de los criollos Rojas Alou, incluyendo Mateo, Manny Mota, Juan Marichal (salvo su incidente con Rosseboro), Pedro Martínez, Rico Carty y tantos otros que con un accionar ejemplar superaron todo obstáculo discriminatorio para dejar huella impoluta de su paso por la Gran Carpa. Ahora mismo, al panameño Rivera, de vida impecable deportiva y privada, le acaban de rendir un homenaje en el terreno comparable al que en su retiro recibieron Babe Ruth, Lou Gerihg y otras contadas luminarias.

Pero en el caso que comentamos y que nos toca tan de cerca, la totalidad de los sancionados a cincuenta juegos han admitido su culpa de manera expresa y hasta pública, como Nelson Cruz, o en forma tácita al renunciar al recurso de apelación. Queda entonces Alex Rodríguez, quien en cambio, asistido de una batería de abogados contratados directamente y de los que suministra el Sindicato de Peloteros que le ha brindado respaldo, intentará lograr un fallo revocatorio a esta sanción con la cual dejaría de percibir una buena suma de millones de dólares.

Quizás el castigo que se le ha impuesto resulte excesivo. Quizás también haya influido su condición de latino. Hasta posible que de una forma u otra, haya puesto su parte la gerencia de los Yankees, a la cual se le atribuye el peor negocio en toda la historia del beisbol de las Mayores con la impensada firma multimillonaria por diez años de un Alex en obvio declive de sus facultades y que pasará de los cuarenta al finalizar el contrato.

Pero, sin embargo, hay una realidad que parece estar más allá de toda duda razonable y es la culpabilidad de Alex Rodríguez en su relación con la clínica Biogénesis, eje de este que se considera el peor escándalo desde que el juez Landis irradió de por vida a ocho jugadores de las Medias Blancas de Chicago, algunos de los cuales tenían madera para ver su nombre inmortalizado en Cooperstown.

En el caso específico de Alex Rodríguez cuentan además del uso de diversos estimulantes prohibidos, el haber intentado encubrir sus violaciones del programa de lucha contra las drogas «incurriendo en una conducta que buscaba obstaculizar y frustrar la investigación».

Hay que tomar en cuenta que ya Alex, durante su primera década de acción, estando con los Rancheros de Texas cuando lució que podía establecer un nuevo récord de jonrones, admitió el uso de esteroides, justificándose en base a su extrema juventud y asegurando que no volvería incurrir en dicha práctica, para la cual todavía no se había establecido un reglamento ni sanciones. Pero es un antecedente en su contra, que le concede calidad de reincidente. Como lo es también la vida privada un tanto disipada que ha llevado a lo Rubirosa, totalmente reñida con la condición de atleta y que sin duda ha apresurado la pérdida de sus facultades como super estrella que fue.

Al margen de cualesquiera otras consideraciones en Alex se repite la triste historia de atletas dotados excepcionalmente, en su caso para el beisbol que pese a su inteligencia, no estaban mentalmente preparados para resistir las tentaciones de la vida fácil y glamorosa que proporcionan la fama y la fortuna.

Como bien le recomendó el veterano editor deportivo de El Día, Hugo López Morrobel, al participar de la charla sobre beisbol en el escuchado programa radial del experimentado y laureado cronista, Franklin Mirabal, más que de abogados y pleitos, lo que requiere Alex Rodríguez es ser asistido por un buen sicólogo que le ayude a reencontrar el camino que perdió hace mucho tiempo antes de finalizar su carrera, a la cual ya le restan muy pocas hojas de calendario.

Penoso. Pero lamentablemente cierto.

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2013-08-07 21:46:17