SANTO DOMINGO.- El empresario Manuel Arsenio Ureña, fallecido este miércoles en Santiago de los Caballeros, sostuvo el 27 de abril de 2006 que el hombre de empresa que no está dispuesto a arriesgar, difícilmente podrá crecer y hacer buenos negocios.
Falleció a los 73 años tras librar una batalla contra un cáncer de páncreas. Había nacido en la comunidad La Guama del municipio de San José de las Matas. Murió a las cinco de la tarde de este miércoles en su residencia en el sector Los Cerros de Gurabo.
Era reconocido como uno de los empresarios más progresistas en el Cibao Central y la zona de la Sierra.
El cadáver de don Arsenio Ureña fue trasladado anoche a la Funeraria Blandino de la ciudad de Santiago, y en horas de la mañana de este jueves será expuesto en la capilla Nuestra Señora de la Anunciación de la Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).
Don Arsenio Ureña fue uno de los empresarios más prósperos de la región del Cibao al lograr constituir el consorcio empresarial Manuel Arsenio Ureña (MAU), S. A., uno de los más grandes en el área automotriz, y Camelia Agroindustrial. El comerciante, como él prefería que le llamaran, estuvo casado con la señora Camelia Rodríguez de Ureña, con quien procreó cinco hijos.
Fue miembro fundador del Plan Sierra, de la Asociación de Mayoristas en Provisiones de Santiago (Amaprosan), de la Asociación de Comerciantes e Industriales de Santiago (ACIS), del consejo de directores de la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santiago (Coraasan), y fue presidente del Banco de Ahorro y Crédito (ADEMI).
A través de sus empresas se convirtió en uno de los principales impulsadores de programas sociales, de construcción de viviendas a familias pobres, becas universitarias, e hizo importantes donaciones a instituciones educativas, culturales, religiosas y barriales de la provincia y la región del Cibao.
Hace pocos días que el empresario permaneció recluido en el Hospital Metropolitano de Santiago, de donde fue enviado a su residencia.
En la conferencia que pronunció el 27 de abril de 2006 en Funglode, refirió que había «enfrentado riesgos y a veces nos ha salido bien otras veces nos ha salido mal, pero el balance es positivo y es lo que nos ha permitido adentrarnos en zonas menos seguras y crecer».
Al pronunciar una conferencia en la «Cátedra de Liderazgo Empresarial FUNGLODE», destacó el papel vital de la austeridad personal en la carrera del éxito. «Muchos empresarios nuevos, o que han heredado empresas, tienden a querer disfrutar de los beneficios antes de producirlos y se descapitalizan ellos y a sus empresas. Muchos pretenden poner un negocio y a los tres días andar montados en su yipeta, o como dicen, «llevándose el mundo por delante». Y refirió que Pepin Corripio dio un ejemplo cuando dijo que tuvo su primer carro a una edad casi madura a pesar de que heredó la empresa de su padre.
Manuel Arsenio Ureña dijo que los empresarios de éxito han sido austeros casi sin excepción. «La austeridad es un requisito necesario para la capitalización. Si no hubiera practicado una austeridad casi franciscana, no hubiera podido juntar el capital inicial limpiando zapatos. Todavía hoy intentamos siempre vivir por debajo de nuestras posibilidades y repartir e invertir lo que nos sobra».
Dijo que la flexibilidad, la capacidad de leer los signos de los tiempos y de adaptarse, es otra de las características fundamentales del éxito empresarial a largo plazo.
A continuación el contenido de la conferencia del empresario Manuel Arsenio Ureña, pronunciada el 27 de abril de 2006 en Funglode:
Comienzo agradeciendo a José Báez Guerrero por su presentación tan generosa. Siempre me gusta adelantarme y aclarar que no soy un académico ni un disertante. Obtuve mi título de grado y de post-grado en la Universidad de la Vida, y entiendo que mi tarea esta noche es compartir parte de lo que me ha tocado aprender en el diario vivir, principalmente en mi quehacer como empresario.
Quiero recordarle a José Báez que cuando él presentó al señor Cisneros en esta sala el pasado mes, dijo en son de broma que después de ese eminente empresario global, orgullo de América Latina, tal vez nadie querría pararse en este podio.
Yo agregaría que hay que tener mucho coraje para ocupar esta tribuna después de don Pepín Corripio y don José León, y por supuesto, después del señor Cisneros. En cuanto a mí, los zapatos de ninguno de los tres me sirven. Son tres pilares del mundo empresarial, a quienes les tengo suma admiración y respeto.
Cuando me invitaron dije sí, porque es un privilegio ser invitado a una institución como esta que en pocos años se ha ganado un prestigio que va más allá de nuestras fronteras, en base a ser una tribuna de calidad para tratar aspectos vitales para el desarrollo de nuestra nación. Es un privilegio muy grande que valoro y recibo con suma humildad. Agradezco al Centro de Estudios de Formación Empresarial de la Fundación Global Democracia y Desarrollo por el gran honor de invitarme a compartir estas vivencias.
Entiendo que este foro se propone servir de tribuna a empresarios que independientemente del tamaño de sus empresas, pueden dar ejemplos de éxito en los negocios y aportar a la identificación de los factores que pueden conducir al mismo.
¿Qué traigo de nuevo a esta tribuna? ¿Qué nos diferencia de los anteriores oradores?
En primer lugar, soy empresario de primera generación. Los eminentes empresarios que me precedieron en la palabra heredaron empresas de sus padres, que fueron verdaderos pioneros. Estos tres destacados capitanes de empresas aprendieron con sus padres el arte de ser empresario. Uno tiene que inclinarse ante ellos por la forma como les han dado continuidad a la tradición familiar.
Constantemente hablo con mis hijos de sus ejemplos. Les pido a mis hijos que aprendan cómo no sólo mantuvieron el nombre de la familia, sino cómo también supieron adaptar las empresas a los tiempos y crecer con las reglas del juego. Y cómo también dedican tiempo a preparar al relevo generacional para que haya una tercera generación que continúe la exitosa tradición de familia, contrario a la creencia popular de que esto no es posible.
Ellos muy bien pudieron haber dilapidado la herencia dedicándose a vivir como ricos. En cambio, trabajaron sin descanso para aprenderse el oficio, ayudar las empresas a crecer, modernizarlas, y competir dentro de las leyes del país y del mercado abierto. Para mí humilde entender, estas son lecciones valiosas para los jóvenes empresarios de hoy y para los que serán en el futuro.
En segundo lugar, el tamaño de nuestras empresas es relativamente modesto. Nuestros activos tal vez no llegan a los 750 millones de pesos. El consorcio nuestro está formado por dos empresas. Una es Manuel Arsenio Ureña CxA, dedicada a distribuir lubricantes, gomas y baterías, y a dar servicios a vehículos de motor. La otra es Camelia Agroindustrial, que produce aguacates, café, macadamia y vegetales para el mercado local y para la exportación.
Pero aún de haber formado estas empresas relativamente pequeñas, esto ha representado el trabajo de toda una vida y de una familia completa. Nosotros comenzamos desde cero y tal vez la primera lección que queremos compartir con los jóvenes de hoy es que el dinero fácil no existe. Esas riquezas relámpago que nos toca ver de vez en cuando, son generalmente fruto de negocios oscuros que por alguna razón terminan mal.
Quiero compartir brevemente la historia de la creación de nuestras empresas; del proceso que nos llevó a que hoy esté hablando desde esta eminente tribuna.
Yo soy de La Sierra, de un campo de San José de las Matas. Cuando tenía catorce años mi hermano Toribio me dio un empleo en Santiago ganando dos pesos semanales en un pequeño negocio de provisiones. Trabajábamos los siete días de la semana, del amanecer al anochecer, excepto los domingos que cerrábamos a la una de la tarde (don Pepín dijo aquí en esta sala que cuando él trabajaba con su papá cerraban el negocio a las dos de la tarde los domingos; una hora más tarde que nosotros).
Esos dos pesos alcanzaban escasamente para mantenerme con austeridad. Forzando la austeridad al límite, «sin comerme un caramelo», como dicen, pude pagar los estudios en la Academia Santiago, donde asistía por las noches después de las agotadoras tareas de un largo día.
La Academia Santiago era en esos tiempos una especie de «Harvard Cibaeño» donde el profesor Antonio Cuello, ese profesor venerable, preparó a tantas generaciones en lo que le llamaba entonces «Contabilidad y Comercio». Ahí aprendí a llevar la contabilidad de un negocio, preparar y a leer los estados financieros y sobre la ética y los principios de los negocios.
Estos conocimientos que cada día valoro más, marcaron mucho mi destino como futuro empresario. Prepararse, aunque sea modestamente, facilita mucho el camino al éxito. Prepararse, sin embargo, no garantiza nada si uno no está dispuesto a aceptar las privaciones que conlleva capitalizarse. Si uno no está dispuesto a practicar la virtud del ahorro.
En las tardes de los domingos, después que salía del trabajo, puse mi primer negocio: compré una caja para limpiar zapatos y trabajé muchas tardes de muchos domingos. Ahorré todo lo que pude y más. Al cabo de unos años logré juntar por encima de mil pesos y aproveché para comprar una casa que vendían con un solar en una esquina del barrio de Baracoa. La alquilé y con los alquileres la acabé de pagar y construí otra al lado que también alquilé.
Sin comerme un dulce, como dicen, dondequiera que veía una oportunidad a mi alcance de invertir algo invertía. Ya casado mi esposa y yo decidimos montar un tarantín en la avenida Valerio, de Santiago. A ese tarantín le llamamos con orgullo «Almacén de Provisiones». La fama corrió de que honrábamos la palabra empeñada, y de que éramos «buena paga». Y aprendimos que esto era un activo de gran valor para una empresa, como muy bien lo dijera don José León.
Nunca habíamos tomado un préstamo bancario. Ni siquiera pensábamos que un banco nos podía prestar. Pero un buen día, arrastrado por la fama, llegó un funcionario del Banco de Reservas a ofrecer una «línea de crédito». Pasó un rato para que yo entendiera de qué se trataba. Esa «línea de crédito» era muy holgada para nuestro nivel de operación y decidimos usarla con suma prudencia, sabiendo que el crecimiento tiene su paso. El crecimiento anormal puede echar a perder un negocio. A nosotros nos llegó a su debido tiempo, pues éste no sólo se basó en posibilidades financieras, sino más que todo en atraer clientes.
Aprendimos desde muy temprano que una empresa es en el fondo una red de relaciones humanas y que según sean esas relaciones, así le irá a la empresa. El respeto a la población que se sirve es un aspecto fundamental que a veces uno no se explica cómo se puede llegar a olvidar con tanta frecuencia.
Respeto la importancia de tener calidad en el servicio que se ofrece y coincido con el principio mencionado por don Pepín en el que: todo negocio debe ser beneficioso para las dos partes.
Por instinto empresarial siempre hemos tenido en cuenta estos principios, desde aquel negocio inicial de lustrar zapatos hasta el moderno centro de servicios para vehículos que tenemos hoy. El buen trato, incluye también a los proveedores, a las demás empresas que nos sirven, e incluso a los competidores.
La relación con los empleados es otro aspecto fundamental. La dependencia que los empleados tienen de la empresa para ganar lo necesario para cubrir sus necesidades, se equilibra con la dependencia de la empresa de sus empleados. Sin empleados no hay empresa y un trato justo al empleado, con deferencia y con oportunidades de superación, es una de las mejores inversiones que una empresa pueda hacer para Asegurar su presente y construir su futuro, como muy bien lo expresara don José León.
En nuestras empresas hemos sido bendecidos con la lealtad de nuestro personal, esto nos parece que se debe al trato que les damos y a la valoración que tenemos hacia ellos, en un marco de reglas y principios.
Construir una empresa exitosa es un trabajo arduo. En este proceso que les cuento, mi esposa Camelia y yo no descansamos, y tampoco nuestros hijos. Todavía hoy en día descansamos lo mínimo. El trabajo incansable no tiene sustituto en el camino del éxito empresarial.
Una vez oí a Monseñor Núñez citar una frase muy verdadera de que «no ha habido un glorioso que no haya sido laborioso». Detrás de los casos de éxito verdadero, está el «haberse fajado», como decimos vulgarmente. Esto incluye a los empresarios grandes y pequeños, incluye a los hombres de ciencia, a los políticos de verdad, y hasta a los peloteros como Manny Ramírez que aún siendo millonario (en dólares) y un fenómeno bateando, sus compañeros se asombran de que practica el bateo en su tiempo libre como si fuera un novato. No es sólo «qué lindo batea ese muchacho».
Detrás de eso hay un trabajo duro de cada día. Si al trabajo incansable se le agrega amor, gusto por hacerlo, entonces se vuelve aún más productivo y una fuente de satisfacción personal. Los tres capitanes de la empresa que han desfilado por aquí, así lo atestiguan.
Uno nunca se puede meter en un negocio que no entienda, como dijo uno de los anteriores expositores. Cuando Camelia y yo iniciamos el negocio de provisiones, ya había habido años de aprendizaje, y en los negocios nuevos hemos aprovechado la ventaja de que ahora se puede aprender más rápido. Sin embargo, en un negocio nuevo, en una expansión, hay siempre muchos imponderables. Uno nunca se las sabe todas y no controla todos los factores. De aquí se deriva que el éxito como empresario, además de la prudencia se requiere la disposición a tomar riesgos. El instinto, los datos, las recomendaciones de los asesores, ayudan, pero no eliminan el riesgo que es una parte inseparable de los negocios, de las inversiones.
Uno no puede «arriesgar la faja» todos los días, como se usa decir en la lucha libre, pero el que no está dispuesto a arriesgar difícilmente podrá crecer y hacer buenos negocios. Nosotros hemos enfrentado riesgos y a veces nos ha salido bien otras veces nos ha salido mal, pero el balance es positivo y es lo que nos ha permitido adentrarnos en zonas menos seguras y crecer.
No quiero dejar de mencionar el papel vital de la austeridad personal en la carrera del éxito. Muchos empresarios nuevos, o que han heredado empresas, tienden a querer disfrutar de los beneficios antes de producirlos y se descapitalizan ellos y a sus empresas. Muchos pretenden poner un negocio y a los tres días andar montados en su yipeta, o como dicen, «llevándose el mundo por delante». Don Pepín nos daba un ejemplo cuando dijo que tuvo su primer carro a una edad casi madura a pesar de que heredó la empresa de su padre. Los empresarios de éxito han sido austeros casi sin excepción. La austeridad es un requisito necesario para la capitalización. Si no hubiera practicado una austeridad casi franciscana, no hubiera podido juntar el capital inicial limpiando zapatos. Todavía hoy intentamos siempre vivir por debajo de nuestras posibilidades y repartir e invertir lo que nos sobra.
La flexibilidad, la capacidad de leer los signos de los tiempos y de adaptarse, es otra de las características fundamentales del éxito empresarial a largo plazo. Nosotros crecimos en base a nuestros principios y dentro de las reglas del juego. Nos convertimos en un comercio mayorista de primera línea. Pero siempre leyendo los signos de los tiempos.
Por un lado presenciamos el surgimiento de INESPRE, lo cual nos pareció muy bueno en su debido momento. La intención no pudo ser mejor porque buscaba garantizar precios más rentables para el productor agrícola y precios más justos para el consumidor, lo cual beneficiaría a los pobres. Esta especie de magia la haría INESPRE eliminado las fluctuaciones en la oferta a través del almacenamiento y la eficiencia en la distribución. Pero nos dimos cuenta que esta idea justa, con el tiempo marcaría el final del negocio de mayoristas de provisiones porque no se puede competir con el Gobierno. Por otro lado presenciamos el inicio del modelo de supermercados que haría cada vez menos necesario el negocio mayorista. Comenzamos a diversificar.
Vimos que el número de vehículos y máquinas pesadas crecía constantemente y estimamos que esta tendencia iba a seguir. Nos dimos cuenta que ahí había una oportunidad y empezamos tímidamente a movernos en esa dirección para aprender del oficio. En relativamente poco tiempo, estábamos de lleno en el ramo de lubricantes, gomas y baterías, y dejamos atrás y a tiempo el negocio de provisiones. Más reciente agregamos un centro moderno de servicios a vehículos.
Me acuerdo que don Pepín Corripio se refirió a empresas de su propiedad, en los medios de comunicación, que brindan un servicio público importante pero que no son necesariamente tan rentables. Nosotros compartimos plenamente este sentido de la responsabilidad social.
Somos de raíces agrícolas. Somos de los dominicanos que creemos en la necesidad de que se cultive la tierra; de que la tierra sirva para crear fuente de empleos y para producir divisas. Contrario a los consejos de tantos amigos que saben de negocios, nos metimos en producir aguacates que exportamos a Estados Unidos y a Europa. Nos metimos a producir guineos también para exportación y también entramos en la producción de café y de vegetales para el mercado nacional. Fuimos pioneros en la siembra de macadamía en la Sierra y también tenemos plantaciones de caoba, más con ánimo de reforestar que de hacer negocio. Hoy estamos asociados con una firma nacional que procesa la macadamia que producimos.
Estas son el conjunto de actividades productivas que componen a la empresa Camelia Agroindustrial. No podemos decir que estas actividades agrícolas compiten en rentabilidad con los otros negocios, pero hemos recibido la satisfacción de poner a producir la tierra para que haya más trabajo y el país exporte más, aunque ganemos menos.
Este último comentario nos adentra de lleno en el tema de la responsabilidad social. No basta con ser exitoso si el producto del éxito no se comparte con los más necesitados; con los que no han tenido el privilegio que nosotros hemos tenido.
Un aspecto que se resalta en las historias que compartieron estos tres exitosos empresarios fue el sentido de responsabilidad social de ellos y de sus empresas. Los tres casos, cada uno con sus diferencias, son ejemplos del sentido de responsabilidad social empresarial. Este sentido parte de un principio ético de los que lideran la empresa.
Seis años después de haberse iniciado nuestro negocio de la Avenida Valerio, Camelia y yo decidimos que íbamos a alfabetizar a nuestra comunidad de origen en la Sierra. En ese momento era una locura porque necesitábamos cada centavo para poder capitalizarnos y seguir creciendo. Lo hicimos gracias en parte a la disposición de mucha gente que nos ayudó, incluyendo a las autoridades locales. Pero no nos detuvimos ahí. Seguimos con la alfabetización del municipio de Jánico, mediante un sistema de tutores. Jánico llegó a ser el primer municipio del país totalmente alfabetizado.
Recientemente, hemos estado apoyando programas de alfabetización en el Sur del país a través de la Diócesis de San Juan y ADESJO la Asociación en San José de Ocoa del Padre Luís Quinn. Descubrimos que alfabetizar a un dominicano cuesta menos que una cena en un restaurante de segunda categoría. No hay razón para que no ayudemos.
Más allá de la alfabetización, nosotros estamos apostando a la educación. Hemos tenido por años un programa de becas en varias universidades del país para jóvenes de la República Dominicana y Haití, sabiendo que nuestro destino como nación está en cierta forma ligado a lo que pase en nuestro vecino país. Los becados nuestros han sido jóvenes meritorios y sin recursos, mucho de los cuales ya están aportando su contribución al desarrollo.
A través del Plan Sierra, al cual hemos apoyado por más de 20 años, hemos comprado tierras abandonadas para asentar familias pobres que se han convertido en pequeños empresarios agrícolas. También hemos contribuido sustancialmente al programa del Plan Sierra de la vaca familiar y a un sinnúmero de otras actividades en beneficio de los más necesitados.
Nuestro compromiso para cumplir con la responsabilidad social que nos corresponde ha sido siempre al límite de afectar el funcionamiento de nuestras empresas. Pero la satisfacción ha sido grande.
No sólo hemos apoyado a obras sociales, también hemos prestado nuestro tiempo y nuestra experiencia gerencial a instituciones públicas y privadas de servicio público. Por ejemplo, nos tocó presidir el Plan Sierra y la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santiago, entre otras instituciones.
Hago este recuento no porque quisiéramos que se reconozca el esfuerzo de una empresa mediana, en el área de la responsabilidad social. Hago el recuento para enviar un mensaje de que no importa de qué tamaño sea la empresa, siempre es posible cumplir con una cuota de responsabilidad social. El éxito empresarial no puede ser calificado como tal si no se ha cumplido con la cuota de responsabilidad social que nos toca.
Ahora quiero referirme a otro aspecto. La Fundación Global Democracia y Desarrollo debe ser felicitada por la iniciativa de organizar el Centro de Estudios de Formación Empresarial. La pobreza y el desempleo son males gemelos que siguen afectando un largo número de familias dominicanas. El desarrollo empresarial es a nuestro entender una manera sabia de enfrentar la pobreza.
El presente Gobierno ha logrado el casi milagro de restablecer el crecimiento económico, el equilibrio macroeconómico y la confianza en la economía del país. Por esto ha sido justamente reconocido en los ámbitos internacionales.
En el país, sin embargo, a veces se escuchan quejas en la calle de que la recuperación de la economía y de la confianza en los procesos económicos, no se reflejan proporcionalmente en el alivio de la pobreza. Sabemos que hace falta tiempo, pero también es difícil pedirle paciencia a quien no tiene con qué satisfacer las necesidades básicas de su familia.
Algunos aseguran que el débil impacto del crecimiento en el alivio a la pobreza tal vez pueda ser por el tipo de crecimiento que ha traído en parte el proceso de globalización.
Éste por supuesto no es mi campo y estoy repitiendo cosas que les he escuchado a los técnicos. Ellos dicen que los sectores que negocian capitales crecen mucho más que los que tienen que ver con la producción de bienes. Este tipo de crecimiento tiende a concentrar riquezas.
El otro día nos tocó referir un comentario sobre China en el que habíamos escuchado, que su crecimiento asombroso no se basaba en los movimientos de capitales, ni en la comunicación, sino en que los chinos se concentran en producir masivamente. El que produce consume y crea un mercado que a su vez produce más trabajo.
Es cierto que la inversión extranjera tiene un papel preponderante en aumentar la capacidad en el país de crear riquezas. Pero también es cierto que unos de los sectores más dinámicos en la creación de empleos en los últimos años han sido el Sector Informal y el sector de la pequeña y mediana empresa. El Banco ADEMI, que por una de esas vueltas que da la vida me toca presidir, es testigo de la capacidad emprendedora del dominicano.
Al dominicano común lo que más le gusta es un «negocito». En esos negocitos se encuentra mucho talento empresarial que se puede cultivar y apoyar para ayudarlos a pasar a otra escala. Banco ADEMI no sólo ha confiado en esa gente para prestarles, sino que les ofrece asesoría técnica y la respuesta ha sido una lista de casos de éxito que se cuentan por miles.
Gente que ha crecido y gente que ha cumplido fielmente con los compromisos financieros. Muchos de ellos ya son grandes empresarios, excelentes creadores de empleos.
Un economista, cuyo nombre no recuerdo, decía que el desarrollo requiere identificar a la gente con talento empresarial y apoyarlas. Pero yo me atrevería a decir más. Yo creo que hay necesidad de estimular el desarrollo del talento empresarial en los jóvenes y de enseñarles el oficio de ser empresario. Esta serie de conversaciones como la de hoy y las tres pasadas, pueden ser un gran aporte en esta dirección.
Quiero terminar repitiendo lo que han dicho los demás oradores. Quiero resaltar la importancia de la familia. Un tema que a veces se piensa que está pasado de moda. Si he tenido éxito en la vida como empresario, en gran medida se lo debo a mis padres. De ellos no heredé empresas, no heredé bienes materiales, pero ellos me enseñaron el amor al trabajo, el respeto a la palabra, y la obligación de compartir, así como el sentido de la austeridad. Sin esos atributos no creo que estuviera hoy dirigiéndome a ustedes. Mi esposa y yo hemos tratado de inculcarles esos valores a los hijos y creemos que ellos van a garantizar la continuidad de nuestras empresas, con dinamismo y con mayor sentido de responsabilidad social.
Publicada en Diario Dominicano el 28 de abril de 2006.
2012-04-19 05:56:12