EL TIRO RAPIDO
Mario Rivadulla
La crisis eléctrica, los apagones, no son un mal de la presente, ni de la anterior Administración, ni de las previas a ella. Es una situación que venimos arrastrando por espacio de más de cuatro largas décadas. Que le ha representado cuantiosas pérdidas al país y un monto mucho mayor por el atraso que ha significado para nuestro desarrollo económico. Pero que, además, en los últimos cinco años ha requerido de un subsidio que totaliza más de cinco mil millones de dólares. Ha sido como un dinero botado en el mar.
No una inversión, que pudiéramos haber dedicado precisamente a mejorar de manera sustancial el suministro de energía, sino un gasto sin retorno para apuntalar paradójicamente una crisis que se ha ido acentuando cada vez más, sumando cuantiosas pérdidas para la Corporación Dominicana de Empresas Estatales de Electricidad, cientos de millones de dólares en deudas acumuladas con los suplidores de energía y una matriz de generación costosa, obsoleta en la medida que envejeciente y un sistema sostenido a duras penas, con parches y retazos, imposibilitado de brindar un servicio estable y eficiente.
Ahora el gobierno del Presidente Danilo Medina está enviando señales claras de que está animado de una firme voluntad política para entrarle al problema con la manga al codo. Obviamente, el primer paso, aún cuando no el único, para emprender el camino de la solución, es disponer de una mayor y más barata producción de energía. Es por donde está orientada ahora mismo la estrategia del gobierno manifestada a través de la Corporación, con la convocatoria pública para la construcción de dos plantas de generación a carbón mineral de 300 megavatios cada una, que acaba de librar su Vicepresidente Ejecutivo, Rubén Jiménez Bichara, que dicho sea de paso es uno de los funcionarios de mayor confianza del Presidente Danilo Medina.
Paralelamente se está preparando el escenario para montar en Manzanillo una tercera planta a gas natural que produciría 500 megavatios de electricidad mucho más limpia y barata, si bien requiriendo una inversión estimada en mil millones de dólares comprendiendo las facilidades portuarias e infraestructura requeridas para recibir los embarques de dicho combustible.
Hay, por otra parte, un creciente interés en aprovechar los recursos naturales del país para producir electricidad: rehabilitar y ampliar el sistema de presas, utilizar el sol, el viento y hasta la posibilidad de las olas del mar. De hecho, ya contamos en el Sur con el primer parque eólico de toda la región del Caribe. Promovido por Vicini y Ege-Haina, Los Cocos, aporta más de cien megavatios de la energía más limpia y barata, mientras se avanza en la instalación del que lleva el nombre del ido a destiempo ex director del IAD, Quilvio Cabrera.
Son planes importantes para ampliar y diversificar la matriz energética, en cuyo desarrollo se espera y es lo deseable, que el sector oficial y el privado marchen de la mano por la importancia que revisten tanto desde el punto de vista social como económico.
Hay que insistir por lo claro que así como no podemos pensar en términos de bienestar sin una educación de calidad, tampoco será posible impulsar el progreso de la nación si no contamos con más y mejor capacidad de generación: de más bajo costo y en capacidad de garantizar un suministro estable y a precios competitivos.
Vale aclarar una vez más, sin embargo, que no se trata de planes milagrosos que vayan a terminar los apagones de la noche a la mañana. Construir esas plantas, probarlas para ponerlas a punto y que entren en servicio es todo un proceso laborioso que tomará hasta el 2015 o el 2016, casi al término de la presente Administración.
De resultar así, será uno de los legados de mayor trascendencia que dejará la gestión del Presidente Danilo Medina.
De esperar que lo logre por el bien del pueblo dominicano que vería resuelto así uno de los peores males que lo aquejan y viene arrastrando casi por medio siglo y el país una seria retranca en su desarrollo.
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2013-05-15 05:05:43